Contenido elaborado para Turismo de Ceuta

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Entre dos mares y dos continentes, Ceuta se levanta como un lugar donde la historia y el mito se dan de la mano. La ciudad, con apenas diecinueve kilómetros cuadrados es mucho más que un destino de sol y playa: es una puerta abierta a la memoria de Europa y África. Según cuentan los relatos mitológicos, fue aquí donde Hércules abrió con su maza la brecha que separa ambos continentes, dando origen a las legendarias Columnas de Hércules. Desde entonces, este enclave se ha convertido en un punto de encuentro de culturas, pueblos y religiones, donde cada piedra guarda siglos de historia.

 

 

 

 

 

El patrimonio histórico de Ceuta no se contempla: se vive. Basta recorrer el Conjunto Monumental de las Murallas Reales para sentir la fuerza del tiempo. Sus muros, declarados Bien de Interés Cultural, conservan el eco de los imperios que se disputaron su control. El foso navegable, que aún hoy une las dos bahías, refleja la luz de un pasado portugués y español. Muy cerca, el yacimiento que alberga la Puerta Califal, que ofrece al visitante un excepcional conglomerado histórico donde poder apreciar desde restos prehistóricos hasta la gran puerta de acceso a la medina islámica mandada a construir por el califa cordobés Abd al–Rahman III.

 

 

 

 

Ceuta ha sido romana, bizantina, musulmana y portuguesa antes de ser española. Cada época ha dejado huellas visibles. Un claro ejemplo de ello se puede encontrar en el interior del museo de la Basílica Tardorromana, los restos del siglo IV, ofrecen el único testimonio cristiano de esta orilla del Mediterráneo. Pero, además, durante el recorrido se pueden apreciar vestigios arqueológicos de distintas épocas desde la prehistoria hasta la edad media. Otro de los yacimientos a destacar es el de Huerta Rufino, en el interior de la biblioteca pública Adolfo Suárez, cuyos hallazgos seleccionados incluso por el Louvre confirman el valor arqueológico de este territorio.

 

 

 

 

La herencia cultural ceutí se expresa también en su diversidad religiosa. La Catedral de Nuestra Señora de la Asunción, convive con el Santuario de Nuestra Señora de África, la Sinagoga de Bet-El, el Templo Hindú y varias Mezquitas. Todos ellos son testigos de la convivencia entre cristianos, musulmanes, hebreos e hindúes que distingue a esta pequeña gran ciudad. El paseo por sus calles se enriquece con el Palacio de la Asamblea, La casa de los Dragones, o los monumentos que recuerdan a héroes, sabios y viajeros.

 

 

 

 

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Ceuta es historia viva, un destino cercano y accesible. Sus murallas, templos y leyendas dialogan con la luz del Mediterráneo y el aire atlántico, invitando al viajero a perderse en un pasado que sigue respirando en el presente. Entre Hércules y las olas, la ciudad demuestra que viajar a Ceuta es mucho más que una escapada: es un regreso al origen.

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