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Domingo
, 23-05-10 a las 10
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Vicente del Bosque se ha convertido en el abanderado de la ilusión que invade a todo el país ante la posibilidad de que la Selección Nacional gane, por primera vez, un Mundial. Del Bosque, 59 años, prototipo de castellano viejo, salmantino sobrio y noble como las encinas de su tierra que clavan las raíces en el fondo de los siglos, porta la bandera de la ilusión para lograr que España se alce victoriosa en el Mundial de Suráfrica.
Después de casi dos años al frente de la Selección, de «la roja», el técnico charro vivirá por primera vez un Mundial en su carnes, en esta ocasión con el añadido de ser objeto de todas las cámaras y los focos. En los honores de su carrera faltaba estar presente en algún Mundial. Como jugador tuvo esperanza de ser convocado para el de Argentina, pero al final, el seleccionador Ladislao Kubala lo descartó de la lista, decisión que sumió a Del Bosque, entonces centrocampista del Real Madrid, en una de las mayores decepciones sufridas como jugador.
Después de casi dos años al frente de la Selección, de «la roja», el técnico charro vivirá por primera vez un Mundial en su carnes, en esta ocasión con el añadido de ser objeto de todas las cámaras y los focos. En los honores de su carrera faltaba estar presente en algún Mundial. Como jugador tuvo esperanza de ser convocado para el de Argentina, pero al final, el seleccionador Ladislao Kubala lo descartó de la lista, decisión que sumió a Del Bosque, entonces centrocampista del Real Madrid, en una de las mayores decepciones sufridas como jugador.
Hombre sereno y con talante, que sabe sujetar las riendas de las emociones, siempre se mantuvo fiel a su estilo y a su personalidad. El mismo con el que comenzó a destacar siendo un niño en diferentes equipos de su Salamanca natal. De ellos dio el salto al Salmantino, filial de la Unión Deportiva Salamanca, para convertirse en una referencia del equipo. La calidad de la que hacía gala su juego no pasa inadvertida y le abre la posibilidad de disputar varios amistosos con el primer equipo, en el viejo campo del Calvario. Pero sobre todo hubo alguien que se fija en sus condiciones y de ellas intenta convencer al Real Madrid. Se trata de un curioso personaje llamado Antonio Martiño «Toñete», ojeador del club blanco en la capital charra que hace de introductor suyo en el conjunto merengue.
Era todavía un adolescente cuando marcha a la capital para trazar los primeros pasos de su gran obra deportiva, en días en los que alterna su pasión futbolística con los obligados estudios de bachillerato y, más tarde, los de Magisterio. Aunque cada vez iba ganando el pulso el balón. Sobre todo a raíz de sus cesiones al Córdoba y al Castellón, en éste equipo por dos ocasiones, que fueron el salvoconducto para curtirse y regresar ya al primer equipo blanco. A aquel Real Madrid hecho a medida del mítico don Santiago Bernabéu.
Lejos del hogar familiar en el que se había criado en el salmantino barrio de Garrido, cuando comenzó a enarbolar los primeros éxitos futbolísticos nunca olvidó sus orígenes y, cada día, esperaba la llamada de su familia. Así evoca aquellos tiempos: «En aquel barrio de Garrido y de Bermejo vivían muchos ferroviarios, por la cercanía con la estación del tren. Entonces recuerdo que todos los chavales teníamos a un ídolo que era el torero Santiago Martín «El Viti», un salmantino universal, que a mí desde niño me cautivó. Hace unos años nos encontramos y hemos hecho una gran amistad. El Viti es un gran hombre en el que me gustaba mucho fijarme».
El recuerdo del padre
Esa familia fundada por el señor Fermín y la señora Carmen supo educar a sus dos hijos —Vicente y Fermín (quien murió en plena juventud)— con el blasón de la honradez, la honestidad y el trabajo. Fruto de ello es la reverencia que guardó siempre Vicente del Bosque a la figura de sus progenitores, a quienes les tocó vivir épocas marcadas por la dureza. Sobre todo el padre, que era factor de la vieja Compañía de Ferrocarriles del Oeste de España y cuando estalló la insurrección del 18 de julio de 1936 sufrió la represión por sus ideas contrarias al nuevo régimen. Fue apartado de su trabajo y represaliado en un campo de concentración cerca de Munguía. Afortunadamente, el señor Fermín pudo salvar la vida y, al cabo del tiempo, reemprender su actividad laboral: «Mi padre era una persona excesivamente responsable, cabal y sin dobleces, marcado todo él por la nobleza. Era el empleado ideal. Primero en la compañía ferroviaria y después de encargado de una empresa de material de construcción y administrativo en La Casera. Era un hombre de buenas ideas. Demasiado radical en muchos asuntos. A su generación le tocó sufrir mucho, vivió una guerra, después la cruel posguerra. Nuestro padre nos contaba sus experiencias en la cocina, siempre marcado por aquellas vivencias. Era un hombre recto», recuerda.
