En el último año y en lo que llevamos de este, la sanidad se ha colocado en el centro de la agenda política, económica y social, debido a la sacudida tan fuerte que ha supuesto la pandemia a nivel global. Un tema de total actualidad que ha reunido a diferentes profesionales pertenecientes al ámbito sanitario privado para debatir, por una parte, cómo se ha gestionado esta crisis y, por otra, cuáles son los retos y nuevos planteamientos para seguir evolucionando en este sector.
Actualmente, casi el 30% de la actividad médica en España, tanto quirúrgica como de urgencias, se da en la sanidad privada a través de la cobertura de seguros de salud. Teniendo en cuenta esto, tal y como pone de manifiesto José Antonio Méndez Ferrer, director gerente del Hospital Fátima de Sevilla, «los hospitales privados hemos soportado nuestra cuota de mercado y hemos atendido muchos pacientes COVID, que han venido por su propia póliza de salud y no derivados, ni financiados por la sanidad pública».
El impacto del COVID en los hospitales ha sido muy importante. Así lo atestiguan tanto Méndez como Francisco Vázquez, director médico de la Clínica HLA Santa Isabel de Sevilla. «Ha sido un proceso muy complejo porque al mismo espacio había que darle una funcionalidad doble, con más recursos, y eso hizo que tuviéramos que modificar nuestro sistema de trabajo y nuestra dinámica diaria», apunta Vázquez.
Ambos están de acuerdo en destacar que todo ello ha sido posible gracias a la actitud ejemplar de los profesionales sanitarios, pero también debido a la gran capacidad de adaptación de la sanidad privada y su rápida puesta en marcha de los cambios para que todo funcione como un buen engranaje en una situación tan compleja.
En Sevilla de momento ha habido tres olas. La primera pasó casi desapercibida. «Estuvimos tres meses con una actividad residual, tanto en hospitales públicos como privados, sin posibilidad de ajustar los procesos productivos», explica Méndez y añade, «cuando llegó la segunda ola teníamos la planta organizada, con rotación y teníamos métodos de diagnóstico». Sin embargo, no hubo flujo de pacientes de la sanidad pública a la privada. Al principio, se planteó la posibilidad de «hospitales limpios y sucios» para mantener la actividad quirúrgica programada, pero al final esa idea no siguió adelante. A este respecto, Méndez no entiende cómo «si el hospital de Valme estaba saturado no se derivaban pacientes al Virgen del Rocío cuando este sí tenía espacio».
En esta línea, Vázquez opina que «en una situación de pandemia prescindir de algún área que pueda dar servicio o asistencia a los ciudadanos, es absurdo. No usar la red de farmacias, no disponer de todos los medios que podemos dar las clínicas privadas cuando hay necesidades tan perentorias, es totalmente ridículo». De ahí que, para los hospitales de la sanidad privada en Sevilla la colaboración ha sido esencial. «El trato ha sido muy cercano. Tenemos dotadas unas zonas COVID e intentamos optimizarlas», explica Méndez y ejemplifica, «si tengo diez camas dedicadas a COVID y solo tengo un paciente ingresado y el Sagrado Corazón, por ejemplo, con diez camas previstas tiene catorce pacientes, prefiere derivarme cuatro que tener que abrir una planta completa». Diariamente llevan a cabo este tipo de gestiones entre hospitales privados y los resultados están siendo eficaces.
A extramuros de los hospitales, durante los primeros meses, las farmacias fueron el único centro sanitario directamente accesible por parte de la ciudadanía. Pese a ello, para Alfonso Pedrosa, responsable de comunicación de Bidafarma, «la infantería de trinchera ha estado totalmente desprotegida, los farmacéuticos de calle han estado completamente solos y nuestra labor fundamental durante la pandemia ha sido garantizar los tratamientos de los pacientes crónicos». Tal y como señala Pedrosa, se han articulado algunos mecanismos de colaboración público-privada, como que determinada medicación hospitalaria se trasladase a las farmacias; pero no se ha tenido en cuenta su capilarización en el territorio. «Hay 22.000 farmacias en España, distribuidas por todo el país y disponibles por si quieres vacunar en ellas o hacer pruebas de antígenos y, en cambio, estamos en una pelea extraña en cuanto a las competencias», apunta Pedrosa.
