El territorio situado entre la Sierra de Aracena, la Sierra Norte y el Valle del Guadalquivir, en la parte más noroccidental de la provincia de Sevilla, constituye la denominada comarca Ruta de la Plata. Es un punto neurálgico que todo viajero debe transitar para conocer la riqueza que atesora esta pieza clave en el cruce de caminos entre Portugal, Extremadura y la provincia de Sevilla.
Desde la antigüedad, una de las principales vías de comunicación de la península ibérica se extendía desde el sur hasta el norte por su zona más occidental. Parte de este itinerario fue aprovechado en época romana para la famosa calzada Vía de la Plata. En época cristiana fue utilizado por los peregrinos que andaban hasta Santiago de Compostela, práctica que se sigue manteniendo hoy día.
EL CASTILLO DE LAS GUARDAS

Si hay algo que caracteriza a El Castillo de las Guardas, es que es el municipio sevillano que cuenta con el mayor número de pedanías. En total son doce: El Cañuelo, Arroyo de la Plata, Archidona, La Alcornocosa, Valdeflores, Las Cortecillas, Peralejo, Peroamigo, La Aulaga, Las Cañadillas, Minas del Castillo y El Pedrosillo. Pero esto es sólo una de las características principales, El Castillo de las Guardas es también un municipio donde el visitante puede combinar tanto su patrimonio cultural como natural, ya que posee un paisaje natural rico en flora y fauna muy diversa.
El Castillo de las Guardas se encuentra al noroeste de la provincia y en ella se ubica el nacimiento del río Guadiamar. Por sus tierras han pasado varios asentamientos históricos. Se han encontrado restos arqueológicos como la sepultura dolménica de La Lapa del Moro. Los Tartessos y los Fenicios también dejaron su huella en este lugar con la explotación de la mina Admirable.
Los romanos también tuvieron una notable presencia por ser un punto estratégico en la Ruta de la Plata. Pero cuando cogió más prestigio, fue en la época musulmana donde el municipio se denominaba Al-Muniat, y no es hasta el siglo XIII cuando pasa a ser territorio cristiano cuando se denomina El Castillo de las Guardas.
Es por su historia y por su belleza natural por lo que es digno de visitar y conocer El Castillo de las Guardas.
AZNALCÓLLAR

Dehesas, campiña, ribera y un suave perfil de la incipiente Sierra Morena anuncian que Aznalcóllar es un destino para la desconexión. No en vano el 75% del término de Aznalcóllar es sierra. Buena parte de este terreno está surcado por lo arroyos y afluentes del Guadiamar, como son el río Agrio; el arroyo Crispinejo, afluente del Agrio y que desemboca en el embalse del primero; arroyo Los Frailes, también tributario del Agrio y a su paso estaba el desaparecido convento de San Miguel del Tardón.
Quienes se adentren en estos confines quizás encuentren algún ciervo, gato montés o jabalí, animales que, junto a los conejos, tejones y liebres forman buena parte de la fauna de Aznalcóllar. Asimismo, destaca la diversidad y abundancia de rapaces como el águila real, culebrera, gavilán, perdiz, etc. Por ese motivo, los amantes de la ornitología tienen un destino idóneo aquí, donde el avistamiento de aves es una actividad popular tanto en la zona de campiña como en la sierra.
Toda esta belleza natural sufrió en 2004 un duro revés debido al incendio de Río Tinto, hecho del que aún se están recuperando sus montes. A pesar de ello, Aznalcóllar ofrece al visitante un amplio abanico de actividades en el medio natural como senderismo y cicloturismo, con la ruta del Corredor Verde del Guadiamar, las que transcurren por el embalse del Agrio, Madroñalejo, Dehesa del Campillo, etc.
Es habitual también en esta zona la recolección de setas ya que es un terreno donde abundan las especies comestibles como el níscalo, el gallipierno, la tana, el tontullo o faisán, entre otros. Y como cita singular, en los meses de otoño es posible acudir a la berrea, el periodo de celo del ciervo rojo, que constituye todo un espectáculo natural. Numerosas zonas recreativas y de merenderos, como el del Pantano, Pino Gordo o la Dehesa del Campillo brindan la oportunidad de tomar un descanso después de tanta actividad.
De su pasado árabe conserva la Torre defensiva medieval entre la Dehesilla y Garci Bravo. Formaba parte de un recinto defensivo más amplio que flanqueaban el Aljarafe. En este enclave se han encontrado restos cerámicos de época romana. La arquitectura religiosa tiene su máximo exponente en Aznacóllar en la Iglesia de Nuestra Señora de la Consolación, construidas sobre un antiguo hospital en el siglo XVIII. De la antigua iglesia, de estilo gótico mudéjar del siglo XIV, sólo queda ya una antigua capilla, denominada «zawiya», ubicada en el cementerio, que cuenta con una talla de la Virgen del Rosario que fue restaurada en 1937 por el imaginero Castillo Lastrucci. Las capillas de la Cruz de Arriba y la Cruz de abajo completan este catálogo de arquitectura religiosa.
GERENA

