Un visitante a la muestra
Un visitante a la muestra - RAFAEL CARMONA
ARTE

El Museo de las Bellas Artes de Córdoba se suma al centenario de Murillo con su perfil más humano

La Junta inaugura la exposición didáctica «Murillo, excelentísimo», en la que se recrean algunos de los cuadros más emblemáticos del autor

CÓRDOBAActualizado:

EL Museo de Bellas Artes de Córdoba inauguró ayer la exposición «Murillo, excelentísimo» en el contexto de la celebración del 400 aniversario del nacimiento del gran pintor sevillano del siglo XVII. La muestra tiene un carácter divulgativo e itinerante y la componen varios paneles con retroproyecciones o «blacklight» de algunas de las obras maestras del artista, en los que también se explican las claves de la vida y la trayectoria del pintor.

Los 13 cuadros reproducidos aquí se pueden ver estos días en la muestra organizada por el Bellas Artes de Sevilla, por lo que la propuesta sirve como introducción promocional para esa gran antológica, acto central del aniversario y que estará abierta en el antiguo Convento de la Merced, céntrica sede de la pinacoteca hispalense, hasta 27 de marzo. «Murillo, excelentísimo» se puede entender por tanto no como una estación de destino sino como una ventana que se abre a algo mayor, pues aunque en ella no están los originales del artista si que queda el aroma de la indudable maestría creadora que evidencian tanto su pintura religiosa como sus retratos.

Las claves de la propuesta

El comisario de la exposición, el historiador y conservador de los Museos de la Junta Pablo Hereza, realizó ayer un repaso de las claves de esta propuesta, que pretende dar a conocer algunas facetas no tan divulgadas del hombre que fue Bartolomé Esteban Murillo más allá de la enorme fama que le rodeó incluso en vida tanto en España como en el contexto europeo.

La biografía más personal del artista es de hecho lo primero que se aborda en esta exposición, en la que se relata, tal como ayer explicó Hereza, la trayectoria de un hombre que tuvo diez hijos —aunque sólo sobrevivieron tres— y que, aparte de la pintura, también anduvo involucrado en negocios mercantiles con América. Un ser humano no aislado por tanto en su taller y sus musas sino muy de su tiempo y en nada ajeno a las prosaicas obligaciones de la vida cotidiana, que siempre le reclamaron pragmatismo y una preocupación constante por la necesidad de hacer dinero.

Uno de los dibujos que forman parte de la exposición
Uno de los dibujos que forman parte de la exposición - Rafael Carmona

Otra sección de la muestra se centra en el ingenio creador de Murillo, que desde muy joven ofreció señales de un talento innato para el dibujo, mientras que la tercera alude a las convicciones del pintor, cuyas creencias religiosas fueron firmes desde su juventud y le condicionaron a la hora de acercarse con especial sensibilidad a los temas bíblicos. Cierra la muestra un último panel dedicado a la pintura más mundana, en la que se incluyen varios retratos de grandes hombres del comercio sevillano de la época y algunas estampas de vida callejera protagonizadas por niños y personas mayores y en los que Hereza aprecia una intención moralizante en defensa de la pureza y la inocencia.

Para ilustrar todos estos ámbitos, se reproducen con gran fidelidad, y en dimensiones similares al original, cuadros antológicos como «Las bodas de Canán», que se muestra estos días en Sevilla procedente de Birminghan; la Inmaculada de El Escorial que es propiedad del Museo del Prado; la Virgen con el niño que se exhibe habitualmente en el Palacio Corsini de Roma o retratos como el del comerciante de origen holandés Josua Van Belle, de la National Gallery de Dublín.