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Tras el descubrimiento de América fue quizás cuando la comarca del Bajo Guadalquivir alcanza su punto álgido en la historia. Las relaciones comerciales que se establecieron con las Indias convirtieron al Guadalquivir en el gran río. Así que esta zona es la vía de llegada y salida de numerosas mercancías. Es entonces cuando en estos municipios comienzan a construirse hermosos templos, palacios y casas señoriales. En todos ellos se ven las huellas del renacimiento pero también del barroco posterior. El visitante puede perderse por todas estas construcciones e incluso seguir una ruta que le lleve por los castillos de la comarca.

 

Naturaleza viva

 

La unión del río y la mano del hombre, que ha modificado el cauce natural del Guadalquivir, ha configurado la naturaleza de la zona. Con la idea de ganar terrenos de cultivo el hombre ha modificado el curso natural del río. El resultado ha sido un paraje natural, una zona húmeda de gran importancia para las aves con una rica vegetación acuática.

 

Es una Zona de Especial Protección para las Aves, un área de una gran riqueza ecológica. Se trata además de una comarca propicia para la realización de deportes al aire libre. Para disfrutar tanto de la naturaleza como del turismo activo hay por la comarca un gran número de cortijos rehabilitados como alojamientos rurales, que envuelven de encanto la estancia en la comarca.

 

Cuna del Flamenco

 

El caballo y el toro, vinculados a las actividades agrícolas de la zona, son dos de los símbolos del Bajo Guadalquivir. Así como el flamenco una de las señas de identidad de esta tierra. De hecho, es tierra de grandes artistas y escenario de eventos como el Potaje Gitano de Utrera, la Caracolá Lebrijana, el Festival de la Yerbabuena de las Cabezas de San Juan…

 


EL CUERVO DE SEVILLA

 

 

 

El Cuervo de Sevilla es punto de encuentro, de caminos e historias milenarias ubicado entre las provincias de Cádiz y Sevilla y que conecta en su ruta peregrina con Santiago de Compostela. Tierra de tránsito, de postas y parada obligada para disfrutar del buen yantar, beber y el hospedaje de viajeros, el municipio cuerveño se ha ido desarrollando alrededor de la carretera Nacional IV.

 

Su historia reciente está marcada por el movimiento popular que luchó, a finales de los años ochenta del siglo XX, por su segregación del núcleo principal de Lebrija. En 1992 logra su propósito de independencia y constituye el 19 de diciembre del mismo año su Ayuntamiento. Estamos pues ante un pueblo joven que ha sabido transformarse y acoger a gentes diversas, para convertirse en referente propio en la comarca del Bajo Guadalquivir.

 

Conocido es por la calidad de su pan, su mosto, los caracoles, los dulces artesanos caseros entre otro sinfín de platos y tapas que marcan una amplia ruta de sabores que definen la idiosincrasia gastronómica del pueblo. Entre marzo y abril se celebra el Día del Pan y Feria de Muestras. Un fin de semana dedicado íntegramente a la gastronomía donde el pan adquiere valor identitario propio gracias a la elaboración de platos tradicionales como el gazpacho, la sopa de tomate, los ajos calientes, las torrijas, la espoleá y la degustación de más de cuatro metros de bocadillo gigante.

 

Los caldos de mosto y las tapas típicas de las tascas, a base de chorizo y morcilla, marcan los meses de diciembre y enero, donde el concurso del mosto cuerveño adquiere renombre y rigor académico en el campo de la enología.

 

Pero El Cuervo también es tradición, patrimonio, cultura y fiestas. Su edificio más emblemático y antiguo, la Casa de Postas, data del siglo XVIII. Asentada en el margen derecho de la Vía Augusta da la bienvenida a quienes se acercan y transitan por la

nacional IV. Antaño fue punto de parada obligada en el descanso de viajeros, repostaje de diligencias y primitivos correos, acogiendo en su interior la visita de personajes ilustres como los Reyes Carlos IV, Fernando VII y la Infanta Mª Luisa Fernanda.

