Tras años de trabajo en el campo de la medicina estética y la cirugía plástica, el doctor Bartosz Kosmecki es uno de los referentes en el país. De un tiempo a esta parte, los profesionales de la medicina estética han mostrado su preocupación ante el crecimiento de centros que están alejados de la medicina y que ofrecen este tipo de tratamientos, además, sin un diagnóstico previo.
«Muchas veces me encuentro con pacientes que acuden a mi consulta con la idea preconcebida de realizarse un tratamiento concreto que no tiene nada que ver con lo que realmente necesitan», explica Kosmecki.
No solo este tema es uno de los que más preocupan a los especialistas como Kosmecki, sino también la desinformación al respecto de los propios tratamientos ya que no todos son recomendados para cualquier persona: «Si a su amigo le ha ido bien o su compañera de trabajo se lo hizo y quedó fenomenal, vienen preguntando por un tratamiento u otro. Pero, claro, normalmente no tenemos la misma cara que nuestro amigo ni la misma piel que nuestro compañero de trabajo».
Entonces, para alguien que quiera recibir un tratamiento estético, ¿por dónde debería empezar?
Lo principal es un buen diagnóstico. En mi clínica, antes de pasar consulta conmigo, a los pacientes se les realiza un estudio de la piel, tejidos grasos, masa ósea, se mide la fuerza de la musculación facial con técnicas de eco-doppler facial, se analiza la piel a través de medidores de grasa e hidratación, se realiza la historia clínica y, después, con toda esta información, atiendo al paciente.

Es tan importante lo que necesita el paciente como lo que desea o quiere conseguir. Muchas veces estas consultas son un momento de inflexión donde el mismo paciente reconoce que realmente busca otra cosa distinta a la que venía demandando. Así que, antes de nada, un buen diagnóstico.
¿Qué opina de las valoraciones online que ofrecen algunos centros en los que, solo aportando una foto o simplemente rellenando un formulario podemos recibir un presupuesto del tratamiento?
Estamos hablando de dos cosas totalmente diferentes: la medicina estética comercial, a petición, a la carta y la que le da igual el resultado, donde tenemos una mera relación comercial entre cliente y médico-comercial para vender viales y ampollas, tratamientos, etc., y la buena praxis, en la que existe una relación de confianza entre médico y paciente.
Es lo mismo cuando a mi consulta acude un paciente que ya visitó 4 o 5 establecimientos (por norma general soy el último a que acuden, ya que mis consultas diagnósticas son de pago) y el paciente contrasta el número de viales de un presupuesto anterior con mi plan de tratamiento facial. Yo, en esos momentos, soy muy franco y le digo al paciente: no importa la cantidad, sino la calidad del tratamiento realizado.

No es lo mismo aplicar a un rostro 5ml de producto inyectable para voluminizar que para tensar el rostro. No es lo mismo aplicar ácido hialurónico poco reticulado que muy reticulado, no es lo mismo aplicar una jeringa de hialurónico por un experto que por un inexperto. ¿Y cómo se llaman todos estos tratamientos? Pues igual. ¿Y cuánto cuestan? Pues depende del objetivo del paciente y lo que quiera obtener. Pero bueno, cada uno elige su profesional.
¿Tiene algún tratamiento entre sus favoritos por la eficacia o por los resultados?
Pues uno de mis favoritos es el rejuvenecimiento global del rostro con la técnica 4×9, y fíjate que te estoy hablando de un conjunto de tratamientos faciales (9 exactamente) que se utiliza según la necesidad de cada paciente (en algunos será uno, en otros hasta 9) para combatir 4 signos principales del envejecimiento, como lo son la flacidez, arrugas estáticas, pérdidas grasas y óseas y arrugas dinámicas.
Es un conjunto de tratamientos inyectables y de maquinaria que, en su sinergia, potencian sus resultados y la durabilidad de los mismos, que es lo más importante para nuestros pacientes, del mismo modo que la naturalidad del resultado final y la estimulación de la producción de colágeno y elastina, que provocan los mismos resultados y hacen que el paciente, según vaya pasando el tiempo, vea mejoras progresivas. Esto hace que las sesiones de mantenimiento cada vez sean más espaciadas en el tiempo (a veces años) y cada vez menos necesarias, ya que se consigue una mejora global.

¿Los resultados se pueden medir?
Sí, claro, ahí volvemos al principio. Cuando el paciente llega a mi clínica, se miden varios parámetros de envejecimiento (estudio con eco-doppler y otras técnicas de la unidad de diagnóstico facial), y después del tratamiento, incluso años más tarde, podemos contrastar los datos con el estado actual y ver la realidad de estas mejorías, no solo en el aspecto visual (fotos del antes y después), sino de forma cuantitativa (aumento del grosor de la piel, reducción de flacidez, disminución de la fuerza de los músculos faciales que suaviza arrugas de expresión, etc.).
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