Mª Reyes Martos (Sevilla, 1959) lo tiene claro. Ser médico es algo más que tener un título colgado de una pared. Esta médico sevillana que vivió en Barcelona hasta los 16 años es desde hace más de dos décadas el corazón que mueve el ala sanitaria del centro de mayores Reifs Utrera.
Mientras estudiaba medicina trabajaba como auxiliar de enfermería, trabajó haciendo rotaciones en casi todas las especialidades, pero las que más le gustaban eran aquellas donde los pacientes estaban más tiempo. «Para mí lo fundamental es poder establecer una relación cercana y de confianza con el paciente, nunca me han gustado las urgencias», afirma. Además, cuenta que el suyo no es un trabajo de quita y pon. «Hay una diferencia entre ser médico y haber estudiado medicina porque el médico lo es el lunes a las 12 de la mañana y el sábado a las cuatro de la madrugada».

De izquierda a derecha: Belén y María (trabajadoras sociales), Reyes y Antonio (director del centro) frente a la entrada del centro Reifs Utrera.
Con esa metodología atenta, dedicada e incansable, Reyes ha conseguido ser el referente de un servicio de atención a personas mayores referente en Utrera. Por su ojo clínico pasan pocas cosas desapercibidas. «Ahora todo es más fácil aquí en la residencia, porque contamos con un equipo de muchos perfiles profesionales: terapeutas ocupacionales, fisioterapeutas, enfermeras… Cada perfil aporta su capacidad técnica».
Su principal batalla cuando alguien le pregunta por su trabajo siempre es intentar que la sociedad entienda que para ella «las residencias deben ser casas grandes y no hospitales pequeños». El suyo, dice, es un trabajo cercano, humano y que pone el acento en las atenciones de larga duración. «Por supuesto que podemos responder ante ciertas urgencias, pero nunca podremos ser hospitales, a cada cual, démosle lo suyo».
Por esa férrea determinación y pasión en su trabajo, Reyes define bien a su organización. En Residencias Reifs son, como Reyes, andaluces comprometidos con el bienestar de nuestros mayores. Desde Reifs aprovechan esta ocasión para felicitar a esta compañera: «¡Mil gracias y a por otros veinte años!