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El pasado mes de mayo la Organización Mundial de la Salud (OMS) advertía de que, en Europa, el 59 por ciento de los adultos y uno de cada tres niños en edad escolar presentan exceso de peso u obesidad. Además, el organismo pronosticaba una tendencia al alza si no se tomaban medidas.

 

Detrás de la mayoría de las personas que tienen este problema y que pasan por la consulta del doctor Alberto Aliaga Verdugo, responsable del Área de Endocrinología del Centro de Excelencia en el Tratamiento de la Obesidad, suele haber un desorden de hábitos alimentarios y sedentarismo. «Aunque es mi labor como médico evaluar que otros posibles factores: genéticos, biológicos u hormonales pueden subyacer tras esta patología, así como las consecuencias sobre su salud […]».

 

Alberto Aliaga Verdugo, responsable del Área de Endocrinología

 

Sea cual sea el origen de la obesidad, los problemas que acarrea giran en torno a tres esferas: «La puramente física, desde problemas osteomusculares a relacionados con el metabolismo de la glucosa -lo que llamamos diabetes-, tensión arterial, colesterol alto, apnea del sueño, infertilidad y disfunción sexual, e, incluso, el mayor riesgo de padecer algunos tipos de cáncer. Después, hay que prestar atención a la parte psicológica, ya que los pacientes tienden a presentar baja autoestima, ánimo triste y ansiedad, así como frustración por los intentos de pérdida de peso previos sin éxito. Y, por último, está la repercusión social, porque, de alguna manera, hay una clara estigmatización de las personas con obesidad», explica Aliaga.

 

Por ello, la consulta del endocrino es el primer paso al llegar a centro médico, pudiendo de este modo ser evaluada la magnitud del problema en cada paciente. Con el diagnóstico en mano, se establece un plan terapéutico y objetivos a perseguir. Es en este punto donde entra en juego el resto del equipo: «Se fija un seguimiento por parte de las unidades de Nutrición, Psicología y/o Actividad Física, que son los tres pilares básicos. Si es necesario, también se determina la necesidad del uso de tratamiento farmacológico o, en casos de obesidad grave, la valoración por parte del cirujano bariátrico. Primero, ofrecemos un plan inicial y lo trabajamos con el paciente, y en base a la evolución planteamos el siguiente escalón terapéutico».

 


Primer pilar: la nutrición


En la Unidad de Nutrición, el especialista se encarga de analizar la historia clínica del paciente, estudiar los puntos de mejora en los hábitos alimenticios, diseñar una dieta personalizada, examinar el metabolismo basal con la ayuda de una calorimetría indirecta, valorar la composición corporal con impedaciometría bioeléctrica de alta frecuencia y analizar diferentes parámetros bioquímicos, adecuando la dieta a posibles comorbilidades asociadas que pueda tener, como colesterol, triglicéridos, diabetes o hipertensión arterial.

 

Felipe del Valle Pascual, coordinador de la Unidad de Nutrición

 

Para Felipe del Valle Pascual, coordinador de la Unidad de Nutrición, «el quid de la cuestión es concienciar al paciente de un cambio de hábitos, para ello no buscamos que el paciente experimente un cambio drástico, sino que sea un cambio progresivo pero duradero en el tiempo, relata el nutricionista, que hace una clara distinción entre los pacientes quirúrgicos y los que no los son.

 

En el caso de quienes no se van a someter a ninguna cirugía, el objetivo es, según Del Valle, «hay diferentes estrategias: ajustar el balance energético, diseñar un plan estratégico y personalizado apto para cada paciente, adquirir nuevos hábitos nutricionales, y sobre todo procurar que no le cueste trabajo».

 

Por su parte, los pacientes que van a someterse a una cirugía, «primero tienen que seguir una dieta de unas características concretas durante un tiempo, cuyo objetivo es disminuir el peso y el volumen hepático antes de la cirugía para facilitar la técnica quirúrgica»: «La ventaja es que contamos con un equipo multidisciplinar, por lo que el abordaje es completo desde todas las áreas implicadas. El contacto con el paciente es muy cercano, tienen un manual con todas las fases y las instrucciones que tienen que seguir en cada una de ellas. En las dietas postquirúrgicas cobra mucha importancia el aporte proteico y vitamínico, para ello hemos diseñado unos suplementos proteicos y vitamínicos de excelente calidad para limitar la pérdida de músculo.

