Ya sea por ocio o por trabajo, la pandemia ha aumentado el número de horas que pasamos delante de una pantalla. Fijar la mirada en ellas en distancias cortas y no siempre en condiciones idóneas (mala iluminación, sequedad ambiental por calefacción o aire acondicionado, etc.) ha derivado en otros problemas como la fatiga ocular, los dolores de cabeza o malestar general, asociado a la sobrecarga que estamos realizando a nivel visual.
«Cuando estamos frente a pantallas, parpadeamos hasta un 30% menos, lo que propicia el ojo seco, uno de los motivos más frecuentes de consulta al oftalmólogo y que se ha intensificado todavía más durante la pandemia», explica la doctora María Gessa, oftalmóloga y coordinadora de la clínica sevillana Miranza Virgen de Luján. Asimismo, añade, «este exceso de visión cercana, asociado a la falta de actividad al aire libre, también puede contribuir a una mayor propensión al desarrollo acelerado de futuras miopías, especialmente en el caso de niños y adolescentes».
Además de incrementar el síndrome del «ojo seco», una de las dolencias más comunes desde que comenzó la pandemia. «El ojo seco también se ha intensificado por el uso de las mascarillas. Al llevarlas, el aire que exhalamos sube hacia los ojos, aumentando síntomas como sensación de arenilla, escozor, enrojecimiento ocular, lagrimeo, visión borrosa, etc. Por eso, recomendamos la aplicación de lágrimas artificiales sin conservantes para hidratar los ojos y, en caso de que no sea suficiente para aliviar las molestias, consultar al oftalmólogo para realizar un diagnóstico preciso y valorar diferentes opciones de tratamiento, incluyendo novedosas tecnologías, como la IPL o luz pulsada intensa», argumenta la doctora Gessa.
«No sólo se ha disparado el ojo seco, sino que ha aumentado la incidencia de blefaritis, orzuelos y chalaziones, entre otras patologías»
Doctora María Gessa

CIRUGÍA REFRACTIVA, UNA DEMANDA EN ALZA
Pero, entonces, ¿es verdad que el uso de mascarillas ha tenido repercusiones oftalmológicas? La doctora Gessa no tiene dudas: «Sí, las mascarillas son imprescindibles en la actualidad y en las clínicas Miranza lo hemos notado en varios aspectos. No sólo se ha disparado el ojo seco, sino que ha aumentado la incidencia de blefaritis, orzuelos y chalaziones, entre otras patologías».
«Como parte de lo que llamamos el “efecto mascarilla”, también hemos detectado un mayor interés por la cirugía refractiva, ya que, como empañamos los cristales de las gafas constantemente, estas resultan más incómodas y cada vez más personas se plantean otras alternativas, como la corrección quirúrgica de la miopía, hipermetropía, astigmatismo o presbicia con técnicas láser o lentes intraoculares».
Desde Miranza, la doctora María Gessa aporta algunas recomendaciones para cuidar nuestros ojos: «Recomendamos a los pacientes evitar hábitos como frotarse los ojos con frecuencia, exponerse al sol sin protección, abusar de las lentes de contacto, fumar o llevar una mala alimentación y consumir alcohol de forma habitual. Todos ellos son factores de riesgo para el desarrollo de enfermedades oculares».
Además, añade Gessa, «es fundamental conocer los antecedentes familiares de patología ocular para ser más estrictos en la prevención y, sobre todo, acudir a revisiones oculares periódicas. Queremos hacer hincapié en este punto ya que, a raíz de un estudio realizado por Miranza para analizar los hábitos de salud ocular durante la pandemia, entrevistando a oftalmólogos y pacientes, hemos constatado que un 75% de los españoles no ha acudido al especialista en el último año».
Según afirman desde Miranza, «están llegando a las clínicas casos más graves y los pacientes críticos han empeorado su estado visual. Especialmente en personas con enfermedades oculares crónicas o degenerativas, algunas de ellas muy frecuentes, como la Degeneración Macular Asociada a la Edad (DMAE) o el glaucoma. Estas patologías requieren un seguimiento exhaustivo para vigilar si se descontrolan y ajustar el tratamiento a tiempo para prevenir daños mayores que, en muchos casos, son irreversibles», afirma Gessa.
En otros casos, como el de los pacientes con cataratas, aunque la visión perdida sí se puede recuperar, no conviene dejar que la enfermedad avance hasta fases severas. «En el actual contexto de pandemia, nos están llegando pacientes con visiones realmente bajas por esta patología, lo que repercute negativamente en su calidad de vida y hace más compleja la cirugía en el momento en que se acaba realizando. Por ello, también son un colectivo “de riesgo” al que estamos especialmente atentos para ofrecerles solución, aplicando todas las medidas de seguridad en nuestras clínicas», afirma Gessa.
No obstante, aunque estas patologías solo afectan a personas más mayores, tampoco hay que descuidar la salud ocular de los más pequeños de la casa. De hecho, según la doctora Gessa, «es imprescindible prestar una atención especial». «No debemos olvidar que durante la infancia, hasta los 8-10 años, la visión está en desarrollo y conviene seguir de cerca su evolución. El hecho de no acudir a la consulta del oftalmólogo puede impedir diagnosticar ciertos problemas y dificultar o impedir su tratamiento. Algo tan simple como unas gafas no puestas a tiempo en un niño puede derivar en el desarrollo de un estrabismo o una ambliopía (“ojo vago”), una patología que sólo puede curarse en la primera década de vida. Por tanto, a pesar de la excepcional situación que estamos viviendo debido al Covid 19, los oftalmólogos alentamos a no descuidar el cuidado de la salud ocular de toda la familia».