Contenido Promocionado

Compartir

La verdadera patria del hombre es la infancia, tal y como lo afirmó el poeta alemán Rainer Maria Rilke. Y la patria, la infancia de muchos sevillanos, tiene los olores, colores y sabores de Ochoa. Confitería, obrador y pastelería, pero, ante todo, la segunda casa de muchos sevillanos y sevillanas: desde su inauguración en 1910, la Confitería Ochoa ha pasado a formar parte de la historia de muchas personas: su lugar de desayuno, de café a media tarde, salón para bodas, bautizos o comuniones. Además, han quedado impregnadas en la idiosincrasia de la gastronomía sevillana multitudes de sus creaciones más particulares: su copa Carmen, sus batidos helados, sus sándwiches mixtos o su pavo trufado, sin olvidarnos de su pastelito rosa, su lazo madrileño o su bollo de leche.

 

 

 

 

«En sus inicios, Ochoa no era más que una especie de granja en pleno centro de Sevilla, donde convivían vacas, pollos, gallinas, junto a todo aquel que venía a comprar leche, huevos o carne y que, posteriormente, empezó a venir por los pasteles o la comida tradicional que aquí se elaboraba», explica Alejandra Ochoa, una de las personas que ha recogido el testigo de su generación al frente de este negocio.

 

 

Ochoa ha sido, así, el primer lugar donde, entre cafés y alguna merienda, algunas parejas se robaron sus primeros besos. Donde las madres y padres llevaban a sus niños a por su primer helado. «Desde los años 40, Ochoa ha sido una cafetería emblemática donde, sin duda, lo más demandado era su copa de helado compuesta de tres sabores: nata, caramelo y esa almendrita que hacía que, gracias a la copa Carmen, la tarde fuera más especial», detalla Alejandra.

 

 

 

 

Además, el salón de Ochoa ha sido testigo de multitud de celebraciones. Momentos especiales, únicos, que una vez se vivieron entre sus cuatro paredes: una boda, una comunión, un bautizo, o una celebración familiar… Ochoa era ya, sin lugar a dudas, el segundo hogar de muchos sevillanos. «Otros muchos recuerdan cómo iban a merendar los especiales batidos helados de la mano de sus abuelos y eso les trae añoranza a una infancia que siempre fue mejor».

 

Para muchos sevillanos, la Semana Santa no se entiende tampoco sin Ochoa. «Esas horas y horas y horas sentados en las sillas delante de la confitería mientras disfrutas del paso de tus Hermandades , donde simplemente tienes dentro un hueco donde estar más acogido y reponer fuerzas», añade Alejandra.

 

 

 

 

«Muchos llegan a la vitrina y se les hace la boca agua, se les iluminan los ojos al ver las pechuguitas villaroy,  esas que tantas y tantas veces han comido y que aún hoy en día les recuerda a esa comida casera de antaño», afirman desde Ochoa. «Ahora son las nuevas generaciones las que llegan por ese pasillo y se tiran en brazos de sus padres y abuelos pidiendo sus bizcochitos, sus bollitos de leche o sus pastitas».

 

 

 

Y es que Ochoa, además, es un lugar ilustre para ilustres sevillanos y andaluces. Gente reconocida de la cultura y la política que, como tantas otras personas, ven en Ochoa su segunda casa: Agustín Bravo, Alfonso Guerra, Juanma Moreno, María Del Monte, Juan Ignacio Zoido, Juan y Medio, Hugo De Operación Triunfo, Rafael Almansa,  John Secada… «Desde siempre hemos elaborado nuestros productos de la manera más artesanal posible y siempre intentando respetar la recetas de antaño, eso es lo que nos mantiene unidos a nuestra ciudad, formar parte de su historia y, al final, compartir con ellos el día a día, su vida».

 

 

Para más información: https://www.confiteriaochoa.com/

Compartir

Este contenido ha sido desarrollado por Content Studio, la unidad de contenidos de Abc de Sevilla . En su elaboración no ha intervenido la redacción de este medio