En el corazón de la provincia, en su centro geográfico, muy cerca de la capital hispalense, se eleva sutilmente la comarca de Los Alcores. Su denominación ya nos lo indica: «alcores», es el plural de «alcor», que en árabe se dice «al-gúll» cuyo significado es colina. Pues ahí como si de una colina se tratase Los Alcores otean las tierras que la rodean.
Esta comarca ocupa una superficie de más de 1.400 kilómetros cuadrados (un 10,15% del territorio de la provincia) y forman parte de ella los municipios de Alcalá de Guadaíra, La Campana, Carmona, Mairena del Alcor y El Viso del Alcor. Todos ellos comparten parte de su historia, de sus tradiciones y de su gastronomía.
Vía verde y gastronomía
La Vía Verde es uno de los mayores atractivos turísticos de esta zona. Las antiguas vías del tren que recorrían esta comarca sirven al turista para realizar una ruta circular en la que descubrir algunos de los parajes de esta comarca. Esta vía verde recorre la vega paralela a la cornisa de la comarca, desde Carmona hasta Alcalá de Guadaíra, pasando por El Viso del Alcor y Mairena del Alcor.
Otro de los atractivos turísticos de la comarca es su gastronomía, con un recetario elaborado con productos de la tierra, con guisos de legumbres, verduras y carnes, sopas frías y calientes, o repostería, como máximos exponentes. Adentrarse en Los Alcores es descubrir la historia de las antiguas civilizaciones que poblaron la provincia. Pero también lo es entender cómo estos municipios van avanzando, mirando al futuro con nuevos proyectos.
ALCALÁ DE GUADAÍRA

Para entender bien esos orígenes industriales de Alcalá, asumidos por la ciudad como una seña identitaria innegociable, es preciso retirarnos en el tiempo hasta la Edad Media y la instauración de los primeros molinos harineros en el río Guadaíra. No sabían aquellos pioneros industriales que estaban sentando las bases y la propia razón de ser de toda una ciudad, que no se entiende sin su mundialmente acreditado pan, y que llegó a conocerse como «Alcalá de los Panaderos». Moldeó el río para aprovechar su fuerza para la molienda. Levantó panaderías por la ciudad que le dieron forma y lo llevó a Sevilla, primero en mulos y después en el famoso tren de los panaderos.
Prueba de la industria harinera y de su crecimiento y expansión es el edificio de la Harinera del Guadaíra, que fue en su día referente de la industrialización en el sector y que hoy, felizmente rehabilitado, se ha convertido en un espacio turístico para mostrar esa rica tradición. Una tradición viva en la producción del pan, con reconocido sello de calidad en toda España, y que impulsa la asociación de Panaderos o en las Tortas De Alcalá. Además, los vestigios de esa industria se han convertido también en elementos autóctonos y en focos de atracción para una creciente demanda turística que la localidad sabe canalizar con mimo y orgullo.
Alcalá Futura
Pero si hay que destacar una característica de la Alcalá contemporánea es su mirada hacia el futuro, su apuesta por defender el ADN industrial y expandir sus posibilidades de crecimiento. La transformación de Alcalá de cara a los próximos años está más que estudiada y se articula alrededor del proyecto transversal «Alcalá Futura», que implica el desarrollo de proyectos de gran calado para seguir modernizando la ciudad. Como parte de ella se encuentran las actuaciones a las que dará lugar la iniciativa EDUSI, planificada sobre una financiación de 12, 5 millones de euros. Son proyectos concretos que se articulan en torno a cinco líneas temáticas: Alcalá Accesible e inteligente. Movilidad amable y sostenible. Plan de eficiencia energética y Rehabilitación de edificios municipales. Alcalá, Patrimonio Natural, Histórico y Cultural. Alcalá, Inclusiva y Solidaria.
CARMONA