Pasa el tiempo y Vicente teje su leyenda como brillante jugador gracias a su toque preciso y su juego académico, junto a su facilidad para hacer gol, caudal que se fue secando a medida que pasaban los años, al imponerle los sucesivos técnicos que jugara más retrasado. Entonces, siempre se fijaba en nombres señeros, sobre todo en ese ángulo mágico que formaban Grosso, Pirri, Amancio...
Su carrera no fue un camino de rosas y, con regularidad, debe superar inoportunos obstáculos. Algunos anecdóticos, como cuando don Santiago Bernabéu, tan enemigo del pelo largo y los bigotes se mostró contrario a la melena a la moda que lucía el salmantino, aunque, a diferencia de lo que había hecho tiempo atrás con otros futbolistas, como Rafael Lesmes (a quien le obligó a rasurarse el bigote), con Vicente ya era una época distinta y acabó levantando la mano: «Es un muchacho muy honrado, disciplinado y buena persona», dijo entonces para justificar a sus íntimos su concesión a los pelos largos. Más dura fue la hiriente mofa que le hizo el técnico Miguel Muñoz cuando en un entrenamiento le increpó: «¡Vamos a ver el de Salamanca, que tiene un culo que se parece al de doña María!» (en referencia a la esposa de don Santiago Bernabéu). Luego, Del Bosque aprendió mucho de Muñoz y éste sentía un afecto especial por la entrega y calidad de la que hacía gala su jugador.
A medida que se adaptaba al Real Madrid y que iba cumpliendo sus sueños de triunfar comenzó a conocer también a quienes marcarían su carácter. Como el señor Miguel Malvo, que era la máxima autoridad de la cantera blanca. O Luis Molowny, leyenda canaria que brilló como jugador y entrenador madridista y quien siempre quiso a Vicente como a un hijo. O los grandes amigos que hizo entre sus compañeros, como sus íntimos Mariano García Remón y José Antonio Camacho, con los que forma piña. Porque Vicente, aunque sea un hombre parco en palabras y de escasa simpatía, siempre se hizo querer por la nobleza de la que hacía gala y la bondad de su carácter. Y ahí han quedado los nombres de su época, desde los más veteranos hasta la llegada de la Quinta del Buitre, desembarco que coincidió con su salida del club. Todos alabaron al que fue su compañero: los Velázquez, Grosso, Amancio, Santillana, el malogrado Juanito, Isidro, Pirri, Gallego, Ángel de los Santos, Gregorio Benito, Pineda, García Hernández, Sanchis…: «Entre las distintas etapas que he vivido en el Real Madrid, la de futbolista es la que más me marcó. Tantos años en el equipo marcan. Ha sido un orgullo defender ese escudo».
Pasa el tiempo y, cuando finaliza la temporada de 1984, le llega el momento de colgar las botas. Entonces, con todo el futuro por delante, se prepara para lograr el título nacional de entrenador, y se queda en el Real Madrid, donde trabaja de ayudante de entrenador, técnico del Real Madrid B (entonces el Castilla) y coordinador de la cantera, una responsabilidad que le encantaba y en la que siempre se ha sentido muy feliz. Sin olvidar las dos veces que tuvo que hacerse cargo del banquillo tras la destitución de los respectivos técnicos. En ambas ocasiones de carácter provisional, para regresar después a seguir manejando la batuta de su querida cantera.