Por su ubicación entre tres comarcas —el Aljarafe, la Vega y la Sierra Norte— y su cercanía a Sevilla, Gerena fue un importante enclave estratégico en el pasado. Dan fe de ello los restos de una calzada romana y termas en la Fuente de los Caños o en el cerro del Castrejón. Pero sobre todo, la Basílica Paleocristiana de Gerena, considerado el templo cristiano más antiguo de Andalucía. Tiene 1.500 años, y se conservan la planta y la necrópolis. Para conocer el recinto es necesario reservar fecha.
El casco antiguo, en otro tiempo, estuvo amurallado. Aún puede observarse un lienzo de la muralla del siglo I. Muy cerca de este vestigio de la dominación romana se sitúa la Parroquia de la Purísima Con- cepción del siglo XIV, del estilo mudéjar, sede de las hermandades de la Encarnación —Patrona de Gerena— y del Gran Poder.
Hay otros dos templos en la parte vieja: la Capilla de la Soledad, donde reside la hermandad del mismo nombre, y la Iglesia de San Benito Abad, que alberga a la hermandad de la Vera-Cruz. Junto a la Iglesia Parroquial, en la parte más alta del cerro de entrañas graníticas sobre el que se edificó Gerena, encontramos el Palacio del Marqués de Albaserrada, una hacienda del siglo XVII con hermosos patios, y un poco más abajo, el Ayuntamiento, con una doble fila de arcos en su fachada.
Pero Gerena es mucho más que su patrimonio histórico y monumental, ya que la localidad está rodeada de una atractiva naturaleza para realizar diferentes actividades deportivas y de ocio. Los ciclistas de la provincia suelen elegir la zona por sus interesantes rutas, así como los aficionados al senderismo, sobre todo en el entorno del río Guadiamar, donde se pueden admirar bellos paisajes de monte y un antiguo molino de la época musulmana. Fuera del casco urbano también hallamos algunos ejemplos destacados de la arquitectura tradicional andaluza, especialmente el cortijo El Esparragal, construido sobre un antiguo monasterio de los Jerónimos, y hoy reconvertido en hotel.
Asimismo, Gerena cuenta con más de 30 bares, tabernas y restaurantes de gran calidad en los que degustar una variada oferta gastronómica, desde sencillas tapas hasta platos que unen tradición e innovación. Los guisos de la tierra y la carne de caza, así como la repostería casera, constituyen algunas de las propuestas culinarias. La oferta cultural del municipio incluye una amplia programación de ocio en los meses de verano, y teatro, conciertos y exposiciones en el Centro Cívico el resto del año.
EL RONQUILLO

Ubicado en la Sierra Norte de Sevilla, El Ronquillo supone el último pueblo de la provincia de Sevilla por la Ruta de la Plata, lindando con Badajoz y Huelva. Rodeado de naturaleza, este municipio ofrece un destino idóneo para la desconexión. Respiremos pues y adentrémonos en las entrañas de este joven municipio.
Para empezar hay que pararse en su origen. Fue en 1817 cuando el rey Fernando VII concedió la independencia al pueblo, como premio a su lealtad a la Corona incluso cuando el imperio francés luchaba por hacerse con el territorio español. En 1820 aparece el primer acta del Ayuntamiento. Dos siglos han pasado desde entonces, tiempo suficiente para que El Ronquillo se haya convertido en todo un referente de la comarca de la Sierra Norte de Sevilla.
El patrimonio cultural y arquitectónico se dan la mano con el patrimonio natural del municipio para ofrecer al visitante una experiencia completa, rica, variada y divertida, apta para toda la familia. Y es que en El Ronquillo es posible perderse por el arte religioso Barroco o por una antigua cabaña del siglo XVI levantada en el lugar donde se hallaba una cruz de peregrinos de la Edad Media. El primero lo hallaremos en la Parroquia del Divino Salvador, de visita obligada si vamos a El Ronquillo. La segunda se trata de la Ermita de Nuestra Señora de Gracia, pequeña, acogedora y llena de historia.
No pueden obviarse las plazas del municipio. Por un lado la Plaza de España, del siglo XVIII, centro neurálgico de fiestas como el Carnaval, las Fiestas Populares o las Fiestas en Honor a la patrona de la localidad. Por otro lado, la Plaza de la Constitución, antigua plaza de albero donde se jugaba al fútbol e incluso hacía las veces de Plaza de Toros, acogiendo las novilladas locales. Hoy, es otro de los puntos de encuentro y cuna de fiestas y tradiciones como Las Candelarias.
Merece la pena una parada en la Venta El Ronco, una antigua venta de paso para bandoleros de la zona, típicos en la Sierra Morena en aquella época. Data del siglo XVIII y hoy en día sigue siendo una vivienda particular. Característica de El Ronquillo es la antigua Calle del Encuentro (hoy, Carlos Cañal) donde, antiguamente, cuando el municipio estaba dividido en dos barrios, uno de Zufre (el de la Plaza) y otro dependiente de Santa Olalla (el del Carril), las justicias de una y otra jurisdicción se reunían en ella, donde pasaba la línea divisoria de ambos términos para solucionar sus desavenencias.
Legado de ello fue su extensión al ámbito religioso: de cada zona salía una hermandad que recorría por distintas calles el municipio hasta reencontrarse aquí. Completamos la visita a este municipio conociendo su Fuente de Piedra y su Pozo del Roero, un manantial que puede ser anterior al siglo XVI y que ha calmado la sed de numerosas generaciones. Para observar El Ronquillo con un poco de distancia, nada como el Mirador “El Cerrito”, una zona en la que poder descansar, tomar aire y decidir cuál es el siguiente paseo a dar por la zona.