Los protagonistas de «Music has no limits», anoche en el Teatro de la Maestranza
Los protagonistas de «Music has no limits», anoche en el Teatro de la Maestranza - M. J. LÓPEZ OLMEDO
Música

Sevilla vibra con la propuesta festiva de «Music has no limits»

El teatro La Maestranza se lleno para disfrutar de este espectáculo que mezcla éxitos de todos los estilos

Fernando Rodríguez Murube
SevillaActualizado:

Sola, sobre el escenario, una soprano canta misteriosamente un aria de ópera entre vaporosas tinieblas. Poco a poco van uniéndose más protagonistas a la escena: por un lateral, un pianista un tanto estrafalario (Miguel Depáramo, ideólogo de esta fantástica propuesta musical) y otra cantante de voz grave y poderosa enfundada en un exuberante corsé; por el otro aparece un músico con cresta y antifaz tocando el chelo eléctrico; al fondo, un guitarra, un bajista y un baterista. En apenas unos segundos, la solitaria solemnidad del aria se transforma en una enérgica y coral versión de «Sweet child O´Mine», de Guns N' Roses. Sin tiempo para parpadear los espectadores han pasado de la opera al hard rock, unos contrastes que serán la tónica dominante de toda la noche.

Hablamos del inicio de Music Has No Limit, el espectáculo que hizo saltar de sus asientos a las 1.800 personas que abarrotaron anoche el teatro de La Maestranza gracias a unos cócteles musicales explosivos y sorprendentes. Una propuesta tremendamente atractiva, efectista y efectiva que a lo largo de la hora y media que duró el show versionó éxitos de géneros como el rock, el pop, el heavy, la salsa, la ópera o el house mientras interactuaban con acierto efectos, luces e imágenes. Y todo ello aderezado por un vestuario llamativo y maquillajes exagerados que añadían mayor colorido si cabe a la fiesta en mayúsculas que supone este exitoso proyecto.

La mezcla inesperada de géneros hizo que se pasase, por ejemplo, del «Freed from desire» de Gala al «Highway to heaven» de AC/DC; del «Zombie» de The Cranberries a Lady Gaga con su «Bad Romance»; o de Alicia Keys con su «New York» al «Halo» de Beyonce con una envidiable sutileza y siempre bajo un claro y elegante barniz electrónico.

A estas alturas de show ya se habían incorporado al mismo tres artistas más hasta sumar la decena: una joven que dio una verdadera lección de cómo brillar con el violín eléctrico, un saxofonista y otro cantante que completó el trío de voces del equipo.

El público, que comenzó el espectáculo acomodado en sus asientos pero que a medida que la noche se caldeaba con hits como «Smooth criminal» de Michael Jackson, una elegante versión instrumental de «Bohemian rapsody» (Queen), una explosiva «Titanium» de David Guetta, «Locked out of heaven» de Bruno Mars, la siempre electrizante «Smatch my beach up», o las bailongas «Conga» de Gloria Estefan y «Woman del callao» de Juan Luis Guerra, fue soltando amarras elevado por las alas del entusiasmo hasta terminar saltando, bailando y con ganas de seguir la fiesta extramuros del Maestranza.

Ya en el tramo final del espectáculo y sin solución de continuidad volvieron a sorprender, una vez más, con una cascada de clásicos del rock y el heavy entre los que destacaron «Are you gonna go my way» de Lenny Kravitz, la stoniana «Satisfaction» y un soberbio guiño a piano de la cañera «Thunderstruck» de AC/DC.

Con semejante repertorio de canciones mutadas a su estado más festivo es prácticamente imposible no sentir ese amazónico caudal de energía positiva fluyendo por el cuerpo que solo la música es capaz de transmitir. Y si es en directo, más y mejor. Eso fue justo lo que se palpaba en las gradas del recinto hispalense, un público gozoso que disfrutó de lo lindo y que despidió a los artistas con una atronadora ovación y esas palmas con ese ritmo tan de Sevilla que se tocan a modo de ofrenda al artista solo cuando el ambiente está caliente y la velada ha sido un éxito total. Pues eso, otra muesca más en forma de triunfo en el revolver de este espectáculo que ya ha llenado, por ejemplo, en el Lincoln Center de Nueva York.