El dolor crónico se ha consolidado en la actualidad como un problema de salud pública de primer orden. Con unidades especializadas con una alta demanda, el sistema sanitario se enfrenta al reto de dar respuesta a pacientes cuyas dolencias no solo afectan a su físico, sino que condicionan por completo su esfera psicológica y social. En este escenario, Clínica Alanda fue fundada en 2020 por profesionales de larga trayectoria y se posiciona como un referente en el abordaje de estas patologías, partiendo de una premisa clara: no hay que acostumbrarse a vivir con dolor.

La respuesta de los expertos de Clínica Alanda ante la duda de si se debe asumir el sufrimiento como parte de la cotidianidad es rotunda. El dolor agota y merma la calidad de vida, lo que obliga a los facultativos a agotar todas las opciones terapéuticas posibles para solventarlo o, al menos, paliarlo de la forma más efectiva. El condicionamiento que genera en el día a día es total, llegando a influir incluso en la capacidad de pensamiento. Una persona con dolor persistente puede desarrollar miedo a realizar actividades tan banales como dar un paseo por el sobreesfuerzo que le supone, o sufrir lo que se conoce como miedo anticipatorio ante brotes que aún no han ocurrido.

Dentro de la casuística diaria, el dolor musculoesquelético es el más frecuente entre la población a nivel mundial, explican en Clínica Alanda. Destacan especialmente el dolor lumbar, el cervical y el de cadera, generalmente relacionados con el sobreuso o el desgaste de las articulaciones, ya sea por artrosis o por esfuerzos físicos y deportivos. Sin embargo, para que el tratamiento del dolor crónico sea realmente efectivo, el primer paso es obtener un diagnóstico de certeza. No es posible tratar adecuadamente una dolencia sin una exploración física rigurosa y el apoyo de pruebas complementarias que identifiquen el origen real del problema.

Existen señales de alarma claras que deben empujar al paciente a buscar ayuda profesional. Los especialistas señalan que se debe intervenir siempre que el dolor dure más de tres meses, cuando interfiera con actividades básicas como comer, dormir o moverse, y cuando influya negativamente en la forma en que el individuo se relaciona con su entorno.

El estilo de vida actual, marcado por la prisa, el estrés y la autoexigencia, no favorece la recuperación de estas patologías. Por ello, el tratamiento del dolor crónico requiere hoy día una visión holística. No basta con tratar la dolencia física o aplicar técnicas intervencionistas; es necesario profundizar en las costumbres del paciente, su higiene de descanso, la práctica de ejercicio físico y su estado anímico.

Desde Clínica Alanda recalcan que, aunque existen patologías que se cronifican y presentan una gran complejidad, la medicina actual ofrece cada vez más opciones para que el paciente recupere el control de su vida. «Hay que intentar agotar todas las opciones terapéuticas posibles para dar la mayor calidad de vida al paciente», sostienen los profesionales de la clínica, subrayando que la orientación multidisciplinar es la única vía para abordar con éxito un fenómeno que afecta de forma integral a la salud de las personas.

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