 

 


LEBRIJA

 

 

Si preguntas a alguien si conoce Lebrija, lo normal es que te respondan que sí, que ha visto su perfil desde la carretera que va para la costa; o que conoce al cantaor el Lebrijano; o que ha visto los candelabros de Lebrija en el Museo Arqueológico Nacional. Y sí, todo eso es cierto, pero Lebrija es mucho más.

 

En ella, el visitante podrá encontrar próximamente el primer  punto  de  información de Tartessos de la provincia de Sevilla o el centro del Flamenco, único en su tipología. Desde los primeros restos arqueológicos documentados hasta el mismo s. XX, Lebrija ofrece al visitante experiencias arqueológicas con los vestigios de una domus romana y los restos del castillo; hace introdu- cirse en el microcosmos de la clausura en el Monasterio de la Purísima Concepción habitado por monjas desde hace 501 años y su repostería hecha con paciencia y amor; o puede quedarse atrapado en la Iglesia Parroquial de la Oliva, un edificio que transita entre el mudéjar  y el renacimiento, que atesora obras únicas como el retablo mayor, obra de Alonso Cano y que marca el modelo de retablo del barroco clásico sevillano.

 

Además, Lebrija permite al visitante pasar del entorno monumental al popular gracias a su rico y diverso patrimonio. La elaboración de pan tradicional y de vanguardia, la tradición de la crianza del vino de Bodegas Halcón y González Palacios o  la alfarería tradicional de Juan López y Cerámica Artística Lebrijana o la forja artística pasando por la Guarnicionería del más alto nivel. Lebrija, la perla escondida de Sevilla, espera al visitante para atraparlo con la magia de sus calles milenarias y su ambiente que siente el flamenco por los cuatro costados.

 


LOS MOLARES

 

 

 

 

El tiempo se detiene cuando el visitante entra en el pequeño municipio sevillano de Los Morales. Un lugar tranquilo, donde las pequeñas cosas adquieren su verdadera importancia y que en los últimos años, de la mano de su joven alcalde —Jose Veira—, ha experimentado un importante renacer. Un núcleo residencial que crece buscando el refugio de su imponente castillo que comenzó a levantarse en el siglo XIV, y que es sin lugar a dudas un enclave que el visitante no puede dejar atrás.

 

Nos situamos en unas tierras donde los historiadores han certificado la presencia del ser humano desde la época del Neolítico, lo que supone que hablamosde más de 6.000 años. Testigo de ese movimiento, en un lugar de gran importancia estratégica, quedan muestran como el Dolmen de Cañada Real o del Palomar. Las huellas de la historia se encuentran a flor de piel en este enclave, donde también se sitúa uno de los yacimientos arqueológicos más importantes de Andalucía de la Edad del Cobre, como es el caso del poblado calcolítico de Amarguillo II-Tramposo.

 

Los visitantes van a poder ver de cerca la recreación de una cabaña en la que vivían los  antiguos molareños hace 5.000 años, conocer el sentido de los dólmenes, trasladarse al siglo XIV en el que el castillo era fundamental para la defensa de las tierras, sentir el bullicio de la famosa «Feria de la Seda» o descubrir al poeta del siglo de Oro Baltasar Alcázar.

 

Un monumento, el castillo de Los Molares, que se ha convertido en un centro dinámico de actividad, donde es posible la celebración de bodas temáticas, reportajes fotográficos, visitas guiadas, o la puesta en marcha de actividades para colegios entre las que destacan los cuentacuentos y divertidas propuestas como el tiro con arco.

 


LOS PALACIOS Y VILLAFRANCA

 

 

 

 

Los Palacios y Villafranca es un municipio sevillano que actualmente cuenta con un variado y atractivo abanico de posibilidades turísticas que lo convierten en todo un referente de la provincia, gracias principalmente a su exquisita gastronomía, conocida en todo el país por su rica huerta (con el conocido tomate de Los Palacios como principal baluarte) y el altísimo nivel de un buen número de restaurantes y confiterías. Un binomio que cada fin de semana atrae hasta este municipio del Bajo Guadalquivir una cantidad ingente de visitantes amantes del buen hacer de los fogones palaciegos.

