El Mundial de Meazza y Mussolini
Giuseppe Meazza marcó el gol que eliminó a España en partido de desempate en el Mundial de 1934 / ABC
Publicado Martes , 08-06-10 a las 10 : 29
Giuseppe Meazza y Benito Mussolini fueron los héroes del Mundial de 1934, marcado por la propaganda fascista y la ausencia de Uruguay como defensora del título. No hubo mayores sorpresas en el torneo organizado por los italianos que, por supuesto, conquistaron los anfitriones. La «squadra azzurra» levantó la Copa del Mundo el 11 de junio de 1934 gracias aun gol de Schiavio en la prórrogade la final frente a la selección checoslovaca. Sobre el césped, el líder de los italianos fue Giuseppe Meazza, que hoy da nombre al principal estadio de Milán, su ciudad natal. El futbolista, conocido por sus compañeros como «Peppino», era toda una garantía de gol.
Meazza fue un futbolista precoz. A los 14 años disputaba en las filas del Inter el torneo juvenil y tres años más tarde pasó a formar parte del primer equipo, que cambió su nombre por «Società Sportiva Ambrosiana» a petición de «Il Duce». Giuseppe se convirtió rápidamente en la imagen del equipo gracias a sus goles, siendo tres veces máximo goleador del campeonato italiano. La llamada de la «azzurra» no se hizo esperar y en 1930 debutó como internacional marcando dos goles a Suiza.
Sin embargo, no todo fue fácil en la carrera de «Peppino». Hijo de una humilde frutera y un soldado que falleció en la Primera Guerra Mundial, tuvo problemas disciplinarios. Se dejaba ver en múltiples fiestas nocturnas de Milán y dormía pocas horas, pero luego era capaz de tumbar a cualquier defensor que se le pusiera delante. Por ello, Vittorio Pozzo siempre confió en él para la selección nacional: «Tenerlo en el equipo significaba empezar el partido con 1-0», llegó a asegurar.
Meazza elimina a España
España sufrió el «efecto Meazza» en los cuartos de final de aquel Mundial. La selección de Zamora, Quincoces y Muguerza se jugaba con los locales un puesto en las semifinales en el «episodio central del Campeonato del Mundo». El jueves 11 de mayo de 1934 la selección española logró empatar frente al cuadro local en un encuentro que «España pudo haber ganado con otro árbitro», según la crónica de ABC.
Al día siguiente se disputó el partido de desempate, en el que Meazza marcó el tanto del pase italiano a semifinales: «Un corner lanzado por Orsi, muy cerrado, que Meazza remató limpiamente con la cabeza». A pesar de la eliminación, «el equipo rojo dejó una impresión extraordinaria, profundísima» en su primera participación en un Campeonato del Mundo.
«Tenían los españoles que perder este partido, y ya han conseguido los italianos la victoria», explicaba Jacinto Miquelarena en la crónica de la eliminación española. Y es que los arbitrajes de los dos partidos entre España e Italia fueron muy sospechosos: «Nos han birlado el partido», llegó a lamentar el guardameta Ricardo Zamora. Tras eliminar a España, Italia venció a Austria en semifinales en otro polémico partido tal y como reflejó ABC: «La selección italiana repitió su violentísima actuación para eliminar a Austria, del mismo modo y por la misma diferencia que a España».
A la medida de «Il Duce»
No podía ganar otra selección que no fuese Italia. Para asegurarse el éxito, la «azzurra» ojeó al resto de selecciones por Europa e incluyó a seis jugadores extranjeros entre sus convocados. Raimundo Orsi, Enrique Guatia, Luis Monti y Attilio Demaria fueron antes internacionales por Argentina, mientras que Anfilogino Guarisi procedía de Brasil.
La expectación el 11 de junio de 1934 en el «Stadio Nazionale» era enorme, hasta el punto de que algunos aficionados entraron al Stadio Nazionale a las siete de la mañana según contaba ABC. Benito Mussolini, líder «moral» del equipo, no se perdió la cita: «El duce es recibido con extraordinarias aclamaciones mientras escuadrillas de aviones vuelan sobre el estadio», explicaba la crónica. La propaganda fascista ejerció una presión evidente sobre el torneo y, en especial, sobre los integrantes de la selección. En el descanso de la final, cuando el partido transcurría sin goles, el seleccionador Vittoro Pozzo recibió un manuscrito del palco: «Señor Pozzo, usted es el único responsable del éxito, pero que Dios lo ayude si llega a fracasar».
Finalmente, la selección italiana levantó la Copa del Mundo tras una apretado final contra la otra sensación del torneo, Checoslovaquia. A diez minutos del final, el oriundo Raimundo Orsi igualó el tanto del checoslovaco Puc. El partido terminó en empate por lo que hubo que ir a una prórroga en la que Angelo Schiavo pronto adelantó a los italianos. Su gol fue una liberación para todos sus compañeros al tiempo que comenzaba a forjar la leyenda de la tetracampeona del mundo. El primero de los entorchados fue el Mundial de «Il Duce» y «Peppino».

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