VÍDEO: L. M. L. FARRACES / J. E. LORING
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Sábado
, 22-05-10 a las 09
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Los aledaños del Santiago Bernabéu ya parecen un auténtico bazar. Faltan todavía algunas horas para que empiece el gran partido, la final de la Liga de Campeones, pero en torno al coliseo madridista se arremolinan ya cientos de aficionados de Inter de Milán y Bayern de Munich, en busca de una entrada de última hora. Los precios alcanzan magnitudes delirantes. Hasta mil euros está pidiendo la reventa por una localidad, el doble que ayer.
En un mediodía normal, las proximidades del estadio son un hervidero de oficinistas en busca de almuerzos apresurados. Hoy, víspera del partido del año, la cosa es diferente. No hay oficinistas, sino una cosmopolita concentración de gentes con un objetivo prioritario: uno de los billetes que den acceso al estadio. En Concha Espina hoy se escuchan muchos idiomas, el italiano, el alemán, e incluso el japonés de algún equipo de televisión desplazado desde el lejano país asiático. Español, también hay claro. Lo ponen los reventas. Es este un negocio de momento monopolizado por los autóctonos de la ciudad organizadora. Por doquier puede verse a individuos interesados en el trapicheo de entradas. ¡Compro entradas! y ¡vendo entradas! son los mensajes más repetidos. Pese a que se anunció severidad para atajar este mercado paralelo, no parece que quienes se lucran con ello estén por ahora demasiado preocupados.
Los italianos en Azca, los alemanes en el Parque de BerlínDesde la zona de Azca, donde se ha instalado la zona para recreo de los fans del Inter de Milán, hasta el estadio ha llegado Paolo. Ha viajado desde Lecce a Madrid y no tiene entrada. Pero como él dice, «No voy a pagar mil euros por una entrada, si gano ochocientos al mes». Se da por satisfecho con la amplia oferta de bares con televisión existente en Madrid y, sobre todo, con que su equipo se alce finalmente con el título. Para él, según explica, lo importante es vivir de cerca este momento histórico.
Como loco por una entrada anda igualmente Enzo. Siciliano, seguidor del Inter, dice que no hay mejor lugar para proclamarse campeón que el Bernabéu. Está tan feliz Enzo caminando por un Madrid que le ha recibido con su cara más primaveral, que no quiere ni hablar de la posibilidad de que Jose Mourinho, el entrenador que ha devuelto al equipo de sus amores a la élite europea, acabe dirigiendo al Real Madrid. «Moratti paga bien», zanja.
Los alemanes también son ya multitud en Madrid. En el Parque de Berlín tienen su cuartel general. Allí está su zona de fans, aunque entre ellos hay algún crítico con la organización. Es el caso de un joven que lamenta que no se haya instalado una pantalla gigante para seguir el partido desde los recintos que se han habilitado para los hinchas. «Es estúpido», asevera enojado mientras protege su palida piel de la solana madrileña. Su irritación menguaría si consiguiera una entrada.
También hay hinchas del Bayern que aplacan la frustración por carecer de entrada con la compra de toda clase de productos de mercadotecnia en las tiendas oficiales que ha dispuesto la UEFA. Es el caso de Thomas, un cuarentón que se ha dejado varios centenares de euros en la compra de bufandas, banderines, gorras y demás souvenirs conmemorativos de la final madrileña. «Son para la familia que se ha quedado en Leipzig», nos cuenta, antes de recostarse junto al amigo que le acompaña a disfrutar del verde, el sol y una cerveza fría en el Parque de Berlín. Sólo le sobra la camiseta. No tarda en quitársela.
El Ayuntamiento ha estimado en cincuenta millones de euros los ingresos que le reportará a la ciudad la celebración de la final de la Liga de Campeones, uno de los principales eventos deportivos del año. Aunque esto no parece consolarle a una de las ancianas vecinas de la zona donde se solazan los hinchas alemanes. Teme que dejen el Parque de Barlín, su parque, en un estado «horroroso» y además rezonga porque no juege «ni siquiera juega el Real Madrid». Nunca llueve a gusto de todos.
