El reciente coloquio celebrado en Sevilla, con la participación de representantes del sector turístico, cultural y gastronómico, puso sobre la mesa una idea compartida: la necesidad de generar nuevos motivos que inviten al visitante a prolongar su estancia.
Bajo la moderación de Isaac Flores, director de City Sightseeing España y vicepresidente de ASET, intervinieron Amador Recio (Hotel Ribera de Triana), Rocío Gómez Cuevas (Destilerías Puerto de Indias), Julio Moreno Ventas (Academia Sevillana de Gastronomía y Turismo), Miguel Martínez Torres (Cabildo de la Catedral de Sevilla) y Álvaro Alés (Bodegas Barbadillo y Gastropass 360º). El encuentro fue clausurado por Carmen Ortiz Laynez, delegada territorial de Turismo, Cultura y Deporte de la Junta de Andalucía en Sevilla.

Amador Recio, director del Hotel Ribera de Triana, Isaac Flores, director de City Sightseeing España; Carmen Ortíz, delegada territorial de Turismo, Cultura y Deporte de la Junta de Andalucía en Sevilla; Álvaro Alés, director de Marketing y Comunicación de Bodegas Barbadillo y director general de Gastropass 360º; Rocío Gómez Cuevas, de Destilerías Puerto de Indias; Miguel Martínez, en representación del Cabildo de la Catedral de Sevilla; Julio Moreno Ventas, presidente de honor de la Academia Sevillana de Gastronomía y Turismo.
Uno de los puntos más destacados del debate fue la conexión natural entre Sevilla y Sanlúcar de Barrameda, una relación histórica, cultural y gastronómica que hoy se proyecta como una de las vías más sólidas para ampliar la experiencia del viajero. Porque viajar a Sanlúcar no es solo visitar una bodega: es comprender cómo el vino forma parte del paisaje, de la arquitectura y hasta del propio clima.
La arquitectura que hace posible la manzanilla

El recorrido de la Manzanilla Solear de Bodegas Barbadillo.
Pocas veces el visitante es consciente de que la manzanilla no puede entenderse sin sus bodegas. No son únicamente espacios donde envejece el vino, sino construcciones diseñadas para crear las condiciones exactas que permiten su existencia.
La infografía que acompaña este artículo lo ilustra: los vientos de Poniente, cargados de humedad atlántica, penetran en las bodegas a través de aperturas estratégicamente orientadas, mientras que el Levante, más seco, se suaviza gracias a jardines y sistemas naturales de humidificación.
El resultado es un microclima extremadamente delicado, con temperatura estable, humedad constante, ventilación controlada y ausencia de vibraciones. Un equilibrio imprescindible para el desarrollo del velo de flor, el fenómeno biológico que define la personalidad de la manzanilla.
Lo más sorprendente es que este sistema se perfeccionó sin tecnología moderna. Desde el siglo XVIII, los bodegueros sanluqueños fueron ajustando modelos constructivos hasta dar forma a lo que consideraban la «máquina perfecta» para elaborar manzanilla. Así surgieron las casas‑bodega y, más tarde, las grandes bodegas catedral del siglo XIX, auténticos templos industriales concebidos para trabajar con el clima. Hoy, estos espacios siguen funcionando con los mismos principios.
Enoturismo: una experiencia que conecta territorio
Durante el encuentro, Bodegas Barbadillo subrayó el valor del enoturismo como herramienta para construir un relato que conecte al visitante con el territorio. La relación entre Sevilla y Sanlúcar permite articular propuestas de alto valor cultural donde el vino actúa como hilo conductor entre historia, arquitectura y gastronomía.
Pero también se lanzó un mensaje claro: este patrimonio necesita ser protegido. Como recuerda Manuel Barbadillo Eyzaguirre, presidente del grupo bodeguero: «La singularidad de estos vinos andaluces va inseparablemente unida a la arquitectura que los hace posibles. Hablamos de un patrimonio que es seña de identidad de Andalucía y, al mismo tiempo, de un modelo de sostenibilidad, con bodegas integradas en el casco histórico, en armonía con su entorno y con el uso residencial».
Un patrimonio vivo que exige inversiones constantes y cuya conservación se convierte en un reto colectivo.
La conclusión del coloquio fue unánime: prolongar la estancia en Sevilla no es solo una cuestión de tiempo, sino de contenido. No se trata de sumar noches, sino de ofrecer razones para hacerlo.
En ese sentido, la provincia -y especialmente Sanlúcar- ofrece una oportunidad única para construir experiencias que conecten ciudad y territorio. Quien cruza la puerta de una bodega entra en un sistema perfectamente diseñado donde naturaleza, cultura y técnica conviven en equilibrio. Quizá ahí resida la clave: dejar que el territorio cuente su propia historia. Y pocas historias están tan bien construidas como la de la manzanilla.