Tras la pandemia han aumentado el número de personas con enfermedades mentales, entre los cuales se encuentran los Trastornos de Conducta Alimentaria (TCA), que cada vez aparece a edades más tempranas. En Ita, una red especializada en salud mental referente en España, cuentan con centros especializados en diferentes tipos de trastornos, entre los cuales se encuentran los alimentarios, que abordan con un equipo multidisciplinar formado por psicólogos, psiquiatras, nutricionistas, médicos, educadores sociales e integradores sociales, adaptando la intervención a las necesidades y circunstancias de cada paciente.
Para ello cuentan con unidades especializadas en salud mental del adolescente, USMA, centros de hospital de día, consultas externas y centros de atención hospitalaria 24h. Una de estas unidades especializadas es Ita ABB Sevilla Vidrio, al frente de la cual está Diego Solano, director y especialista en TCA.
¿Qué tipo de trastorno tratáis en el centro?
En Ita ABB Sevilla Vidrio trabajamos principalmente los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) tanto en población adolescente como en población adulta, así como todas aquellas patologías que son derivadas de estos problemas como trastornos de personalidad, depresivos, de ansiedad, complejos, etcétera.
En vuestro centro ofrecéis servicios especializados para tratar el TCA tanto en adolescentes como en adultos. ¿Cómo se enfoca la terapia en cada una de las poblaciones?
Lo primero que hacemos es realizar una exploración diagnóstica de inicio para el paciente. En este primer contacto un equipo multidisciplinar realiza la valoración a través de diferentes pruebas y de tests. Tras esto establecemos los índices de gravedad que tiene cada paciente. También valoramos la patología y cuál sería el tratamiento que más le conviene, de manera individualizada. En función de estos parámetros (gravedad, conciencia de la enfermedad, nivel de lenguaje, contexto social, etc.) establecemos la intervención, que se organiza en seis niveles, desde el ingreso para pacientes agudos, a abordajes 24 horas o consultas externas.
Son patologías muy complejas y las familias necesitan recursos para saber cómo gestionar las crisis de sus allegados
Para ello contamos con dos unidades, una unidad de adultos y una unidad de adolescentes, además de hospitales de día conforme va bajando el nivel de gravedad. Es ahí cuando ya empezamos a trabajar con la familia, muy importante en el proceso de recuperación del paciente. De hecho es fundamental el abordaje familiar porque son patologías muy complejas y las familias necesitan recursos para saber cómo gestionar las crisis de sus allegados. Y ya cuando el paciente tiene patologías más leves o moderadas empiezan los programas ambulatorios, con grupos externos, a los que vienen dos o tres tardes, terapias de grupos, o sesiones online para pacientes que son de fuera de Sevilla. El proceso va a depender del trabajo terapéutico del paciente, la gravedad y el nivel de colaboración externa de la familia en la recuperación.

¿Qué es lo más importante para vosotros a la hora de abordar este problema?
El problema de las patologías alimentarias es que son multicausales y en su recuperación necesita haber un abordaje multidimensional. El paciente que tiene un problema con la comida, está intentando resolver otros conflictos emocionales, como pueden ser traumas complejos, situaciones de estrés mal gestionadas, conflictos familiares, historias de abusos que han buscado en el cuerpo y en la comida el lugar en el que sentirse seguras o donde creen que se van a encontrar mejor consigo mismas.
Es por ello que el abordaje terapéutico tiene que ir en función de cuál es el trasfondo de cada persona. En ocasiones va a requerir terapias familiares, intervención en trauma, trabajo psicosocial de reinserción del paciente en su contexto educativo y laboral. Por lo tanto, los tratamientos nunca van a ser con un solo profesional, sino un equipo que constantemente va a ir trabajando todas las esferas del paciente porque es una patología que puede afectar al ámbito social, familiar, de estudios o de trabajo interpersonal. Lógicamente en pacientes adultos se va a trabajar más con la familia constituida y en adolescentes con la familia de origen.
¿Hay algún perfil de paciente en general?
Hay muchos perfiles. Están, por así decirlo, los perfiles más exigentes, más rígidos, con tendencia a un pensamiento más obsesivo, que tienen características de personalidad como baja tolerancia a la frustración cuando las cosas no salen como ellos esperan; que les cuesta mucho expresar sus emociones; que tienden a buscar la perfección y que son tendentes a la anorexia nerviosa. Y luego están los perfiles más impulsivos y ansiosos que toleran poco los tiempos, que les cuesta mucho la toma de decisiones, que son clarificadores y que tienden a la bulimia o a los trastornos por atracón.
De cualquier modo los rasgos de personalidad mencionados son un factor más que pueden facilitar que una población caiga en esta patología. También están los factores desencadenantes, como ha sido la pandemia porque es una situación muy estresante y difícil de gestionar. Y luego están los factores mantenedores, aquellos factores que se dan en los sistemas familiares y que hacen que seguir estando enfermo sea algo que tiene beneficios secundarios para los pacientes. Por eso lo importante es intentar abordar todos estos factores de manera personal en cada caso.

¿Podríamos decir que a causa de la pandemia ha aumentado el número de estos trastornos en la población?
Sí, sobre todo en dos grandes grupos: en adolescentes de entre 13 y 16 años y en jóvenes universitarios. La pubertad es una etapa ya de por sí compleja para los jóvenes. Un momento expansivo para conocer el mundo, socializarse, relacionarse y generar vínculos entre iguales. Por eso estar encerrados les afectó muy negativamente.
Uno se olvida de sus problemas reales y se acaba centrando en el control del cuerpo como única solución
Y luego también en jóvenes ya en edad universitaria, que terminan su carrera y a los que la pandemia ha dificultado la inserción laboral, tener un proyecto profesional propio y poder despegar como adultos, incidiendo igualmente en su salud mental y su relación con la comida o con su cuerpo. Hay que tener en cuenta que son momentos claves en que la adaptación al medio es importante y los mecanismos adaptativos de cada persona van a hacer que se adecuen mejor o peor. Los TCA juegan con la idea mágica de que ‘cuando sea más delgada seré más feliz, me sentiré más segura, me querré más y todo irá mejor’. Uno se olvida de sus problemas reales y se acaba centrando en el control del cuerpo como única solución a sus conflictos emocionales.
¿Cuáles son los signos de alarma que las familias deben identificar?
Hay señales como que las chicas, que son el 90% de los pacientes con TCA, están más encerradas en sí mismas, presentan más dificultades al expresar sus emociones, tienen cambios de humor o les prestan muchísima más atención a los hábitos alimenticios. Se trata de una gestión emocional que genera conflicto, incluso en situaciones muy normales, pero que se viven con excesiva intensidad.
¿Cuáles son las claves del servicio que ofrecéis en Ita Sevilla con respecto a otros centros?
Hay varias claves importantes, una es la diversificación de recursos. Al final, al tener seis niveles de tratamiento diferentes, tenemos una alta capacidad de adaptarnos a cada contexto del paciente, tanto del contexto vivencial, social, relacional y de gravedad; también influye el sitio, ya que nosotros aquí en Sevilla recibimos pacientes de otras partes de España y pueden hacer tratamientos tanto en programas online como a nivel de ingresos; otra clave es la especialización, somos una unidad muy especializada en estas patologías y esto ha hecho que con la experiencia de años cada vez tengamos mejores recursos y un equipo altamente formado y comprometido con los pacientes.; y finalmente el trabajo multidisciplinar, puesto que no solo trabaja un equipo de psicólogos, sino también de psiquiatras, nutricionista, médicos y terapeutas atendiendo tanto a los pacientes como a las familias.
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