La Virgen del Tránsito en su procesión a la Catedral
La Virgen del Tránsito en su procesión a la Catedral - aarón
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Tránsito de vida eterna

La Virgen de Acá salió en procesión a la Catedral, donde sus hermanos rindieron culto al Altísimo

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Subió en cuerpo y alma a los cielos, gozando de la vida eterna sin haber perdido la terrenal. El Tránsito de María tuvo este sábado un nuevo capítulo de histórica devoción en Córdoba. Centenares de fieles arroparon ayer a Nuestra Señora del Tránsito en procesión en dirección al interior de la Santa Iglesia Catedral. Lo hizo en las últimas horas del día, cuando la noche llegaba y el calor se calmaba, en una jornada de devoción que se alargó hasta pasadas las doce de la noche.

El 15 de agosto es día de movimiento en la ciudad. Los hay que inician su periodo de vacaciones y los que regresan, de nuevo, al abrigo del aire acondicionado. Sea como fuere, una multitud de cofrades decidió este sábado por la noche perderse por las calles de Alcázar Viejo para reencontrarse, un año más, con la Virgen de Acá. Sin olor a azahar, cera en el suelo o aglomeraciones en cada esquina, pero con la convicción de presenciar a una de las imágenes que mayor devoción ha arrastrado históricamente.

El día de la Virgen del Tránsito comenzó a las 12 de la mañana, cuando tuvo lugar una Función Solemne en la parroquia de Nuestra Señora de la Paz de San Basilio. Una celebración que dio paso al acto de hermanamiento de las dos cofradías que residen en ese templo. Así, englobado en los actos por el 75 aniversario de la hermandad de Pasión, ambas corporaciones estrecharon lazos.

Horas después, la plaza que da a la parroquia de la Paz estuvo repleta de decenas de cofrades. Vecinos del barrio y fieles de todos los puntos de la ciudad que, a pesar de las fechas y las altas temperaturas, decidieron acompañar un año más a esta imagen de María de la Dormición. Algo pasadas las ocho de la tarde, el paso de la Virgen del Tránsito apareció en la entrada de su templo. Los sones de la banda de música Tubamirum, de Cañete de las Torres, comenzaron a envolver al cortejo y a los presentes, que callaban en señal de respeto. María, preparada para su ascensión en cuerpo y alma a los cielos, retrasaba su marcha unas horas para dirigirse a la Catedral de Córdoba.

Adoración al Santísimo

El arco de caballerizas observó a la Virgen de Acá, que subió de forma pausada la calle que la alejaba de su casa y la acercaba al primer templo de la Diócesis. Avanzó por la calle Amador de los Ríos y continuó por Torrijos para encontrarse de frente con la Puerta del Perdón. Y es que este año, con motivo de la reforma de la puerta de Santa Catalina, la hermandad del Tránsito decidió variar su itinerario y acceder y salir del templo por la puerta principal de la Catedral, a diferencia de usar la puerta que ha estado utilizando estos dos últimos años para acceder al milenario recinto.

El cortejo se adentró sólo en al interior de la Catedral. Allí adoraron al Santísimo mientras una solista hermana de la cofradía entonaba el Ave María, en un instante de profunda emotividad exclusivo para los hermanos del Tránsito. Finalizado este acto, la Virgen de Acá salió de nuevo al Patio de los Naranjos cuando el sol ya había dado paso a la noche, y comenzó el camino de vuelta a San Basilio.

En su regreso, el conjunto brindó estampas únicas al pasar por algunas de las zonas más características del entorno de la Catedral, el Guadalquivir y el Casco Antiguo. El Puente Romano enmarcó una procesión que continuó por la Ribera, subió hasta el Alcázar y llegó, de nuevo, a su barrio. Allí, a eso de las doce de la noche, una multitud de vecinos contempló el paso de la Virgen del Tránsito que, iluminado, recorrió las calles de este histórico lugar. Finalizó así una semana de devoción hacia la imagen de María de la Dormición, que comenzó con solemne besapiés y tres días de cultos en su parroquia.