 


Segundo pilar: el ejercicio físico


Adriana Núñez Hermida, licenciada en CCAFD

 

En esto insiste también la licenciada en CCAFD Adriana Núñez Hermida: «Programamos un entrenamiento metabólico, de fuerza y alta intensidad al que se le añade algo de cardio. Buscando acelerar el metabolismo y hacer que la quema de grasa sea más efectiva, así, convertir la grasa en masa muscular». A medida que avanzan, se modifica el programa «tanto en intensidad como en duración siempre de manera gradual y variada». Sin embargo, para quienes van a someterse a una cirugía, el sistema cambia: «Se les prepara para la intervención con un entrenamiento más centrado en la resistencia, en el aspecto cardiovascular, muchos de ellos tienen respeto a la operación y eso les da más tranquilad», relata la preparadora física.

 

Para lograr sus objetivos, Núñez Hermida asegura que disponen de «una sala de entrenamiento funcional con máquinas de última generación: un ski, bicicletas, mancuernas, barras, discos, sistema de luces para la aceleración …». La entrenadora afirma, además, que, al principio, lo que más les suele costar a los pacientes es «engancharse, porque no están nada acostumbrados a hacer deporte» y que, una vez que superan sus barreras, «se les dan pautas para que sean constantes, se les intenta inculcar la perseverancia, se les ayuda a buscar un centro que tengan cerca de casa, cualquier actividad, se le dan muchas opciones».

 


Tercer pilar: el apoyo psicológico 


Paloma Carrasco, responsable de la Unidad de Salud Mental

 

Por su parte, Paloma Carrasco, responsable de la Unidad de Salud Mental, afirma que los pacientes llegan con la idea errónea de que adelgazar será un camino muy sacrificado y de gran esfuerzo personal, pero lo cierto es que se trata de ir descubriendo que cambiar de estilo de vida, y desarrollar unos hábitos más saludables, les beneficia enormemente. Aunque no podemos generalizar y una de las claves del éxito es la individualización del tratamiento, algunas de las creencias equivocadas que aparecen en la consulta suelen ser la concepción de que «el ejercicio es solo para los que quieren ser deportistas, por lo que desarrollan un estilo de vida sedentario sin conocer las malas consecuencias que, en general, esto conlleva para la salud, física y mental».

 

Otras ideas erróneas que suelen aparecer en los pacientes, originadas por un mal aprendizaje desde la infancia, es la de que comer mucho es más placentero que comer lo adecuado» o de que «la comida ‘verde’, la más sana, solo se toma para adelgazar y no está rica». Además, “la mayoría de estos pacientes manifiestan síntomas ansiosos que acaban relacionando con la comida y que los lleva a   desarrollar conductas compulsivas y un deterioro de la autoestima».

 

Para zanjar el problema, «el paciente cuenta con un conjunto de sesiones de psicología en las que puede y debe venir acompañado por el núcleo familiar para que el cambio se haga en conjunto y no se sienta solo en el proceso», explica Carrasco, que agrega: «Trabajamos un mayor conocimiento de uno mismo y desarrollamos pautas para la gestión de la ansiedad y la mejora de la autoestima […] Es importante que además de encontrar la motivación en la reducción de talla, en el espejo o en el refuerzo que los demás te dan cuando te ven mejor, las personas vayan sintiendo que su cambio les hace sentirse mejor realmente, no solo por la imagen, sino por todos los beneficios que conlleva tener un peso más adecuado». La psicología clínica también se encarga, en buena medida, de valorar si los pacientes son aptos para la cirugía de la obesidad.


