El 4 de julio, frente a la costa suroeste de Tenerife, un equipo de filmación observaba a un grupo de diez calderones tropicales entre los que se encontraba un macho que llevaba el cadáver de una cría en sus mandíbulas, un comportamiento que hasta ahora no había sido documentado por ser típicamente maternal.
El hecho fue filmado y fotografiado por Rafael Herrero y Teo Lucas, de la empresa Aquawork, que rodaban el documental «Proyecto Piélago», patrocinado por la Fundación Canaria Mapfre Guanarteme en colaboración con la Sociedad para el Estudio de los Cetáceos en el Archipiélago Canario (Secac).
Aunque no es frecuente, sí es posible observar a madres llevando a sus crías muertas en la boca durante días e incluso semanas, aún cuando sólo queden unos cuantos jirones de tejido de las mismas, apunta Vidal Martín, presidente de la Secac.
Los calderones tropicales viven en grupos de unos 14 ejemplares estrechamente emparentados y con una estructura «matrilineal»: el núcleo social lo forman varias hembras y su progenie conforman. También puede haber uno o dos machos adultos emparentados con ellas, pero con las cuales no se reproducen, encargados de la defensa y protección.