Mercado enloquecido
Además, al principio, con respecto al material sanitario, hubo una burbuja de precios brutal. «Hemos multiplicado por cuatro el gasto en material de protección e higiene con menos actividad», indica Méndez. En Bidafarma, se tuvo que adjudicar presupuesto a traductores jurados para los certificados de China. «Emergieron bandas de carroñeros que querían aprovecharse de la situación con la aparición de proveedores totalmente ajenos al sector», recuerda Pedrosa.
Con relación a las pruebas diagnósticas se comenzó con los test rápidos que no daban mucho valor a los resultados. «Hasta que llegamos a la fase de diagnósticos certeros, en los primeros momentos nos teníamos que guiar por un TAC de tórax y un test rápido positivo», comenta Vázquez. «El TAC de tórax se tenía que haber establecido como protocolo, pero eso significa poner en marcha muchos recursos», añade Méndez.
Plan de emergencia
Tras el verano, la Consejería de Salud publicó un contrato de emergencia que se apoyó en la sanidad privada para intentar aliviar la lista de espera. Esta se había vuelto a colapsar debido a la suspensión de prácticamente toda la actividad quirúrgica en los hospitales públicos. En la tercera ola, este contrato de emergencia se ha extendido hasta el 31 de diciembre. «Tiene una gestión administrativamente mejorable, pero está funcionando. Es un apoyo también a la sanidad privada para compensar parte de la bajada de actividad enorme que tuvo durante un periodo. La comunicación es mucho mas fluida que antes. En la tercera ola hemos tenido pacientes COVID de la pública circunstancialmente porque tenían mucha presión», comenta Méndez.
«Esto se desatasca en cuanto los gestores públicos entiendan que no es ningún problema dialogar funcionalmente con la privada. Y esto no significa que se estén desviando recursos de lo público», opina Pedrosa. «El plan de emergencia está siendo eficaz. No tiene costes añadidos y está aligerando las listas de espera. Eso es un camino abierto para que esa colaboración público-privada se mantenga. Un país como España donde un 30% utiliza la sanidad privada, no puede vivir y crecer desconociendo ese porcentaje», expone Vázquez.
Innovación tecnológica
La tendencia en sanidad va orientada a que cada vez haya menos hospitalizaciones, la estancia media sea menor y que, por tanto, cada vez se necesiten más quirófanos, más medios complementarios y más medios diagnósticos. En esta línea, Méndez explica que «el diagnóstico hoy en día es clave». En Sevilla hay cuatro hospitales privados con resonancia magnética de 3 Teslas que es capaz de ver un tumor milimétrico y hace diagnósticos avanzadísimos en temas cardiacos o cerebrales.
«Aquí la pública tiene más resistencia porque el parque tecnológico se le va quedando obsoleto, no hay renovación. En camas la pública supera a la privada, pero en tecnología ocurre lo contrario», continúa Méndez. «Hay que tener la suficiente flexibilidad para seguir adaptándose a los retos que nos vayamos encontrando porque no sabemos qué será lo próximo en venir. La colaboración público- privada es indudable y en esa línea tenemos que continuar porque no podemos prescindir de todos los medios que tenemos», opina Vázquez.
«La gran innovación de grandes equipamientos hay que orientarla a la eficiencia o no tiene sentido. Tecnologías disruptivas no se sabe si llegarán, pero los contextos tecnológicos ya están», añade Pedrosa.
De cara al futuro
«La colaboración público-privada se tiene que mantener, pero también hay que incorporar las medidas de innovación adecuadas para dar un servicio a nuestros pacientes con la máxima seguridad y eficacia, bien coordinados», opina Vázquez. Méndez se muestra más escéptico. «Creo que esto se nos va a olvidar en cuanto nos vacunemos y se quedará como un mal recuerdo». «Desde el punto de vista público, se va a quedar igual, y nosotros vamos a seguir siendo un proveedor muy pequeño. Puede que haya fusión de grandes grupos hospitalarios que llegarán a ser un target importante para concertar a nivel global», estima este profesional.
«Una situación disruptiva no creo que vayamos a vivir porque la naturaleza nos protege de los traumas, pero un cambio de rumbo sí que lo veo», piensa Pedrosa. En el sector farmacéutico lo que cree que ha cambiado ha sido la noción de interdependencia. «No se puede humanizar la sanidad con cinco años de lista de espera», apunta Méndez y finaliza comentando que «mover el sistema es complicado, pero está claro que hay que reconvertirlo». Para Pedrosa la clave es que la sociedad se está moviendo y no espera. «Un hecho sociológico fundamental es la migración silenciosa de las clases medias a la privada y eso no han sabido verlo en la sanidad pública», concluye.