La llegada al banquillo blanco
En la temporada 1999-2000, las cosas no marchaban bien en el Real Madrid y, ante los malos resultados, se optó por destituir al técnico galés John Benjamin Toshack. Vicente es llamado de nuevo por la vía de apremio al banquillo para acabar la temporada, como ya le había sucedido en las dos ocasiones anteriores. Pero, ahora, el éxito llamará a su puerta. Vicente aúpa a un equipo caído, conquista la Champions tras ganar al Valencia en París. Un triunfo que le sirve para ser renovado, de manera unánime, por la junta directiva que preside Lorenzo Sanz y que le habilita para permanecer en el cargo otras tres temporadas plenas de éxitos para el club. Por medio, hubo elecciones que perdió Lorenzo Sanz. Llegó el desembarco de Florentino Pérez quien, ante el reconocido hacer, le mantiene en el cargo, aunque nunca ocultó que buscaba otro nombre para el banquillo. En la nueva etapa se consigue otra Champions, la «novena», en 2002, que se sumó a los importantes galardones que ya había conseguido y que faltaban por llegar. Como dos Ligas (2001 y la polémica de 2003). Una Supercopa de España (2001). Una Supercopa de Europa (2002) y una Intercontinental (2002).
Sin embargo esa hoja de éxitos envidiada por todos, inmaculada y sin una mancha, no impide que el día de San Juan de 2003, la junta directiva que preside Florentino Pérez decida la no renovación de su cargo... pese a ganar un campeonato de Liga. A la polémica se suma que la inesperada decisión le fue comunicada en la frialdad de un pasillo y lejos del respeto que se merecía quien ha sido el entrenador más laureado del fútbol español, después de Miguel Muñoz. Y quien era un hombre que llevaba más de tres décadas dedicadas de manera total y absoluta al Real Madrid: «Llegué en 1968, con 17 años. En el Real Madrid me he formado, me he criado, he aprendido lo que es la vida. Llegué de meritorio, de chaval que quería ser futbolista sin saber si podía serlo o no; luego fui cedido al Castellón, al Córdoba, conocí otros vestuarios, un aprendizaje duro, después once años como profesional, entrenador, veinte años en la Ciudad Deportiva, otra vez entrenador...».
Por esa razón nadie se explicaba por qué le echaban por la puerta falsa. Una injusticia que no dejó de pagar el conjunto blanco, cuyas vitrinas dejaron de recibir nuevos trofeos: «Fueron unos momentos muy tristes por las formas... en la soledad de un pasillo y sin decirlo quien lo tenía que decir».
De la aventura turca a la selección
Como para justificar aquella sucia jugada, a Del Bosque se le acusó de que su estilo era contrario al del Real Madrid e, incluso, se dijo que su aspecto físico tampoco era el demandado por el club. El caso es que, desde entonces, el conjunto blanco no volvió a conocer los días de gloria que le dio Del Bosque. Vicente se convirtió en un hombre querido, en la referencia que añoraban los seguidores del Real Madrid y en el gancho de los distintos aspirantes a la presidencia. Técnico popular y hombre solidario, especialmente sensibilizado por tener un hijo, Álvaro, con síndrome de Down.

En 2004 cuando Luis Aragonés sustituyó a Iñaki Sáez al frente de la Selección Nacional sonó con fuerza el nombre de Del Bosque, aunque al final se decantaron por el técnico del distrito madrileño de Hortaleza, quien llevó a «la roja» al éxito continental en la Eurocopa de Austria y Suiza, lo que puso fin a su periplo, también con cierta polémica.
Era el mes de julio de 2008 y con el éxito caliente de la Eurocopa, Vicente del Bosque firmó su compromiso con la Selección en la ciudad del fútbol de Las Rozas. Comenzaba su nueva época en un puesto que parecía hecho para él y donde los sucesivos triunfos aventaron todas las ilusiones de la afición que espera, impaciente, otro éxito de «la roja». Sin embargo, el nuevo invento de la Copa de Confederaciones fue una lección de humildad para demostrar que los grandes y poderosos también pierden, como sucedió a la española con una selección teóricamente asequible, como es la de Estados Unidos: «No podemos negar que, al ser campeones de Europa y acumular tantos partidos saldados con victorias, es lógico que nos señalen como futuros campeones, pero sabemos interiormente que tenemos rivales muy fuertes enfrente, como Argentina. Nos espera un torneo muy duro. Entiendo las expectativas de la afición, pero hay que tener cautela. Todo el mundo en España piensa que esto es o ganar el Mundial o el fracaso. Eso es un extremismo sin ningún sentido, pero bueno... estamos en una época en la que el extremismo es lo que vende», señala.
El técnico salmantino, que recientemente acaba de ser distinguido en su tierra con el Premio Castilla y León del Deporte, se muestra muy cauto. Intenta frenar la euforia y sujetar las riendas de las emociones. Consciente de que la empresa es muy difícil, pero de la que nunca se dará por vencida esa selección que dirige este castellano puro, salmantino sobrio y profesional pundonoroso.







