Guadalest, convertida en uno de los mayores polos de atracción turística de la Comunidad Valenciana gracias a su famoso castillo y al privilegiado entorno paisajístico en el que está enclavado (aunque también a su proximidad a Benidorm), ha dejado este agosto a miles de visitantes compuestos y sin oficina de turismo. El Ayuntamiento de la pequeña localidad alicantina, gobernado por la alcaldesa socialista Trinidad Amorós, decidió cerrar por vacaciones este centro de información durante los últimos quince días de agosto, haciendo el vacío a los pequeños negocios hosteleros y de servicios que concentran gran parte de su facturación anual durante la campaña de verano.
El hecho fue denunciado ayer por el concejal del grupo popular del municipio Ernesto Jorques, quien lamentó la falta de consideración de la alcaldesa ante una población «que necesita obtener productividad muy alta del turismo porque es la principal fuente de ingresos de la mayoría de sus habitantes». Por añadidura, el verano de 2010 ha resultado, según el edil popular, «uno de los peores del municipio en esta materia».
El cierre arrancó el pasado 16 de agosto —sólo 48 horas después de que la localidad celebrara el Día del Turista—, y se mantuvo hasta ayer. Durante estas fechas, los visitantes que deseaban obtener información turística debían trasladarse hasta la Casa Orduña, en realidad un museo.
Jorques pedirá explicaciones a Amorós, a la que recriminó haber cerrado también el punto de información turística el año pasado durante cinco días. A su entender, la alcaldesa «vive de espaldas a la realidad del municipio» al hacer caso omiso a las repetidas quejas de los comerciantes por el descenso de las ventas derivadas del turismo.
Además de la atractiva oferta de casas rurales con la que cuenta esta población, y a sus puntos de interés histórico —como el castillo, declarado conjunto histórico artístico en 1974, o su prisión del siglo XII—, Guadalest cuenta con una pequeña red de museos que sin embargo atesora enormes cifras de afluencia, como el Museo de Microminiaturas, cuyas pequeñas piezas —la estatua de la Libertad dentro del ojo de una aguja o «La Maja Desnuda» de Goya pintada en el ala de una mosca—atrae la curiosidad de miles de personas al año.



