El pasado viernes 24 de mayo se celebró en el auditorio de CBS, The British School of Seville la IV Conferencia Educativa CBS. En esta ocasión, el tema a tratar fue la educación emocional y para ello contaron con Mar Romera, docente y presidenta de la Asociación Pedagógica Francesco Tonucci, «que nos regaló una ponencia emocionante y que giró en torno a los retos que se plantean hoy por hoy a nuestros hijos y alumnos, y los grandes obstáculos que, en ocasiones, encuentran por la forma de gestionar las capacidades y emociones tanto en la escuela como en casa», detallan desde CBS.
La cita comenzó de la mano del alcalde de Bollullos de la Mitación, Fernando Soriano, inauguró la Conferencia, quien mostró su apoyo a todas las iniciativas que desde CBS llevan a cabo y aprovechó la ocasión para reafirmar su compromiso con este centro docente de Sevilla. A continuación, el director del centro, Agustín Aycart, dio comienzo a la conferencia con la pregunta sobre la que versaría su discurso: ¿Cuáles deben ser los retos a corto y medio plazo para los colegios?

«Desde la Dirección del CBS este reto es claro; tenemos que conseguir que todos (familias, profesores y alumnos) dejemos de ver el logro académico como objetivo único, que cambiemos de forma sincera y definitiva la focalización hacia un desarrollo académico, que, siendo importante, se ve altamente desfavorecido cuando se convierte en casi único objetivo», explicaba Aycart.
«Me gustaría que cuando nos encontremos a un niño que está empezando a disfrutar de sus vacaciones en lugar de preguntarle ¿has sacado buenas notas? le preguntemos por otros aspectos, que vea nuestro interés en lo que de verdad le servirá para su futuro, ¿has aprendido cosas interesantes en el colegio?, ¿podrás poner en práctica todo lo que has aprendido?… y no centrarnos en un logro académico».

También tuvo lugar para explicar con detalle y desde su experiencia diaria en el CBS, cómo hay una gran diferencia entre las emociones y los sentimientos, y la gran importancia que tiene saber diferenciarlos claramente. «A lo largo de mi vida, he visto como cuando un niño tiene un desequilibrio emocional, normalmente no avanza en su aprendizaje, cuando un niño se pelea con su mejor amigo en el recreo antes de entrar en clase, este no aprovecha la clase, cuando se separan los padres de un niño a este le afecta en su rendimiento. Estos son claros casos de situaciones que provocan emociones, que después de pasar por el pensamiento se convierten en sentimientos y que estos si no han estado gestionados de una forma inteligente van a afectar mucho más de lo deseable».
Tomó el relevo de Aycart la docente Mar Romera quien durante su ponencia «Educar con 3 Cs: capacidades, competencias y corazón», habló, entre otros temas, de la actitud sobreprotectora que observamos en la actualidad, así como la falta de educación basada en competencias reales que seguimos encontrando en muchas escuelas españolas. Esto sucede, según Mar Romera, porque «mandamos mensajes contradictorios y nos encontramos con que saber lo que tengo que hacer, incluso estar motivado y querer hacerlo, no garantiza que pueda hacerlo».

«Gracias a la neurociencia sabemos que no hay emociones buenas ni malas, lo más que podemos decir es que hay emociones agradables y desagradables. Las emociones no son cultura, son química», afirmaba Romera, quien a su vez enumeró un total de diez «emociones básicas». «Desagradables serían el miedo, la rabia, la culpa, la tristeza y el asco. Nuestros niños y adolescentes necesitan vivirlas todas. Como emoción neutra está la sorpresa. Y en las emociones agradables tenemos la alegría, de la que tanto se habla, pero hay más: la curiosidad, la seguridad y la admiración».
Romera recordó asimismo que «la calidad de mi vida depende de la calidad de mis pensamientos, no de mis circunstancias. Es por eso por lo que yo no quiero que mis hijas sean felices, yo quiero que mis hijas vivan todas las plataformas emocionales, que escojan la emoción adecuada en el momento adecuado y la intensidad oportuna». La ponente insistió en que «yo quiero que mis hijas estén tristes cuando pierden a alguien, porque si no serían psicópatas. Yo quiero que mis hijas sientan enfado cuando alguien las pisa porque si no serán mujeres maltratadas. Quiero que mis hijas sientan asco para rechazar aquello que no deben acoger».
De este modo, Mar insta a «entrenar todas las plataformas emocionales y quitar de nuestra vida la intencionalidad de que queremos la felicidad para nuestros hijo”, porque la felicidad es el sentimiento que se ancla en la emoción de la alegría, que viene de la dopamina. La dopamina crea adicción y a veces la buscamos fuera cuando ya no tengo la capacidad de entrenarla desde dentro. Busquemos la acetilcolina para el aprendizaje y la vida amorosa en familia desde la curiosidad y la admiración, donde los referentes fundamentales serán mamá y papá u otros, y en ellos debemos anclar el vínculo».
Asimismo, y para terminar, Mar explicó una historia con una preciosa analogía: «Los hijos son como cometas: te pasas la vida haciéndolas volar, corres tras ellas hasta quedarte sin aliento, caen al suelo, chocan con los tejados y se rompen, tú las remiendas y consuelas, las ajustas, les enseñas, observas cómo el viento las mece, pero aseguras que un día podrán volar. Finalmente vuelan, necesitan más hilo y sueltas y sabes que pronto se desprenderán de la cuerda y se elevarán por los aires. Entonces te darás cuenta de que has hecho bien tu trabajo».
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