Ni cara ni escote: la zona que casi nadie protege del sol y que más sufre en verano

Los expertos recuerdan la importancia de proteger el cuero cabelludo del sol, una de las zonas que más radiación recibe en verano y que suele pasar desapercibida en la rutina de protección solar

Cuando pensamos en protección solar, la mayoría repetimos el mismo gesto casi de forma automática: aplicamos crema en el rostro, el escote, los hombros o los brazos antes de salir de casa o de ir a la playa. Sin embargo, existe una parte del cuerpo que permanece expuesta durante horas a la radiación ultravioleta y que, pese a ello, sigue siendo una de las grandes olvidadas de cualquier rutina de cuidado. Se trata del cuero cabelludo, una zona especialmente sensible que puede quemarse con facilidad, acelerar el envejecimiento de la piel e incluso aumentar el riesgo de desarrollar lesiones cutáneas. El problema es que muchas personas creen que el pelo actúa como un protector natural suficiente. En quienes tienen el cabello fino, una raya muy marcada, entradas pronunciadas o zonas con menor densidad capilar, la piel queda prácticamente desprotegida frente al sol.

Una de las quemaduras más frecuentes del verano

Seguro que más de una vez has notado esa desagradable sensación de escozor al ducharte después de un día de playa. En muchos casos no procede de la espalda ni de los hombros, sino precisamente de la raya del pelo o de la parte superior de la cabeza. El cuero cabelludo recibe la radiación solar de forma directa durante horas y, al tratarse de una piel muy fina, puede sufrir quemaduras con bastante rapidez.

El problema es que, al estar cubierto parcialmente por el cabello, muchas personas no detectan el daño hasta que aparecen el enrojecimiento, la descamación o incluso pequeñas heridas. La exposición solar acumulada favorece el envejecimiento prematuro de la piel y aumenta el riesgo de lesiones precancerosas y cáncer cutáneo, especialmente en personas con alopecia o pérdida de densidad capilar. Los rayos UV alteran la estructura del cabello, favorecen la pérdida de hidratación y hacen que la melena se vuelva más seca, áspera y quebradiza. En los cabellos teñidos o con mechas, además, el sol acelera la oxidación del color, provocando reflejos indeseados y una mayor pérdida de brillo. A ello se suman el cloro de las piscinas, la sal del mar y el viento, que aumentan todavía más el desgaste de la fibra capilar durante los meses estivales.

Cómo proteger correctamente el cuero cabelludo

La buena noticia es que proteger esta zona resulta mucho más sencillo de lo que parece. Los especialistas recomiendan utilizar fotoprotectores específicos para el cabello y el cuero cabelludo, disponibles en formato bruma o espray, que permiten aplicarlos sin dejar sensación grasa ni apelmazar el pelo. Cuando la exposición va a prolongarse durante varias horas, la mejor protección continúa siendo una barrera física. Sombreros de ala ancha, gorras o pañuelos reducen de forma muy significativa la cantidad de radiación que recibe directamente el cuero cabelludo. También conviene evitar permanecer bajo el sol durante las horas centrales del día, cuando la radiación ultravioleta alcanza sus niveles más altos.

Los dermatólogos aconsejan pulverizar una pequeña cantidad de protector solar sobre la raya antes de salir de casa y repetir la aplicación si se permanece muchas horas al aire libre, igual que se hace con el resto del cuerpo. Porque, igual que nadie se plantearía pasar una jornada entera en la playa sin proteger el rostro, el cuero cabelludo también merece convertirse en una prioridad. Al fin y al cabo, es una de las zonas del cuerpo que más radiación recibe durante el verano y, paradójicamente, una de las que menos cuidados recibe.

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