 

Un aspecto interesante de Los Palacios y Villafranca es que su situación geográfica ofrece la oportunidad de realizar turismo ecológico y ornitológico de una forma cómoda y económica. Humedales como el Cerro de las Cigüeñas, el Pantano y la Laguna de La Mejorada(conocida popularmente como Lago de Diego Puerta) son bellos espacios naturales en los que se puede observar de manera privilegiada una elevada variedad de aves.

 

Las mejores vistas

 

A todos estos reclamos turísticos se unirá en breve un nuevo e imponente atractivo para el visitante. Y es que el antiguo depósito de agua que antaño daba suministro a Los Palacios y Villafranca, sus pedanías y otros pueblos de la comarca, será dentro de muy poco una torre mirador desde donde poder contemplar las mejores vistas del municipio y apreciar desde las alturas la enorme riqueza natural de su entorno.

 

En una segunda fase del proyecto en la que ya se está trabajando, las cuatro plantas serán equipadas con distinto mobiliario y material expositivo gráfico y pedagógico; y por último, la terraza donde se dispondrán diferentes prismáticos para el disfrute de las vistas a las Marismas y al casco urbano. Con este proyecto se pondrá la guinda a la regeneración de una zona de la localidad que pasará de estar abandonada por completo durante muchos años a contar con un nuevo emblema de la localidad como es esta Torre Mirador de las Marismas.

 


EL PALMAR DE TROYA

 

 

 

 

Es el municipio más joven de toda la provincia de Sevilla, después de que en 2018 terminara el largo y complicado proceso de segregación de Utrera, del que había sido históricamente una pedanía, tiene todo un futuro por delante para escribir, pero eso no quiere decir que El Palmar de Troya no hunda sus raíces en la bruma de los tiempos. En la actualidad es un tranquilo municipio situado en el camino que une Sevilla con Jerez de la Frontera, rodeado de un característico paisaje, pero sólo hay que adentrarse un poco en sus secretos para descubrir cómo estas tierras han sido escenario de una intensa actividad desde época romana y que en la actualidad miran al futuro con la decisión y el descaro propios de un adolescente.

 

Muy cerca del actual emplazamiento del casco urbano de El Palmar, se encontraba la antigua ciudad romana de Siarum, un enclave que muchos especialistas aseguran que podría estar bajo tierra y cuya importancia le llevó incluso a acuñar moneda. Por ello se trata de una zona muy rica en yacimientos arqueológicos, a lo que hay que unir también su importancia estratégica, que la convirtió en territorio importante para la denominada banda  morisca, un conjunto de fortificaciones comunicadas entre sí, que eran vitales para defender estos territorios en la época de las luchas entre cristianos y musulmanes.

 

Caminando hacia el oeste es posible encontrar otro de los grandes atractivos con los que cuenta El Palmar de Troya, que se centra en la laguna de Zarracatín, un entorno natural muy valorado por todos sus habitantes y lugar ideal para la práctica de deportes como la bicicleta de montaña, el running o el senderismo. Se trata de una laguna estacional, una de las lagunas salinas con más superficie de toda Andalucía, que forma parte de un complejo endorreico y que en determinadas épocas del año regala preciosas imágenes a los asistentes, quienes pueden disfrutar del espectáculo inigualable que supone la presencia de cientos de flamencos en la zona. Es una masa de agua que en cierta manera se convierte en una «estación de servicio y descanso» en la que muchas aves hacen una pausa en sus migraciones desde diferentes puntos de Europa hasta el Norte de África. Un punto de la provincia de Sevilla que los amantes del turismo ornitológico no pueden perderse.

 

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Este contenido ha sido desarrollado por Content Studio, la unidad de contenidos de Abc de Sevilla . En su elaboración no ha intervenido la redacción de este medio