Tras décadas en que las sociedades han estado dominadas por un consumo irresponsable y desregularizado, hemos llegado a un punto de no retorno. Aunque hayamos tomado conciencia tarde, aún queda tiempo pero, sobre todo, queda mucho por hacer. Es el momento, sin duda, de apostarlo todo por el medio ambiente. Sostenibilidad, materiales naturales y, por supuesto, energías renovables. El futuro viene de la mano, entre otros, de estos tres pilares indispensables para asegurar la supervivencia de la humanidad.
Nuestro sistema de producción y consumo debe, no solo regularizarse, sino ofrecer alternativas y, por supuesto, adaptarse a estas necesidades. Un caso curioso lo encontramos, sin duda, en el sector de las pinturas y los recubrimientos. Hace tres años entró en el mercado Graphenstone, el «antiplástico» de las pinturas. Pero, ¿qué es eso del antiplástico? «Hemos de tener en cuenta que las pinturas plásticas son productos de una gran toxicidad, puesto que contienen materiales que realmente provocan enfermedades muy graves en su uso, además de que posteriormente producen enormes cantidades de residuos que generan, no solamente en el momento de su aplicación, sino en el momento de su desgaste y de su eliminación», explica Antonio León, Presidente y CTO Graphenstone.

DE LA TOXICIDAD AL RESPETO MEDIOAMIENTAL
Las pinturas plásticas contienen disolventes tóxicos, pigmentos cancerígenos como el dióxido de titanio y otros aditivos, «tales como conservantes cancerígenos, que producen malformaciones y multitud de enfermedades», detalla Antonio León. A la vez, estas pinturas son puro plástico que envuelve nuestros edificios, habitaciones, despachos, salas, aulas, quirófanos, donde no dejan que estos respiren y producen condensaciones. «Esto a su vez, son caldos de cultivos para que hongos, bacterias y microorganismos nos produzcan problemas respiratorios, tales como el asma, las insuficiencias respiratorias, problemas pulmonares…».

Antonio León, aparte de CTO de Graphenstone es químico y, en este lento despertar de la conciencia «verde», ha querido aportar su pequeño grano de arena. «Viniendo del sector de las pinturas plásticas, comencé a desarrollar nuevas fórmulas que permitiesen la posibilidad de desarrollar una idea que se convirtiese en un producto, una solución. Por supuesto, fuera de las pinturas plásticas, que contaminan, matan, y que actualmente ocupa el cuarto sector industrial». Así es como nace Graphenstone en diciembre de 2013, un producto cuyo objetivo es revolucionar el sector de las pinturas no solo a nivel local, también, por supuesto, en el panorama nacional e internacional.
Con su salida al mercado, Graphenstone propone toda una gama de productos fabricados con materias naturales y minerales. Esta marca en sus inicios tan solo comercializaba dos productos: Biosphere para fachadas y Ecosphere para interior. «Conseguimos que fueran productos sin ese film plástico, que fuera una pintura que absorbiera el CO2 y purificara el aire. Nuestro objetivo siempre ha sido trabajar en una economía circular. No pensamos sólo en la formula, sino en los envases que han de ser reciclados, en reducir el transporte hasta el cliente final, para reducir las emisiones de CO2, también en la propia producción del producto… Todo influye a la hora de crear un producto sostenible», afirma Antonio León.
Así, con esa misma premisa, a principio del 2019 comenzaron un nuevo camino de la mano del Grupo TKROM, que representan más de 200 tiendas especializadas en España, « con quien hemos desarrollado una línea de productos en co-branding, TKROM by Graphenstone, apostando así, compañías como Celso Míguez en Galicia, Hipopótamo en Navarra, POTS en Tarragona, SEGOPI en Madrid, Todo Pintura en Andalucía Occidental o bien Pinturas Andalucía en Andalucía Oriental».

LA DIFERENCIA ENTRE NATURAL Y «BIODEGRADABLE»
En la actualidad, las grandes compañías del sector de la pintura -nacional, europeas e internacionales- están desarrollando productos saliéndose principalmente del sector de las resinas que proceden del petróleo o combustibles fósiles. Para ello, están invirtiendo grandes sumas de dinero en I+D+i, mirando principalmente materias primas que sean biodegradables, es decir, plásticos que no generen huella, que se eliminen con facilidad y que su gestión de residuo sea «totalmente verde».

No obstante, esta no parece ser una solución para el problema, sino tan solo un parche. «A mi parecer como químico del sector de los recubrimientos, y muchos colegas que confirman mi opinión, es una manera de lanzar la pelota hacia delante, sin sentido, y sin construir un proyecto sólido a futuro. Puede ser una solución un tanto “greenwashing”, porque puedo lanzar al mercado un producto que le llamo “pintura plástica biodegradable” que suena a solución verde, pero que es lo mismo que colocar un generador eléctrico diésel para que genere electricidad a un cargador de coche eléctrico»», comenta indignado Antonio León.
En el aire queda una reflexión que debería llevarnos a pensar sobre nuestro modo de consumir, no solo sobre lo que comemos o los productos que tenemos en casa, sino también aquellos con los que más convivimos: la pintura y recubrimientos de nuestras paredes. Sin duda, Antonio León lo tiene más que claro: «¿Estamos locos? El ser humano es la única especie que es capaz de hacer esto. En eso deberíamos estar de acuerdo todos los químicos que estamos trabajando y gastando recursos del planeta, para crear recubrimientos que decoren, protejan y nos ayuden a mantener en buen estado nuestras viviendas, oficinas, infraestructuras, equipos, y, además ser responsables con nuestro medio ambiente».
Para más información: //graphenstone.com.es/