Introducirse en la comarca de Morón de la Frontera es hacerlo en la tierra del oro líquido. Forman parte de ella los mu- nicipios de Algámitas, Coripe, El Coronil, Montellano, Morón de la Frontera, Pruna, La Puebla de Cazalla y Villanueva de San Juan, formando un conjunto que comparte ciertas similitudes pero también numerosas diferencias que nacen de la idiosincrasia de cada población. Las aguas del río Guadaíra y el Corbones bañan estas tierras. Este hecho va a determinar, en buena parte, la actividad de las poblaciones que desde la antigüedad se asentaron en ellas. Los restos más antiguos hallados se remontan hasta el Calcolítico. Un conjunto dolménico en Morón de la Frontera atestigua el paso de estos primeros pobladores.
La cercanía de la comarca a la Sierra Sur hace que en esta comarca el amante del turismo de naturaleza encuentre un destino perfecto. Y es que en la demarcación de municipios como Coripe podemos encontrar enclaves como la Reserva Natural del Peñón de Zaframagón, donde es posible ver buitres leonados y otras aves rapaces. También en Coripe, quienes gustan de recorrer caminos pueden seguir la Vía Verde de la Sierra,
Una antigua vía de ferrocarril de 32 kilómetros, nunca usada y reconvertida para uso turístico. Los más aventureros podrán adentrarse en paisajes de montaña como los que encontramos en Pruna, donde está la Sierra del Tablón, con el Pico del Terril, el de mayor altitud de la provincia de Sevilla (1.129 metros sobre el nivel del mar), y el Peñón de Algámitas (1.121 metros sobre el nivel del mar). Unas montañas que en numerosas ocasiones fueron el refugio de bandoleros. Los espárragos y tagarninas, los platos de caza y la repostería son partes de un recetario en el que el aceite de oliva es el principal protagonista
Pruna, la atalaya de Sevilla

Si observamos a cierta distancia Pruna, nos encontraríamos ante una bella y sencilla estampa de casas blancas y tejados marrones rodeada de interesantes paisajes naturales. Pruna se encuentra en una zona elevada de la provincia, entre la Sierra del Tablón y el Pico El Terril (la cota más alta de Sevilla, 1.129 metros sobre el nivel del mar). Esta ubicación ha convertido a Pruna en un enclave histórico por el que han pasado pueblos como los fenicios, griegos, túrdulos, romanos y musulmanes. De esta amalgama de civilizaciones Pruna conserva, entre otros enclaves, el Castillo de Hierro o la Fuente del Pilarillo. El primero es un castillo fronterizo del s.XV del que hoy pueden verse sus ruinas.
Debido a su situación elevada regala a los ojos unas espectaculares vistas, además de divisar el vuelo del majestuoso buitre leonado que habita su base rocosa. La segunda, ubicada a los pies del Castillo, en las entrañas del macizo rocoso donde se erige éste, se trata de un antiguo manantial del que se cree lleva siglos manando agua. Existe un sendero habilitado por el que quien se adentre en estas tierras puede ascender hasta la antigua fortaleza que domina el paisaje de Pruna.
La gastronomía es uno de los grandes atractivos de la localidad. Basada en su principal ingrediente, el aceite de oliva virgen extra, podemos degustar en esta localidad platos de cuchareo como los cocidos de verdolaga, una verdura de esta zona, cocidos con hinojos, espárragos y tagarninas, las gachas, la moraga de pimientos y el gazpacho de habas. No podemos irnos de Pruna sin probar las chacinas de cerdo ibérico de la zona. Si se es más de dulces que de salados, hay que deleitarse con la torta de hornazo y el rosco de San Antonio. Además, son típicos de Pruna los licores y el anís, que se fabrica en el municipio y en destilerías.
Uno de los grandes atractivos de Pruna es su entorno natural. Su ubicación junto al pico más alto de la provincia de Sevilla lo convierte en un enclave idóneo para la práctica de deportes de naturaleza como el senderismo. Además de los beneficios del ejercicio, esta actividad nos permite disfrutar de una naturaleza viva, una tupida vegetación en su cara norte con madroños, encinas, jara, aulagas, etc., descubrir unos paisajes de ensueño y una fauna autóctona en la que abundan los buitres
leonados, búho real y cabra montesa.
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La Puebla de Cazalla, cultura en tierras fronterizas

La Puebla de Cazalla es una ciudad cuya historia va paralela a la del río Corbones. Y es que se han hallado restos arqueológicos en su orilla que datan incluso del Paleolítico y del Neolítico. Durante siglos, las civilizaciones que en estas tierras se asentaron contribuyeron al crecimiento de la población: íberos, romanos, visigodos, musulmanes… Pero sin lugar a dudas, la época donde La Puebla de Cazalla desempeña un papel más importante es durante la Reconquista cristiana. Su ubicación, en la frontera con el Reino de Granada, convertía a este municipio en un enclave estratégico que, tras la llegada de Fernando III El Santo, pasó a formar parte de la denominada Banda Morisca.
El mayor testigo de esta época que hay en el municipio es el Castillo de Luna, una fortificación del siglo XIII, construida para el control territorial de la zona. Conserva su torre del homenaje y lienzos de muralla. Estaba construido sobre una fortificación anterior musulmana (Kassala) y ésta a su vez sobre un asentamiento roma- no (Carula). Es, sin lugar a dudas, uno de los lugares más emblemáticos de La Puebla de Cazalla.
Un paseo por el municipio nos ha de llevar a conocer las diferentes plazas y monumentos que en él se encuentran y que otorgan a La Puebla de Cazalla una fisonomía única. En la Plaza Nueva, el visitante verá el monumento a «La Niña de La Puebla», en honor a la cantaora flamenca Dolores Jiménez Alcántara. También dedicados a otras figuras del flamenco son los monumentos que nos encontramos en la Plaza de la Trinidad, en honor a José Menese, o la Plaza Francisco Moreno Galván, dedicada a este pintor y letrista flamenco, faro de la cultura jonda de La Puebla.
En la Plaza Vieja o Plaza Cardenal Spínola es Cervantes el protagonista, pues el escritor visitó esta villa en 1593 como Comisario Real de Abastos para la Armada en la Carrera de las Indias. La Puebla de Cazalla cuenta asimismo con un interesante catálogo de museos entre los que se encuentra el Museo de Arte Contemporáneo José María Moreno Galván, que además de exposiciones temporales cuenta con una colección permanente con obras de Picasso, Vázquez Díaz, Miró, Matta, Oteiza, José Guerrero, Mi llares, Guinovart, Lucio Muñoz, Bonifacio o Antonio López, entre otros.
Completan esta abanico de museos el Museo Taurino Antonio Fuentes, ubicado en la bella residencia de verano del famoso torero que le da nombre; el Museo de los Festivales Flamencos, el Museo Arqueológico Municipal y el Museo del Aceite, ubicados éstos últimos en la Hacienda Nuestra Señora del Carmen, conocida como La Fuenlonguilla.