Contenido elaborado para la Consejería de Turismo y Andalucía Exterior de la Junta de Andalucía

Compartir

El verano en los pueblos de Sevilla es un latido antiguo que despierta con los farolillos de las feria, con el repique de campanas, con las ventanas de las cocinas abiertas y la historia palpitando en cada esquina. Es, sin duda, una parte esencial del alma de Andalucía. Cada pueblo teje a su manera un tapiz de fiestas donde se mezclan tradición, música y hospitalidad, y donde el visitante se siente, por unos días, parte de la familia.

 

Utrera aguarda con la solemnidad de quien sabe guardar lo mejor para el final del verano. Su Feria de Consolación, del 5 al 8 de septiembre, viste de gala a la ciudad: el fervor a su patrona se mezcla con el bullicio de las casetas y el sabor del pescaíto frito. Son días en los que la devoción y la fiesta se dan la mano, recordándonos que la identidad andaluza late con fuerza en cada esquina.

 

Morón de la Frontera celebra en septiembre su Fiesta de la Vendimia, un homenaje al vino que es también una fiesta de la memoria campesina. Durante unos días, el aroma del mosto se mezcla con los cantes flamencos y el relincho de los caballos, dando vida a un mosaico que evoca vendimiadores, lagares y brindis compartidos.

 

 

 

 

En Écija, la Ciudad del Sol, la feria se tiñe de fervor y elegancia. Del 16 al 21 de septiembre, sus calles acogen procesiones, bailes y encuentros que recuerdan la devoción a la Virgen del Valle. Cada año, el pasado barroco de Écija parece volver a despertar bajo el reflejo de las luces y los farolillos.

 

Marchena, con su aire sosegado y sus patios escondidos, transforma la última semana de agosto en un estallido de vida. Entre el 27 y el 31 de agosto, las noches se llenan de flamenco, casetas familiares y risas que se alargan hasta el amanecer, mientras el día ofrece desfiles de caballos y concursos que conservan la esencia más popular.

 

En La Campana, del 7 al 10 de agosto, la feria tiene algo de reencuentro y algo de promesa. El cante jondo se confunde con el aroma del guiso casero, y el visitante encuentra, entre sus gentes, un calor que va más allá del verano.

 

La Feria Real de Cantillana, que renació recientemente, celebra entre el 21 y el 26 de julio su Velá de la Fuentezuela, un festejo que rescata la memoria colectiva, entre farolillos, bailes y platos de cocina popular.

 

En Lebrija, la feria de septiembre en honor a la Virgen del Castillo es pura identidad: corridas de toros, paseos de caballos, cante flamenco y casetas que se convierten en salones abiertos a todo aquel que quiera compartir un vino. Entre el 10 y el 14 de septiembre, el alma lebrijana se hace visible en cada detalle.

 

 

 

 

Coria del Río, junto al Guadalquivir, celebra su Feria en la segunda quincena de septiembre, del 17 al 21 concretamente. Las noches frescas junto al río invitan a bailar, reír y olvidar por unas horas el paso del tiempo, mientras las barcas miran, desde la orilla, el resplandor de las luces.

 

Así, verano tras verano, los pueblos sevillanos ofrecen mucho más que ferias: regalan memorias vivas. Invitaciones abiertas para perderse entre músicas, luces y abrazos, y para descubrir, una vez más, que Sevilla entera late en sus pueblos cuando el calor se convierte en fiesta.

Compartir

Este contenido ha sido desarrollado por Content Studio, la unidad de contenidos de Abc de Sevilla . En su elaboración no ha intervenido la redacción de este medio