Contenido elaborado para PKF Attest

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Hablar de insolvencias ya no es sinónimo de fracaso. Al menos, ese fue el mensaje central que sobrevoló este jueves el encuentro Reestructuraciones que funcionan: alianzas para seguir adelante, una cita que reunió a juristas, financieros y directivos con un objetivo común: generar diálogo y conversación sobre reestructuraciones empresariales desde el punto de vista financiero y legal.

 

El escenario, el Hotel Alfonso XIII, acogió desde primera hora de la tarde a decenas de profesionales en un contexto que Felipe Medina, director de APD, describió como «un entorno económico en constante transformación», donde la incertidumbre y los cambios normativos han convertido la reestructuración en una situación clave del tejido empresarial.

 

El encuentro, organizado por PKF Attest y APD, giró en torno a una idea clara: las herramientas concursales ya no llegan solo cuando todo está perdido, sino que pueden anticiparse al colapso y abrir vías de continuidad. De hecho, se presentaron como una oportunidad para preservar el valor de la empresa y garantizar su continuidad.

 

Más allá de los aspectos técnicos, el encuentro dejó ver una transformación de fondo: la reestructuración empieza a percibirse no solo como una herramienta jurídica, sino como un proceso integral que combina derecho, finanzas y gestión empresarial. Un cambio impulsado, en parte, por la reforma concursal y por la aparición de nuevos instrumentos como los planes de reestructuración, que han redefinido la gestión de las crisis.

 

Junto a Felipe Medina, director de APD, Juan Rafael Ramírez, socio PKF, dio la bienvenida al acto, donde puso en valor el objetivo de la jornada, de hacer llegar el mensaje de que «una reestructuración no se limita a salvar empresas en dificultades, sino que puede preservar proyectos con futuro».

 

Tras la bienvenida institucional, el primer bloque de la jornada puso el foco en los casos reales. Bajo el título ‘Reestructuraciones que funcionan’, expertos del ámbito legal y financiero analizaron los mecanismos que permiten reconducir situaciones de tensión antes de llegar al concurso de acreedores.

 

 

En ese análisis, en el que participaron Itsaso Santos, socia de PKF Attest; Javier Carretero, magistrado del Juzgado de lo Mercantil de Sevilla, y José Moya, socio de Cuatrecasas en Sevilla, tuvo especial peso el papel de los distintos actores implicados. Todos los participantes coincidieron en señalar que la reestructuración ya no es un proceso aislado, sino un ejercicio de coordinación. La relación entre empresa, acreedores y expertos se presenta como un factor decisivo para sostener proyectos viables.

 

La clave, repetida desde distintos ángulos, fue la anticipación: detectar señales de alerta, actuar con rapidez y construir planes creíbles. «El que ha sido capaz de ver un problema y adoptar ciertas medidas es quien sale bien», señaló Javier Carretero, quien también destacó la importancia de «la comunicación en las negociaciones» y del uso de herramientas como el nombramiento de un experto en reestructuración para facilitar acuerdos. En su opinión, «sí están funcionando los planes de reestructuración».

 

En la misma línea, Itsaso Santos subrayó que «el objetivo de los planes de reestructuración es conservar la empresa» y defendió una visión integral del proceso: «en los despachos vemos la empresa en 360 grados». Santos insistió en que el momento adecuado para actuar es previo al deterioro crítico: «el momento de iniciar una reestructuración es antes de que la viabilidad corra peligro».

 

Además, advirtió de que el éxito depende de múltiples factores: «para que salga el plan de reestructuración se tienen que alinear muchas cosas», entre ellas la confianza en el equipo gestor.

 

Por su parte, José Moya puso el acento en el margen que ofrece la legislación actual, que permite activar estos mecanismos «hasta dos años antes de llegar a la insolvencia». Aun así, defendió que las empresas deberían tener esta herramienta «siempre en mente» y recurrir a ella con mayor frecuencia.

 

«En reestructuraciones el tiempo es un acreedor silencioso que destruye mucho valor», advirtió, insistiendo en que la anticipación resulta determinante. Moya también reivindicó el papel del asesoramiento jurídico: «si es honesto y especializado, irá encaminado a generar simplicidad y método», ya que «la parte jurídica ordena, canaliza y da seguridad al proceso».

 

El segundo bloque de la jornada trasladó las reflexiones al terreno financiero en un debate protagonizado por Pedro Márquez, magistrado del Juzgado de lo Mercantil de Sevilla; Jorge Sirodey, socio en Norgestión, y Javier Ruiz Cuesta, responsable de Reestructuraciones en Santander. La charla estuvo moderada por Alfredo Ciriaco, socio de PKF Attest, quien subrayó la necesidad de contar con información sólida y un relato económico consistente.

 

En este sentido, Pedro Márquez destacó que «es importante que los empresarios se rodeen de buenos profesionales que les sepan decir si la empresa es viable o no», y defendió que el sistema debe partir de una valoración realista de la compañía. Además, apuntó que «los acreedores tienen que entender que es mejor ir a una reestructuración», ya que esta vía puede permitir recuperar una mayor parte de la deuda.

 

Por su parte, Jorge Sirodey incidió en la necesidad de avanzar hacia una mayor profesionalización empresarial: «los administradores deben tener acceso a una información más extensa más allá de los balances trimestrales». También subrayó la importancia de romper barreras culturales: «otra de las claves de la anticipación es perder el miedo», ya que todavía se confunde el plan de reestructuración con una situación concursal. En cuanto a plazos, apuntó a un horizonte de entre tres y cinco años como marco adecuado para estos procesos.

 

Finalmente, Javier Ruiz puso el foco en la prevención, señalando que «la planificación realista por parte de la compañía» y «la profesionalización de la gestión» son elementos esenciales para evitar la insolvencia. En este contexto, destacó el papel del asesor externo: «hoy en día es la clave», y advirtió de la necesidad de «eliminar estigmas y prejuicios que existen sobre la reestructuración».

 

El mensaje, en definitiva, fue compartido a lo largo de toda la tarde: una reestructuración no se limita a salvar empresas en dificultades, sino que puede preservar proyectos con futuro. En un contexto económico incierto, la diferencia ya no está solo en resistir, sino en saber transformarse a tiempo.

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Este contenido ha sido desarrollado por Content Studio, la unidad de contenidos de Abc de Sevilla . En su elaboración no ha intervenido la redacción de este medio