En Sevilla, la vida se articula alrededor de espacios donde la tradición se mezcla con la conversación, el rito del aperitivo y la luz que acompaña cada encuentro. La ciudad mantiene una forma muy propia de entender la gastronomía: cercana, espontánea y profundamente ligada a la memoria colectiva.
Las barras, las terrazas y los restaurantes con historia funcionan como guardianes de un modo de vivir que se renueva sin perder su raíz. En ese paisaje emocional se inscribe El Burladero, un clásico sevillano que inicia una nueva etapa reforzando su identidad y ampliando su propuesta para responder a la manera contemporánea de disfrutar la ciudad.

El restaurante, ubicado en el interior del Hotel Colón Gran Meliá, ha sido objeto de una reforma que no pretende alterar su esencia, sino hacerla más viva y más abierta. Una intervención busca «actualizar El Burladero sin desdibujar su historia», manteniendo su alma taurina y su carácter de clásico sevillano, pero llevándolo a un lenguaje más cálido, dinámico y versátil.
Así, el espacio se percibe ahora para distintos momentos de consumo: una comida reposada, una cena completa, un tapeo ágil en barra o una parada de tarde en terraza.

Pero, el gran cambio conceptual llega con la creación de La Tasca, un espacio propio para la barra con carta diferenciada. No se trata solo de darle más visibilidad física, sino de dotarla de un relato gastronómico específico.
«La Tasca nace para recuperar una forma muy sevillana de vivir la gastronomía: comer de pie o en barra, compartir tapas, pedir por impulso, tomar un vino y dejarse llevar por un ritmo más espontáneo», aseguran desde el restaurante. Esta nueva propuesta permite atraer a un público más urbano y local, así como a quienes trabajan o pasean por el centro y buscan una experiencia rápida pero cuidada.

La reforma también otorga un papel protagonista a la bodega, que deja de ser un mero acompañamiento para convertirse en parte central de la experiencia. La carta de vinos, amplia y coherente con la identidad andaluza, convive con los dos formatos: la sala gastronómica y la barra de La Tasca.
La presencia destacada de generosos -manzanillas, finos, amontillados, olorosos o palo cortado- refuerza la conexión con el aperitivo y con la cultura del tapeo sevillano. El Burladero nos acompaña así desde el aperitivo: junto a una manzanilla con marisco, un fino con pavía de bacalao o un tinto con cola de toro.

Y es que en lo gastronómico, El Burladero mantiene platos emblemáticos como la cola de toro tradicional al estilo de la casa, descrita como uno de sus grandes emblemas, junto a elaboraciones que consolidan su identidad andaluza: pulpo asado al humo de romero, ensaladilla «de toda la vida», alcachofas con langostinos al ajillo, tartar de atún rojo de Barbate o paletilla de cordero glaseada.
Por si fuera poco, La Tasca incorpora tapas pensadas para el ritmo ágil de la barra, desde croquetas de cola de toro hasta brioche de pringá o pavía de bacalao, además de una vitrina que muestra el producto y refuerza la idea de barra viva.
De esta manera, con un horario continuado de 13:00h a 23:00 h, terraza y espacios diferenciados, El Burladero amplía su relación con Sevilla y con quienes la viven. El restaurante conserva al cliente que lo reconoce como una dirección para comer o cenar, pero suma ahora un público más espontáneo, que busca compartir tapas, tomar una copa o disfrutar de un aperitivo sin formalidad excesiva.

Para más información:
Calle Canalejas, 1 · 41001 Sevilla
Tlf.: 954 50 55 99