Los farmacéuticos coinciden: “La crema Nivea de lata azul hay que aplicarla con la piel húmeda”

La icónica crema de Nivea sigue siendo uno de los productos más populares para cuidar la piel seca, pero dermatólogos y farmacéuticos recuerdan que hidratar no es lo mismo que tratar el envejecimiento cutáneo

Hay pocos cosméticos capaces de presumir de una historia tan larga como la crema Nivea de la clásica lata azul. Presente en millones de hogares desde hace más de un siglo, ha pasado de generación en generación hasta convertirse en uno de esos productos imprescindibles que casi todo el mundo ha utilizado alguna vez para aliviar la sequedad de la piel, proteger las manos del frío o reparar los talones agrietados. Su popularidad, sin embargo, también ha alimentado numerosos mitos. En redes sociales no es extraño encontrar vídeos que la presentan como una alternativa económica a las cremas antiedad o incluso como un tratamiento capaz de eliminar las arrugas. Pero los especialistas coinciden en que la realidad es bastante diferente: es una excelente crema hidratante y reparadora de la barrera cutánea, aunque no contiene los activos necesarios para revertir los signos del envejecimiento.

¿Por qué parece que mejora las arrugas?

La fórmula de la Nivea clásica apenas ha cambiado desde su lanzamiento en 1911. Su composición está basada en ingredientes con una gran capacidad oclusiva y emoliente, como la parafina, la glicerina, las ceras, la lanolina o el pantenol, que ayudan a evitar la pérdida de agua y mantienen la piel protegida durante horas. Precisamente ahí reside su principal virtud. Al crear una película protectora sobre la superficie cutánea, la piel conserva mejor su hidratación y recupera elasticidad y confort, especialmente cuando está muy seca. Sin embargo, esa acción hidratante no debe confundirse con un efecto antiarrugas. El dermatólogo Gabriel Aedo recuerda que las arrugas relacionadas con el envejecimiento aparecen, entre otros motivos, por la pérdida progresiva de colágeno y elastina, un proceso sobre el que esta crema no actúa. Para estimular la producción de colágeno o mejorar la textura de la piel son necesarios ingredientes con evidencia científica, como el retinol, los retinoides, determinados ácidos exfoliantes o algunos péptidos, activos que la clásica lata azul no incorpora. Cuando la piel está deshidratada, las líneas de expresión se marcan mucho más y el rostro pierde luminosidad. Al aplicar una crema rica como la Nivea clásica, la piel recupera agua y flexibilidad, por lo que esas pequeñas arrugas superficiales parecen suavizarse visualmente. El efecto es real, pero temporal y relacionado exclusivamente con la hidratación. Es decir, la crema mejora el aspecto de la piel, pero no modifica la estructura de las arrugas ni frena el envejecimiento cutáneo.

Cómo aplicarla para aprovechar mejor sus beneficios

Los farmacéuticos también coinciden en que la forma de utilizar la crema influye en el resultado. Recomiendan aplicarla cuando la piel todavía conserva algo de humedad, por ejemplo después de la ducha o tras lavar las manos. De esta manera, la crema ayuda a sellar el agua presente en la superficie cutánea y potencia su efecto hidratante. También aconsejan utilizar cantidades moderadas. Su textura es muy rica y una pequeña cantidad suele ser suficiente para cubrir la zona deseada sin dejar sensación excesivamente grasa. En personas con piel seca puede emplearse incluso como mascarilla nocturna de forma ocasional, mientras que quienes tienen piel mixta o grasa deberían reservarla para las zonas especialmente resecas, evitando una aplicación abundante en todo el rostro. Aunque no sea una crema antiarrugas, los expertos sí destacan numerosas situaciones en las que continúa siendo una excelente aliada. Entre sus usos más recomendados se encuentran la hidratación de manos castigadas por el frío o los productos de limpieza, el cuidado de codos, rodillas y talones con tendencia a la sequedad, así como la protección de la barrera cutánea en personas con piel muy seca. Algunos dermatólogos también consideran que puede utilizarse en pequeñas cantidades sobre el contorno de ojos cuando esta zona presenta una intensa deshidratación, ya que ayuda a reducir la sensación de tirantez y mejora temporalmente el aspecto de las líneas finas provocadas por la falta de agua. Además, muchas personas recurren a ella para aliviar la piel tras la exposición al viento, al frío o después de una jornada en la playa. No obstante, los especialistas recuerdan que este uso no debe confundirse con el de un aftersun.

Tampoco sustituye al protector solar

Otro de los errores más habituales consiste en pensar que, por su textura densa y protectora, la Nivea clásica puede utilizarse como defensa frente al sol. Nada más lejos de la realidad. La crema no incorpora filtros solares, por lo que no protege frente a la radiación ultravioleta ni previene las quemaduras, las manchas o el fotoenvejecimiento. Puede ayudar a aliviar la sensación de sequedad después de tomar el sol, pero nunca debe reemplazar a un fotoprotector de amplio espectro. La crema de la lata azul sigue siendo uno de los grandes clásicos de la cosmética porque cumple muy bien aquello para lo que fue creada: hidratar, proteger la barrera cutánea y aliviar la piel seca. Sin embargo, cuando el objetivo es reducir las arrugas o combatir los signos del envejecimiento, los dermatólogos aconsejan recurrir a tratamientos formulados específicamente para ello, con ingredientes como retinol, retinal, vitamina C, péptidos o ácido hialurónico, además de utilizar protección solar todos los días. Mantener la piel hidratada ayuda a que luzca más lisa y luminosa, aunque eso no significa que pueda revertir el paso del tiempo.

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