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Vestirse de nazareno para acompañar a las procesiones es un ritual cultural y profundamente espiritual que debe ser accesible a todo el que sienta la necesidad de hacerlo, por eso, empresas como Don Fadrique, trabajan todo el año para cumplir el sueño de muchos cofrades y mantener viva la llama de una de nuestras tradiciones más ancestrales.

 

Si nos retrotraemos a la época de Jesús encontramos que los ropajes más utilizados eran túnicas largas hasta los tobillos y con mangas. A veces acompañadas por un cinturón de cuero o tela. En las gentes del pueblo llano eran sencillas, elaboradas de materiales como lino, lana y pelo de animales. Las de los más pudientes o ricos constaban de otras piezas, que estaban realizadas con telas más costosas, como la seda, y adornadas con hilos brillantes o incluso joyas. Además, de un manto para protegerse del frío, un turbante, pañolón o gorrilla para la cabeza. Aunque los hábitos de nazareno, tal como los conocemos hoy en día empezaron a utilizarse en el siglo XV, parece obvio pensar que aquellos cristianos, cuya pretensión era recrear la pasión de Jesús y ejemplificar la penitencia sufrida por él, adoptaron el estilo de los atuendos de su época.

 

 

Los hábitos de nazareno tienen sus raíces en el Siglo XV, cuando diversas órdenes religiosas adoptaron túnicas como símbolo de humildad y penitencia. El capirote y antifaz, sin embargo fueron introducidos posteriormente por estar muy relacionado con la penitencia de los pecados en la religión católica. Herencia de la época de la Inquisición. Precisamente aprovechando ese significado penitencial, las hermandades religiosas de Sevilla decidieron adoptarlo en torno al siglo XVII para sus procesiones (aunque algunos historiadores apuntan a que su uso era incluso anterior). Esta costumbre se extendió rápidamente por el resto de España y acabó por ser parte fundamental de la vestimenta nazarena. La forma cónica del capirote alude al acercamiento del penitente al cielo y la tela que cae sobre cara y pecho, el capuz, sirve para ocultar el rostro y preservar la identidad del penitente.

 

Cada una de las prendas del hábito de nazareno guarda un profundo significado, el capirote, por ejemplo, simboliza la penitencia y la humildad, mientras que los colores representan diferentes momentos litúrgicos y emociones asociadas con la Pasión.

 

A pesar de los cambios sociales y culturales, los hábitos de nazareno han persistido, manteniendo viva la llama de la tradición hasta nuestros días, nos unifican en un cortejo anónimo y son una seña identitaria de la devoción de nuestras hermandades.

 

Tras un intenso estudio de la industria textil cofrade, Don Fadrique ha conseguido con unas telas de primerísima calidad, innovar en el proceso productivo de cada prenda para cubrir las necesidades del sector a un precio asequible. Asegurando que los colores, tejidos y cortes de cada una de las prendas sean idénticos, esto garantiza una correcta uniformidad de la formación y una mayor estética visual del cortejo.


Para más información:

Web: donfadrique.es
Email: info@donfadrique.es
Tel: 692976468
Instagram @donfadriquecostura

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