Invertir en eficiencia energética, en construcción sostenible, y en todo lo que conlleva, es pensar a largo plazo porque los beneficios que se consiguen, tanto a nivel individual como colectivo, son muchos mayores. Este sería el cambio, lo que debería calar entre la población para seguir avanzando en este ámbito.
Esta ha sido una de las ideas principales que evidenciaron los expertos que se dieron cita en el coloquio profesional sobre construcción sostenible que se llevó a cabo el pasado viernes 26 de febrero.

Estos profesionales reflexionaron acerca del momento en el que se encuentra esta materia, así sobre cómo la pandemia ha supuesto un impulso porque la población comienza a valorar más otros aspectos y cómo conseguir llegar a los objetivos marcados para el 2050 de neutralidad de la huella de carbono, entre otros aspectos.
En España tenemos un parque inmobiliario muy antiguo, casi el 54% está construido antes de la primera normativa de aislamiento térmico y como indica Pablo Maroto, director de marketing de Knauf España y Portugal, «esto es un sumidero de energía». A ello, Maroto añade que en España cerca del «40% de las emisiones son producidas por la edificación y esto es preocupante porque hay que tener en cuenta que el porcentaje podría ser más elevado ya que una parte de las emisiones no están computadas».

PABLO MAROTO MILLAN DE LA EMPRESA KNAUF. | FOTO : RAUL DOBLADO.
Sin embargo, para revertir esta situación, Juan Manuel Castaño Salvador, CEO de Castaño & Asociados Passivhaus, lo tiene claro. «Hay mucha potencia en la rehabilitación. Aplicando el estándar passivhaus puedes reducir el gasto energético sobre el parque edificado hasta en un 90%». Así pues, si cerca del 40% de las emisiones son producidas por la edificación, con esta forma de construir las podrías eliminar. «Eso a nivel de país es brutal, pero a nivel doméstico también es muy interesante porque ahorras muchísimo si se construye así. Con Passivhaus pagas al año 150 euros para 100 metros cuadrados, por lo tanto, esa casa va a ser más sostenible económicamente», explica Castaño.
Pero no solo el ahorro energético es una ventaja, sino que a ello se añaden otros efectos que trae consigo la construcción sostenible. En este sentido, Castaño ejemplifica con un proyecto piloto que se desarrolló en un condado de Reino Unido. En él se analizaba cómo bajar el gasto sanitario y se dieron cuenta de que un factor importarte para lograrlo era la rehabilitación energética de las viviendas. Porque si una gran parte de la población estaba fuera de los niveles de confort en su hogar, enfermaba más. En Andalucía, apunta Castaño, «se pasa frío dentro de las viviendas en invierno, esto afecta al sistema respiratorio y al final tienes a una gran parte de la población enferma, por no tener las viviendas bajo condiciones de confort».

JUAN MANUEL CASTAÑO SALVADOR DE LA EMPRESA CASTAÑO Y ASOCIADOS. | FOTO : RAUL DOBLADO.
Así pues, si al ahorro energético se le suma el confort en la vivienda con aspectos como el aislamiento o la calidad del aire esto al final repercute en un factor tan importante como es la salud.
En este sentido, Mónica Liñán Mínguez, responsable de Prescripción y Asesoramiento Técnico de Saint-Gobain Isover entiende que «hay que ir mucho más allá y no conformarnos con el mínimo. Es básica la elección de buenos materiales y, en la actualidad, existen soluciones constructivas para conseguir una edificación más sostenible que repercuta en el usuario final».

