Marta Viguera, farmacéutica: “El after sun no sirve de nada si antes no has retirado bien el sudor, la sal y el cloro de la piel”

La experta explica por qué millones de personas utilizan mal el after sun, qué ingredientes realmente ayudan a reparar la piel tras un día de playa o piscina y cuáles son solo reclamos publicitarios

El verano trae consigo días interminables de playa, piscina, terrazas y actividades al aire libre. También supone una mayor exposición al sol, al sudor, al cloro, a la sal del mar y a la arena, una combinación que pone a prueba la barrera natural de la piel. Sin embargo, aunque la mayoría de personas dedica tiempo a elegir un buen protector solar, son muchas menos las que saben cómo cuidar correctamente la piel una vez termina la exposición. De hecho, uno de los productos estrella de esta época, el after sun, suele utilizarse de forma incorrecta. Así lo asegura la farmacéutica Marta Viguera, que lanza una advertencia tan sencilla como desconocida: “El after sun no sirve de nada si antes no has retirado bien el sudor, la sal y el cloro de la piel”. Una afirmación que desmonta uno de los hábitos más extendidos del verano y que, según explica, marca la diferencia entre que el producto cumpla realmente su función o apenas aporte beneficios. La especialista recuerda que cualquier crema necesita una piel limpia para poder actuar. “Antes de aplicar el after sun debemos retirar restos de sudor, sal, arena, cloro y fotoprotector. Solo así conseguiremos que penetre correctamente y ejerza su función, que es calmar, hidratar y nutrir la piel para ayudarla a recuperar su equilibrio”.

Cuando esto no ocurre, el problema va mucho más allá de desperdiciar el producto. La farmacéutica explica que los restos de arena y sal continúan actuando sobre una piel ya sensibilizada por la radiación solar y, durante el masaje necesario para extender la crema, aumentan la fricción y la irritación. Además, esa acumulación de residuos dificulta la absorción del cosmético, reduciendo considerablemente su eficacia. Por eso insiste en que el verdadero tratamiento reparador comienza mucho antes del after sun: empieza en la ducha.

La ducha también puede cuidar… o empeorar la piel

Después de varias horas bajo el sol, muchas personas buscan una ducha caliente para relajarse. Sin embargo, Marta Viguera recomienda exactamente lo contrario. El agua debe ser templada o ligeramente fresca para ayudar a disminuir la temperatura corporal y aliviar la sensación de calor acumulada durante el día. Utilizar agua demasiado caliente provoca una vasodilatación que aumenta el enrojecimiento, el escozor y la sensación de quemazón. Además, elimina parte de los lípidos naturales que forman la barrera protectora de la piel, favoreciendo la pérdida transepidérmica de agua, el mecanismo por el que la piel pierde hidratación. Si además existe una quemadura solar, el agua caliente puede incrementar el dolor, la inflamación y retrasar la recuperación. La limpieza tampoco debería hacerse con cualquier gel de ducha. Durante el verano conviene evitar fórmulas con sulfatos agresivos, alcohol, perfumes intensos, exfoliantes físicos o químicos y jabones muy alcalinos, ya que todos ellos aumentan la irritación de una piel que ya ha sufrido una agresión importante. En su lugar, recomienda oleogeles o limpiadores suaves enriquecidos con ingredientes calmantes y reparadores como el pantenol, el aloe vera, la avena o los lípidos. “Menos espuma suele significar más hidratación”, resume.

El mejor momento para aplicar el after sun

Una vez finalizada la ducha llega el momento adecuado para aplicar el producto. Marta Viguera recomienda hacerlo inmediatamente después de secar la piel, siempre sin frotar con la toalla, para evitar una irritación adicional. Lejos de reservarlo únicamente para los días en los que existe una quemadura, la farmacéutica aconseja utilizarlo durante todo el verano. “Calma, descongestiona y reequilibra la piel. Incluso ayuda a conseguir un bronceado más bonito, uniforme y duradero”, explica. La frecuencia dependerá del estado de cada piel. Cuando únicamente existe sensación de sequedad o tirantez, suele ser suficiente una aplicación tras la ducha de la mañana y otra al finalizar el día. Si la piel permanece muy caliente o enrojecida, recomienda aumentar las aplicaciones e incluso optar por formatos en spray para evitar el contacto directo sobre las zonas más sensibles. Respecto a la cantidad, aconseja no quedarse corto. Lo adecuado es aplicar una dosis generosa que permita hidratar correctamente toda la superficie sin dejar una sensación excesivamente pegajosa. Como referencia, indica que aproximadamente una nuez de producto resulta adecuada para cada zona amplia del cuerpo, como brazos o piernas, aumentando la cantidad cuando la piel lo demande.

Hay zonas que casi todos olvidamos

Igual que ocurre con el protector solar, existen partes del cuerpo que prácticamente nadie recuerda hidratar después de la exposición solar. Sin embargo, son precisamente algunas de las más sensibles. Marta Viguera destaca la importancia de prestar atención a la zona situada detrás de las orejas, la nariz, los labios mediante un bálsamo específico, el cuello, la nuca, las axilas, los laterales del cuerpo, la línea del bikini o del bañador, los pezones, los empeines y los dedos de los pies. Dedicar unos segundos extra a estas zonas puede evitar molestias y favorecer una recuperación mucho más uniforme. 

Una de las dudas más frecuentes cada verano consiste en saber si una loción corporal puede sustituir al after sun. La respuesta de la farmacéutica es clara: depende de su formulación, aunque no suelen ser equivalentes. El after sun está diseñado específicamente para reparar la piel tras la exposición solar. Además de hidratar, incorpora ingredientes que ayudan a disminuir la temperatura cutánea, aliviar la rojez, reducir la tirantez y favorecer la reparación de la función barrera. Entre los activos que considera realmente interesantes destacan el pantenol, la alantoína, la avena coloidal, el bisabolol, el aloe vera, la glicerina, el ácido hialurónico, la urea en bajas concentraciones, las ceramidas, el escualano, la manteca de karité y antioxidantes como la vitamina E, la coenzima Q10, la niacinamida, la fotoliasa o los polifenoles del té verde y de la uva, capaces de ayudar a combatir el daño oxidativo provocado por la radiación ultravioleta. Una crema hidratante puede utilizarse siempre que incorpore ingredientes reparadores y calmantes, pero nunca debería contener retinoides, alfahidroxiácidos (AHA) o ácido salicílico, ya que favorecen la renovación celular y podrían alterar todavía más una barrera cutánea que ya se encuentra dañada por el sol.

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