La formación dual, aquella que tiene lugar entre el aula y la empresa, incrementa en hasta 4 puntos la opción que tiene un universitario en encontrar su primer empleo antes de los 6 primeros meses tras finalizar sus estudios. Con vistas más a largo plazo, la formación académica en empresas reduce casi 8 puntos las opciones de estar desempleado a los 4 años de acabar su carrera.
Esta es una de las principales conclusiones que se extraen de los Observatorios UNIA. Un proyecto impulsado por la Universidad Internacional de Andalucía que acaba de dar a conocer dos nuevos estudios, donde disecciona las claves para la empleabilidad de los egresados andaluces.
De la mano de EY Insights y de la Fundación ISEAK, la Internacional de Andalucía amplía su línea de informes prospectivos centrada en los nuevos perfiles profesionales. Así, al análisis de las demandas laborales de mayor futuro y sus habilidades asociadas, presentado en 2019, en esta ocasión se suman dos nuevas facetas: la formación de posgrado dual y los factores para la inserción laboral de los universitarios.
Con ellos, la institución busca aportar información de valor que sirvan «de brújula en el diseño de nuevos programas universitarios e incardinarlos en el núcleo de las principales demandas sociales y productivas», según palabras del rector de la UNIA, José Ignacio García.

Algo que toma especial significado en un contexto laboral, donde el desempleo juvenil tiene una tasa del 35% y donde el 21,7% de los empleos está en riesgo de desaparición por la robotización. «La digitalización está afectando a muchos puestos de trabajo, donde más de 1 de cada 3 empleos experimentará cambios sustanciales en sus tareas, por lo que hay que adaptar las competencias de los trabajadores», apunta Juan Pablo Riesgo.
Este economista ha sido el responsable del primero de los informes, que aporta una comparativa entre el modelo dual español y europeo. Una fórmula aún muy incipiente en la educación superior pero que, como avanzó en el acto de presentación Rogelio Velasco, consejero de Transformación Económica, tomará forma en el futuro Decreto de Ordenación de las Enseñanzas Universitarias en Andalucía que ultima su departamento.
Los pilares para desarrollar la fórmula dual, ya vigente dentro de la Formación Profesional, los aporta el estudio firmado por EY Insights. Analizar la dimensión de su alcance sería el primer aspecto a considerar, puesto que «no todo puede ser dual, ya que ni el sistema educativo ni el empresarial lo podría soportar», subraya Riesgo.
Para la implicación del tejido productivo sería fundamental la creación de incentivos que anime a asumir el esfuerzo, la divulgación de sus beneficios, así como adaptar la legislación laboral a un contrato laboral en formación acorde con el modelo dual. La formación del profesorado en la empresa y la universidad, además de la planificación de las competencias, suponen los otros aspectos a asumir.
Competencias laborales
En colaboración con ISEAK, los Observatorios UNIA realizan una aproximación a las competencias, ocupaciones y la inserción laboral de los universitarios, que estuvo introducido durante su presentación por el viceconsejero de Empleo, Formación y Trabajo Autónomo, Miguel Ángel García.
En este sentido, defiende «la formación y la investigación» como las mejores herramientas para atender el reto que supone «un mayor nivel de competitividad con más países que, en el uso legítimo de sus inquietudes, también quieren progresar en el mundo».
Sobre ello, uno de los principales productos del estudio es un ranking de las aptitudes más valoradas en el mercado de trabajo español, donde el manejo de la información destaca tanto de manera específica, como transversal a las distintas ocupaciones.
Con ello, el análisis de datos, la recopilación de información y la ejecución de investigaciones conforme a ellos son tres de las facetas que mejor favorecerán la empleabilidad, por ser de gran interés en el desempeño profesional.
Junto a ellas, además, destacan otros dos grupos de competencias. Por un lado, la comunicación, la colaboración y la creatividad, a través de aplicaciones como el desarrollo de redes profesionales, la coordinación de proyectos o la capacidad de prestar asesoramiento. De otro lado estarían las habilidades de gestión, donde destacan planificar, programar, desarrollar objetivos o estrategias, así como guiar o motivar.
Lucía Gorjón, coautora del trabajo junto a Ainhoa Osés y Sara de la Rica, subraya que «se demanda sobre todo competencias cognitivas, ni manuales ni rutinarias. Son muy humanas y difícilmente automatizables, complementarias al avance tecnológico, con lo cual son buenas noticias para el colectivo universitario, si bien es importante que se refuercen desde la formación superior».
Así, el informe apunta que en la mayoría de las ocupaciones a las que acceden los graduados universitarios se requieren las competencias más demandadas. Algo que adquiere una magnitud mayor en las áreas de estudio mejor alineadas con el empleo, como son las ingenierías, la arquitectura, las ramas de la salud y las ciencias biológicas.
Para más información entra en unia.es/observatorios/