A pocos minutos de la ciudad de Sevilla se encuentra la egregia villa de Carmona, varias veces milenaria, uno de los principales enclaves poblacionales en el Bajo Guadalquivir desde la más remota antigüedad. Carmona tiene la peculiaridad de sintetizar entre sus calles, como un museo con vida propia, la historia de un territorio cuna del mestizaje de culturas, que descifra el devenir histórico de toda Andalucía. Está situada a 253 metros de altitud sobre el nivel del mar, en el punto más alto de la comarca de Los Alcores, desde el que se observa la inmensa calma de la vega de forma privilegiada, como lo hicieron los primeros colonizadores.
La ciudad en sí es un museo vivo, con sus casas, sus murallas, sus puertas y sus habitantes. Una ciudad que tiene la capacidad de mostrar y narrar el paso del tiempo a través de las piedras de sus múltiples monumentos, las paredes encaladas de sus viviendas y el ambiente especial que se respira en sus calles. Recorrer Carmona es una experiencia única, personal: la de reconocer auténticos retazos de Historia en la ciudad actual. Dejarse guiar por el propio instinto es la mejor manera de adentrarse en este peculiar universo, descifrando paso a paso los mensajes que cada rincón nos transmite.
«La ciudad más fuerte de toda la Bética»
La milenaria Carmona evoca orígenes lejanos, de raíz fenicia. Tartésica y turdetana, antes para pasar a dominio romano posteriormente. Las piedras del bastión de la Puerta de Sevilla fueron testigos mudos del momento en que Carmona comenzaba una nueva andadura, esta vez bajo los designios de Roma. Fue uno de los momentos de esplendor de la ciudad, de la que Julio César llegó a decir que era «la más fuerte de toda la Bética». Visigoda después y más tarde musulmana, la Qarmuna árabe, finalmente la ciudad fue ganada para el cristianismo por el rey Fernando III. Pero Carmona ofrece mucho más que un rico pasado.
La ciudad ha sabido conjugar el ambiente tranquilo y sosegado que se respira en sus calles con la cercanía a la capital sevillana, combinando a la perfección su valioso patrimonio con unos servicios turísticos de la máxima calidad. No es de extrañar que Carmona sea la sede de la Ruta de la Bética Romana o que esté incluida en rutas como la de Washington Irving, uno de los itinerarios del Legado Andalusí, así como en las de Caminos de la Pasión y Vía de la Plata. Añejas casas palaciegas se han reconvertido en establecimientos hoteleros del más alto nivel, haciendo de Carmona un destino turístico imprescindible para todos aquellos que visitan la ciudad de Sevilla o las grandes poblaciones de la zona.
Riqueza popular
La rica oferta gastronómica de Carmona está basada en la típica cocina popular, heredera de la tradición andalusí y mudéjar. En ella tienen especial protagonismo los productos de la Campiña y de su fértil vega, que son la materia prima de suculentos platos. La tradición también está presente en las labores artesanas de ebanistería, restauración y forja, que salta a la vista en los balcones de sus casas, al igual que el trabajo del barro cocido, en el que Carmona destaca por la creatividad de sus artistas, y que se plasma en los pavimentos y solerías de los edificios.
Su marco arquitectónico y patrimonial embellece aún más las imágenes religiosas que procesionan en Semana Santa por sus estrechas calles, recoletas plazas, empinados postigos o la monumental Puerta de Sevilla. Tras el fervor religioso, la más pura diversión es la Feria, que data de 1466, cuando Enrique IV de Castilla concedió a la ciudad el privilegio de celebrar anualmente una feria de ganado.
MAIRENA DEL ALCOR

Si hubiera que señalar un momento histórico para entender la evolución de la fisonomía urbana de la Mairena del Alcor que hoy conocemos, habría que remontarse a mediados del siglo XIV, justo a partir de la cesión del señorío de Mairena, por parte del rey Alfonso XI de Castilla, a Pedro Ponce de León el Viejo, señor de Marchena, segregando dicho municipio de la jurisdicción de Carmona e integrándose a la Casa de Arcos. Momentos en los que confluyen la construcción de la Casa Palacio junto con la Parroquia por los Ponce de León, y la posterior ampliación del castillo, construyendo las murallas exteriores, el foso y las bocas de fuego, lo que podemos señalar como el punto de partida de la actual trama urbana mairenera, una pequeña villa medieval entorno a este núcleo primigenio.
Este núcleo antiguo está patente en la creación de un conjunto patrimonial sustentado en tres pilares. En primer lugar, el antiguo Castillo de Mairena, conocido popularmente como Castillo de Luna y recuperado felizmente como un museo majestuoso que honra la memoria del insigne Georges Bonsor, padre de la arqueología moderna.
Además, a un tiro de piedra se levanta la Casa Palacio de los Duques de Arcos, reconvertida en templo flamenco y cultural para sus miles de visitantes anuales.Esta casa palaciega es la sede del Festival de Cante Jondo Antonio Mairena, la cita universal de Mairena con el flamenco, y en breve acogerá el nuevo Centro de Interpretación del Festival del Cante Jondo Antonio Mairena y la Feria de Abril.
Feriante y flamenca
Porque si hay un elemento cultural e identitario de Mairena que ha marcado su devenir histórico es la Feria de Mairena, de la que han dejado cuenta para la posteridad ilustres nombres, como Washington Irving o Estébanez Calderón, entre otros. Varias veces centenaria y madre de todas las ferias, en ella se cifra la idiosincrasia mairenera por excelencia, y representa de forma unívoca el orgullo de sus vecinos. Cada primavera el pueblo entero se engalana para celebrar esta fiesta declarada Fiesta de Interés Turístico de Andalucía, «primus inter pares» y primera en el calendario de ferias de la región.
Pero no es la única representación cultural que define a Mairena, cuna y piedra angular del cante flamenco como hoy lo conocemos. Mairena tiene el honor de anunciar a los cuatro vientos ser la patria chica del irrepetible Antonio García Cruz, «Antonio Mairena», dueño de la III Llave de Oro del Cante, Hijo Predilecto de Andalucía y cantaor universal. En su nombre, Mairena mantiene viva la llama del flamenco a través del festival que cada final de verano envuelve a la localidad con un rumor de cantes añejos, cita ineludible para aficionados y profesionales del mundo entero. Es la entrada principal de una agenda flamenca que el Ayuntamiento mantiene activa durante todo el año junto a la Casa del Arte Flamenco Antonio Mairena y demás agentes culturales.