La cirugía más avanzada


Salvador Morales Conte, responsable del Centro de Excelencia y jefe de Cirugía del Hospital Quirónsalud Sagrado Corazón

 

Para someterse a una intervención de cirugía bariátrica, los pacientes tienen que cumplir una serie de indicaciones. En primer lugar, deben tener un Índice de Masa Corporal (IMC) por encima de 35 kg/m2, señala Salvador Morales Conte, responsable del Centro de Excelencia y jefe de Cirugía del Hospital Quirónsalud Sagrado Corazón, que añade: «aunque también estaría indicado operar a personas con un IMC de entre 30 y 35 kg/m2 si tienen un síndrome metabólico de difícil control o si tienen reflujo gastroesofágico». También es necesario obedecer a otra serie de requisitos: tener entre 18 y 65 años, (aunque hemos operado algún paciente adolescente y pacientes de hasta 72 años que tenía un excelente estado de salud), haber intentado perder peso antes por otros medios sin haberlo logrado, no presentar problemas psicológicos severos, no ser drogodependiente ni alcohólico, no tener una discapacidad mental sin apoyo familiar, no tener una enfermedad cardiaca, renal o hepática muy grave, así como, si se es paciente oncológico, estar controlado y libre de enfermedad; además, se debe mostrar que se ha comprendido en qué consiste la cirugía y que se tiene compromiso con ella.

 

Las dos técnicas más aceptadas a nivel internacional son, explica el cirujano, el bypass gástrico y la gastrectomía vertical, conocida como manga gástrica o ‘sleeve’ gástrico. El bypass es la operación más estándar, la que tiene más recorrido y ha demostrado que garantiza un mayor control de la pérdida de peso al largo plazo; «está indicada para pacientes obesos, especialmente en aquellos con un síndrome metabólico de difícil control, y en pacientes que presentan un reflujo gastroesofágico o una hernia de hiato», aclara el doctor, que asegura que esta técnica, sin embargo, no está recomendada para quienes «tengan un IMC muy alto, o sea, por encima de 60 kg/m2, o consuma medicación en la que la disminución de la absorción pueda influir». Por su parte, «la manga está destinada a ‘superobesos’, así como a pacientes con alto riesgo quirúrgico-anestésico o con edades extremas, es decir, muy jóvenes o muy mayores, mientras que está contraindicada para personas que tienen reflujo gastroesofágico o una hernia de hiato». El médico asegura que, se elija el tipo de intervención que se elija, todas se realizan por la vía laparoscópica, que «garantiza una recuperación más rápida y con un índice bajísimo de complicaciones, muy cercanas al 0%, gracias a la experiencia del grupo de cirujanos y las innovaciones tecnológicas que posee el grupo en quirófano, disminuyendo el abordaje laparoscópico los problemas asociados con las heridas quirúrgicas, tales como infecciones o hernias».

 

Morales subraya que en Quirónsalud dominan muchas técnicas quirúrgicas, en contraposición con otros sitios, donde solo tienen una, ya que no están preparados para realizar técnicas más complejas; esto les permite «elegir la más adecuada para cada paciente, ofreciéndole al paciente lo que realmente necesita». Además, hace hincapié que el centro dispone de las últimas tecnologías y que el equipo posee una amplia experiencia, habiendo participado en las reuniones de consenso internacional para el manejo de este tipo de pacientes. Se trata de una postura con la que coincide Aliaga: «Nuestro factor diferenciador es, primero, que tratamos a los pacientes desde una visión muy científica, huimos de las modas, de un método único y exclusivo, lo que hacemos está avalado por estudios científicos y de la medicina occidental. Además, somos un equipo humano muy unido y cercano a los pacientes. Y, luego, tenemos acceso a todos los tratamientos disponibles para tratar la obesidad, desde el puramente médico, sin ninguna otra herramienta, hasta la posibilidad de suministrar fármacos, pasando por la aplicación de técnicas o la propia cirugía […] el paciente sabe que está en buenas manos. Tenemos un gran abanico de tratamientos disponibles con aval científico y con un alto grado de cercanía y empatía».

 


El inicio de una nueva vida


Por último, el equipo no se olvida del paciente cuando este ya no tiene obesidad. Aliaga afirma que se realiza un seguimiento con «programas cerrados de diferente duración, desde pocos meses hasta un año o año y medio»: «Una vez que lo hemos reeducado y le hemos dado las claves necesarias para mantener lo que ha logrado, le recomendamos que nos visite con cierta periodicidad o que tenga seguimiento únicamente con el especialista que más le pueda ayudar, como el nutricionista o la psicóloga, si vemos que alguno de esos es su talón de Aquiles. Le invitamos a que regrese cada vez que lo necesite». A esto, carrasco añade: «El paciente siempre puede volver a contactar con nuestros servicios, ya sabe dónde encontrarnos».

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