Contenido elaborado para Garofalo

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«He tenido la suerte de vivir de primera mano un viaje fascinante: el de la pasta Garofalo, desde el campo hasta la mesa. Y os aseguro que, cuando uno ve todo lo que hay detrás, aprecia aún más cada plato de pasta», confiesa Jordi Cruz.

 

Todo comienza en los campos de Apulia, cuando el trigo duro alcanza su punto dorado ideal. Sin embargo, Garofalo no se limita a una sola región. La marca selecciona los mejores trigos del mundo -desde el Desert Durum de Arizona hasta los granos australianos e italianos– porque la calidad no entiende de fronteras. Y es que la elección de la materia prima es el primer pilar de su excelencia.

 

 

Una vez cosechado, el grano se somete a un proceso de limpieza casi quirúrgico: cribas, corrientes de aire, clasificación óptica… Todo está diseñado para que solo lo mejor continúe su camino. En los molinos, el trigo se transforma en una sémola homogénea, dorada y perfecta, gracias a la combinación de tradición y tecnología.

 

«En Gragnano, la cuna de la pasta, entendí por qué este lugar es único: el clima, la brisa marina, el agua pura filtrada por las rocas de más de 1000m de altura todo crea las condiciones ideales para elaborar una pasta inimitable. Pasear por sus calles e imaginar aquellas hileras de ‘maccheroni’ secándose al sol fue como viajar en el tiempo», comenta Jordi Cruz. Además, el chef tuvo la suerte de estar allí durante la Fiesta della Pasta di Gragnano, un fin de semana donde todo el pueblo celebra su herencia y donde se respira, se cocina y se comparte pasta en cada rincón.

 

 

«Durante este viaje también visité restaurantes históricos en Nápoles, probando la pasta Garofalo en formas diferentes, cada una más sorprendente que la anterior. Desde preparaciones clásicas hasta interpretaciones modernas, cada plato me mostró una cara distinta de esta pasta. Ha sido una experiencia tremendamente inspiradora que confirma cómo un producto de calidad se convierte en un lienzo infinito para la creatividad», resalta Jordi.

 

Pero esta pasta no destaca sólo por su creatividad, otro de sus aspectos más admirados es su transparencia. Al igual que sus envases, completamente visibles, la marca abre sus puertas para mostrar cada etapa del proceso. Esta filosofía refleja su convicción: lo bueno, cuando es realmente bueno, se enseña.

 

 

Y es que Garofalo establece estándares rigurosos: un mínimo de 14% de proteína, extrusión al bronce para lograr una porosidad que retiene la salsa, y un secado lento que conserva el sabor y la textura. Así, cada formato de pasta recibe un tratamiento específico, adaptando temperaturas y tiempos según su grosor. El papel del ‘pastaio’ sigue siendo esencial para garantizar una textura óptima.

 

Contrario a lo que muchos creen, «al dente» no significa pasta cruda. En Garofalo, se define como una pasta completamente hidratada que mantiene su firmeza. Esta cualidad se mide con precisión técnica, asegurando que incluso tras varios minutos en el plato conserve su vivacidad y forma.

 

 

De esta manera, cada formato está diseñado para alcanzar la textura perfecta al dente. Es en la mesa, durante la cocción y en el momento de compartir. «Yo lo he visto, lo he vivido y lo he probado. Y ahora, cuando sirvo un plato de pasta Garofalo, sé que detrás hay siglos de historia, respeto por el trigo y una pasión inmensa por hacer las cosas bien», concluye Jordi Cruz.

 


Para más información:

Web: pasta-garofalo.com

Instagram: @pastagarofaloes

Facebook: @PastaGarofaloEspana

TikTok : @pastagarofaloes

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