Un accidente ocurrido hace más de medio año provocó que un tráiler desparramase miles de botellas de plástico con agua mineral en la cuneta de la autopista a Mérida, por fortuna sin daños personales. Aunque, desgraciadamente, las botellas quedaron abandonadas durante meses sin que nadie se preocupase por ellas una vez limpia la calzada. Es entonces cuando Enrique Herrero, el profesor sevillano conocido como Quique Bolsitas, decide acabar con ese problema medioambiental.
Cada vez que tenía un hueco se ha desplazado a recoger, con ayuda de otras personas voluntarias, las botellas para que fueran a un punto de reciclaje adecuado. Un trabajo duro y solitario en muchas ocasiones. Hasta que una empresa sevillana, Kaura, decidió echarle una mano. Esta firma se dedica al rendering, es decir, logra nuevos usos de una materia cárnica que antes se desechaba en los mataderos, convirtiendo estas partes de animales en harina, grasa y agua. El reciclaje no es una opción, sino que es el mismo objeto de la producción de Kaura, líder regional del sector, cuya factoría está cercana al lugar del accidente.

Quique y su equipo ya no lo hacen solos. Con un vehículo todoterreno y las manos que algunos empleados de Kaura voluntarios ofrecen, la tarea va mucho más rápido. Y no sólo se recicla ya el plástico. El agua de las miles de botellas que quedaron llenas no es apta meses después para el consumo humano, pero sí para regar. Un depósito va almacenando esta agua recuperada de las botellas para regar el olivar que rodea a la fábrica de Kaura en Salteras. Olivos rescatados que producen un aceite utilizado como obsequio por la empresa.
El trabajo de Quique Bolsitas y varios empleados de Kaura no es menos duro cuando el sol pega fuerte, pero se palia gracias al objetivo de echar una mano con acciones directas en la salud ambiental de la comarca, que es lo mismo que decir del planeta.

Las cifras de Kaura explican su producción vía reciclaje. Más de 150.000 toneladas de residuos cárnicos al año transformados en materias primas para alimentación animal y biocombustibles. Y, a la par, en la tarea de acabar con lo que queda de una salida de vía de un tráiler cargado de botellas de agua. Un trabajo de hormiguitas, pero con una extraordinaria recompensa.