Hoy en día, la sociedad está mucho más concienciada sobre la importancia de llevar una vida saludable, pero los especialistas insisten en que aún queda camino por recorrer. De hecho, aún hay cierto desconocimiento acerca de las consecuencias reales de una mala alimentación y la falta de actividad física, y algunas de ellas —como el impacto del peso en la fertilidad— siguen siendo grandes desconocidas para buena parte de la población.
Con motivo del Día Mundial de la Fertilidad, que se celebra el 4 de junio, el Instituto de Fertilidad Viamed (IFV) recuerda que la relación entre exceso de peso y fertilidad es cada vez más evidente. Aunque tradicionalmente la obesidad se ha asociado a enfermedades cardiovasculares o diabetes, los especialistas advierten de otra consecuencia menos visible, pero con un fuerte impacto emocional y sanitario: las dificultades para lograr un embarazo.
Según explica la directora asistencial de IFV, la doctora Paloma de la Fuente, «el organismo reproductivo funciona como un sistema de equilibrio hormonal, metabólico e inflamatorio muy delicado. Cuando ese equilibrio se altera, el cuerpo puede tener más dificultades para concebir».
De hecho, se estima que alrededor del 20% de las pacientes con problemas de fertilidad presentan obesidad. En muchos casos, detrás de una búsqueda de embarazo que no llega no existe una enfermedad ginecológica grave, sino una alteración metabólica que condiciona la función reproductiva.
Más allá de una cuestión estética
La especialista de la unidad de fertilidad ubicada en el Hospital Viamed Santa Ángela de la Cruz insiste en que hablar de obesidad «no es hablar de imagen corporal, sino de salud».
Y es que el tejido adiposo no es un simple «almacén de grasa». Este actúa como un órgano inmune y endocrino capaz de producir hormonas y sustancias inflamatorias que interfieren directamente en la calidad ovocitaria, en el endometrio y en la función testicular. «Sabemos que el exceso de peso puede afectar a la calidad de los óvulos, a la receptividad del endometrio e incluso a la función testicular masculina», señala De la Fuente.
Asimismo, diversos estudios científicos han demostrado que un índice de masa corporal elevado reduce la probabilidad de embarazo espontáneo y aumenta el tiempo necesario para conseguirlo. Además, también disminuye la eficacia de los tratamientos de reproducción asistida.

La fertilidad también es una cuestión metabólica
Cada vez existe mayor evidencia de que la fertilidad está estrechamente relacionada con la salud metabólica. Alteraciones frecuentes en pacientes con sobrepeso, como la resistencia a la insulina, pueden afectar directamente a la función ovárica y favorecer desequilibrios hormonales e inflamación crónica en ovarios y endometrio.
«Muchas veces hablamos de óvulos, espermatozoides y hormonas sexuales, pero el metabolismo tiene un papel decisivo en la capacidad reproductiva», explica la directora asistencial del Instituto de Fertilidad Viamed.
Además, es conocida que esta condición de alteración de la esfera metabólica aumenta el riesgo de aborto, diabetes gestacional, hipertensión, preeclampsia y complicaciones obstétricas.
En hombres, el impacto tampoco es menor. El exceso de peso reduce la calidad seminal, promueve el exceso de oxidación de ADN espermático y disminuye los niveles de testosterona, promoviendo el exceso de estrógenos.
La buena noticia: pequeñas pérdidas de peso pueden marcar una gran diferencia
Uno de los mensajes más esperanzadores que trasladan en consulta es que no hacen falta cambios imposibles para mejorar la fertilidad. «Perder alrededor de un 10% del peso corporal puede ser suficiente para recuperar la ovulación, regular los ciclos menstruales y aumentar significativamente las posibilidades de embarazo», destaca De la Fuente.
Asimismo, la experta en fertilidad recuerda que la obesidad es una enfermedad compleja y multifactorial, influida por factores genéticos, hormonales, emocionales y sociales. «Muchas pacientes llegan a consulta cargadas de culpa y frustración tras años de dietas extremas. Por eso es fundamental ofrecer un abordaje multidisciplinar, personalizado y libre de juicios», subraya la doctora.
Fertilidad y hábitos de vida
La medicina reproductiva ha avanzado de forma extraordinaria en las últimas décadas, pero existe una realidad que ninguna tecnología puede ignorar: el estilo de vida sigue siendo determinante.
Dormir mal, el estrés crónico, el sedentarismo o una mala alimentación afectan a la salud general y reproductiva incluso antes de que aparezca un problema evidente.
Es más, la fertilidad no debería abordarse exclusivamente cuando una pareja lleva meses intentando concebir. Debería empezar mucho antes, hablando de prevención y hábitos de vida desde edades tempranas.
Escuchar al cuerpo
En una sociedad acostumbrada a la inmediatez, la infertilidad obliga a parar, a escuchar a nuestro cuerpo y a entender que la salud reproductiva no funciona aislada del resto del organismo.
La obesidad y el sobrepeso no son únicamente cifras en una báscula. Y quizá de ahí nazca el mensaje más importante. «Cuidar la alimentación y los hábitos de vida no persigue cuerpos perfectos, sino recuperar salud. Y para muchas personas, ese puede ser el primer paso hacia la posibilidad de formar una familia», concluye la doctora de la Fuente.