MONICA LIÑAN MINGUEZ DE LA EMPRESA ISOVER. | FOTO : RAUL DOBLADO.
Todas estas virtudes han propiciado que la construcción sostenible haya avanzado con rapidez y la pandemia ha supuesto un impulso porque la ciudadanía ha comenzado a valorar mucho más estos asuntos. Así lo evidencia Ana Mª Jáuregui Ramírez, Decana del Colegio Oficial de Graduados e Ingenieros Técnicos Industriales de Sevilla (COGITISE). Para Jáuregui en esta situación nos hemos dado cuenta «que estamos desfasados, que hay que ponerse las pilas porque esta forma de construir nos beneficia a todos; por reducción de Co2, por ahorro energético, por rendimiento y, sobre todo, por salud».
En esta misma línea, Castaño apunta que la pandemia ha demostrado que se puede reducir la contaminación ambiental hasta casi cero. «Se tiene la capacidad, se tienen los medios para cambiarlo y, cuesta, pero sí se puede». A lo que añade Maroto, «pensamos que la naturaleza es la que tiene que adaptarse a nosotros y es al revés».

ANA MARIA JAUREGUI RAMIREZ DE LA EMPRESA COGITISE. | FOTO : RAUL DOBLADO.
Certificaciones
Otro de los aspectos que se trataron en este coloquio profesional organizado por ABC fue el tema de las certificaciones. En este punto, Castaño manifestó que «la calificación energética es un primer paso, pero hay que cocinarla más para el usuario» y en esta misma línea coincidió Liñán quién avanzó que desde Isover están desarrollando diversos softwares que informan al usuario sobre cómo le repercute que su vivienda tenga un tipo u otro de certificación. «Es necesario que al ciudadano se le informe, por ejemplo, de cómo influye el aislamiento, cuánto ahorra y, sobre todo, cómo repercute en el valor final de su vivienda».
Jáuregui demandó más controles y monitorización en este tema. «Hay que mejorar las certificaciones, las etiquetas, porque a veces nos encontramos que éstas se distancian de la realidad final de lo que estábamos certificando. Al usuario hay que informarle, decirle cuáles son los beneficios, y hay que darle esos beneficios en función de la certificación que tenga, pero lo que no podemos hacer es que esto se quede en la nada porque esta labor de difusión al final se convierte en desconfianza» y añadió «tiene que llegar la armonización en las normativas de las certificaciones».
De cara al futuro

En este asunto, todos los participantes de este coloquio se mostraron de acuerdo. Una de las claves para que la construcción sostenible siga avanzando es la concienciación. Para Jáuregui los objetivos de cara al 2050 son claros y concisos y hay que hacer modificaciones profundas para que sean reales. «Esto depende de una cadena larga de eslabones. Hay que concienciarse, es una necesidad urgente que no puede esperar, pero depende de la administración, de los técnicos y de los usuarios».
Evidenció que los mecanismos se han activado, se han acelerado con la pandemia y se prevé más normativa. «Nos queda mucho camino por andar, pero ya lo hemos iniciado, con paso firme. Hay que corregir aspectos y conseguir objetivos reales en el tema de la sostenibilidad. Estamos en la línea y quiero ser muy optimista. Hay que lograr esos objetivos 2050 por el bien de todos», concluyó la decana de COGITISE.
En la misma línea, finalizó Maroto quién entiende que hay que seguir trabajando en la facilidad y en la concienciación del usuario porque «técnicamente se puede y al final todos somos partícipes de que esto vaya a un objetivo común que es beneficioso para el colectivo».
Para Castaño es importante que se conozca el objetivo 2050, por qué existe y qué pasa si no lo cumplimos. «Hay un problema serio de cambio climático y lo importante es que conocemos la solución y tenemos los medios: rehabilitación energética, energías renovables, movilidad sostenible y lo que deberíamos preguntarnos es cuál es el motivo para no cumplirlo». Además, agregó que «enfocar los recursos hacia la descarbonización significa que todo el mundo gane» y apuntó que «el sobrecoste que habría que analizar es qué pasa si no se hace».
Por su parte Liñán entiende que hay un enorme trabajo de concienciación que tiene que venir acompañado de un cambio de normativa. «Hay que hacer mucha fuerza en las administraciones porque promoviendo esos cambios normativos se conseguirá llegar, aunque el usuario no lo demande, y así estaremos en línea con la sostenibilidad», concluyó.