Monumento en el Alcázar que inmortaliza la reunión de Colón con los Reyes
Monumento en el Alcázar que inmortaliza la reunión de Colón con los Reyes - archivo
historia

¿Cómo fue la primera cita de Colón con los Reyes Católicos en Córdoba?

El 20 de enero de 1486 arrancaron los contactos en el Alcázar para el primer viaje del descubridor del Nuevo Mundo

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La huella de Cristóbal Colón en Córdoba se inició en 1485, en busca de Isabel y Fernando, los Reyes Católicos, y siguió un 20 de enero de 1486 (528 años hace ya) con la primera entrevista que éstos le concedieron en el Alcázar.

El rastro de Colón por la ciudad culminó, físicamente, en 1493 con parada en el ya glorioso camino de Barcelona para rendir cuentas a los Monarcas del éxito de su primer viaje.

Al convertirse Córdoba en residencia habitual de la corte año tras año, de la primavera al otoño, era también cita obligada para Colón. El deseo regio de terminar la Guerra de Granada antes de embarcarse en otra aventura, condujo a indecisiones y aplazamientos para el marino genovés.

A pesar de que, mientras se discutía su proyecto, recibió ayudas de los Reyes, éstas nunca fueron regulares y mucho menos suficientes.

Fue en Córdoba donde pasó las mayores necesidades y «traía la capa raída, o pobre», según el cronista Fernández de Oviedo.

Se acogió a la caridad del convento de la Merced, donde hoy, Palacio de la Diputación Provincial, una placa lo recuerda. Su necesidad llegó a tanto que se dedicó a mercader de libros de estampa y a pintar cartas de marear para venderlas a navegantes. Quienes han estudiado sus andanzas cuentan que a fines de 1487 su empresa era rechazada y su postración total.

Sólo Beatriz debió sentirse generosa entonces con el genovés. Beatriz Enríquez de Arana era hija de unos pequeños agricultores cordobeses, residentes en Santa María de Trassierra, Pedro de Torquemada y Ana de Arana.

Huérfana muy joven, pasó a vivir con sus parientes en la ciudad y a trabajar como tejedora. Con 20 años conoció en la Catedral a Colón, viudo y mucho mayor que ella.

Vivieron una intensa historia de amor de la quenació en 1488 Fernando, legitimado por su padre. Beatriz cuidó de él y de Diego, el otro hijo del descubridor, hasta el regreso de Cristóbal Colón de su primer viaje a América.

De la buena relación de Colón con la ciudad de Córdoba dan fe que comunicase por carta al Concejo de Córdoba la noticia del Descubrimiento o que un cordobés, Diego de Arana, familiar de Beatriz, fuese el gobernador que dejó en el Fuerte Navidad, primera colonia española en América.

Cuando regresó Colón, en 1493, asignó una pensión a Beatriz para que pudiera mantenerse y se llevó a sus dos hijos, sin que se sepa que volviera a tener contacto con su gran amor cordobés.

Fernando Colón pronto se vinculó a los viajes de su padre, hasta el extremo de que ya participó con 14 años en su cuarta y última expedición a América.

Después, Fernando viajó por Europa, consagrándose a su pasión, los libros, hasta dotarse de una de las mejores bibliotecas de su tiempo en España. Falleció en Sevilla en 1539.

Sus padres habían muerto ya, Beatriz en 1521, en Córdoba, sin haber abdicado de la vida humilde que le caracterizó, pero dejando su nombre y presencia clave junto a Colón para la posteridad, y éste en 1506 en Valladolid.

Nunca se casaron, pero a su muerte, Colón legó su fortuna a Beatriz -quien no la reclamó- e hizo que su primer hijo, Diego, la tratara como a su madre verdadera.

Córdoba recuerda la memoria de Cristóbal Colón con una gran plaza y jardines que llevan su nombre, construidos en 1905 y donde nunca se concretó un monumento dedicado a él; con un grupo escultórico en el Alcázar, representando a Colón con los Reyes, erigido en 1971; y con las calles Fernando Colón y Doce de Octubre en el centro y Beatriz Enríquez en el barrio de la Huerta de la Reina.