La joven ha comentado la relación tan estrecha con su padre así como algunas anécdotas personales
«Tana tiene cosas de mi madre que dan miedo», arranca Francisco Rivera en su entrevista en ‘Silla de Enea’ con el periodista José Manuel Peña, periodista y crítico taurino en ABC de Sevilla. Tras hablar largo y tendido de la profesión, de sus raíces y su arraigo familiar, su hija ha querido acompañarle dándole una sorpresa para comentar otros asuntos más personales y familiares sacando ese lado más íntimo.
«Cuando estoy con mi herencia, como yo digo, con los amigos de mi madre, el Pay, el Keli, Antonio Díaz, el Chuli, Ale, hace gestos que me mira, nos miramos y decimos: ‘Guala’», comenta feliz. «Y tiene unos gestos y tiene unas salidas y es igual de cabezona que mi madre». Asiente Tana, con una sonrisa pícara.
«Fíjate que no la vivió mucho, pero da miedo», comenta Rivera. «Para mí es un orgullo absoluto y las dos abuelas han sido muy queridas», responde la joven. «No han dejado a nadie indiferente», incide Rivera. «En la vida no se puede dejar a nadie indiferente. El que te odia que te odie con todo su alma y el que te quiera que te quiera muchísimo. Indiferente no se puede pasar por aquí», señala.
Ante la pregunta de cómo asume ese foco mediático que su padre ha llevado durante 50 años y ese peso de responsabilidad al pertenecer a ambas familias, Tana comenta que «es una responsabilidad muy grande, sobre todo porque se han ido dos personas, bueno, mi abuelo también. Lo que pasa que es verdad que a mi abuelo no le conocí y conozco a poca gente que me cuenta historias, pero a mí me encanta escuchar todas las historias de mi abuelo y mis abuelos y es una responsabilidad porque creo que son personas muy queridas, creo que nadie nunca ha hablado mal de ellas y sobre todo yo con lo que me quedo que eran personas que se llevaban con todo el mundo, no le hacían feo a nadie, se juntaban con todo el mundo, súper generosas, ayudaban mucho a la gente y la verdad que yo intento hacerlo», responde.
Respecto a la relación con su padre, Tana comenta que «como padre es un padrazo. Siempre he dicho, era el que jugaba conmigo todo el rato, se tiraba, me llevaba todos los parques de atracciones de agua, bueno, era como el mejor, además todas mis amigas nos encantaba porque nos cogía, nos tiraba, el mejor».
«Ha sido exigente, ha sido es muy cabezota como yo, que yo también lo soy, entonces ahí chocamos un poquito, ¿eh? (risas)». «Pero yo intento aprender de él cada día porque le admiro mucho». «Le admiro mucho como persona, le admiro mucho como profesional, evidentemente, pero como persona le admiro mucho y creo que que tiene un poder de superación que ojalá tenerlo yo y luego es muy buena persona, es amor, bondad, todo lo que se ve desde fuera…». Rivera ríe emocionado con las palabras de su hija. «Siempre lo he dicho y es verdad. Tiene su genio, tiene mucho genio, pero pero es muy buena persona y creo que eso es lo más importante y me da mucha pena cuando la gente habla mal o juzga, que siempre queda él como de chulo, pero que en el fondo la gente nunca se para, el que le interesa se para, pero el que no le interesa no se para y directamente juzga y eso es una pena», responde Tana.
Posteriormente recuerdan una broma de pequeña en la que jugando con los primos a subir a los bueyes a un primo suyo se le ocurrió la idea de decir que por qué no hacían como que a Tana le había cogido una vaca. «Entonces me cogieron literal como llevan a los toreros a la enfermería. Fran, que a Tana la ha cogido una vaca, me soltaron en el suelo y yo seguía así (con la cabeza agachada) como si aún me hubiera cogido la vaca». «Una broma muy graciosa, yo todavía me río muchísimo», cuenta Francisco. «Nos hizo ir a casa a hacer tablas de multiplicar», señala Tana.
Comentan padre e hija acerca de un toro que criaron a biberón, el toro Lenon. «Allí disfrutábamos mucho». «La vida en el campo es maravillosa, y en mi casa no ha entrado a día de hoy un videojuego, ni una tablet y yo voy a intentar que no entre. Y los niños tienen que jugar, tienen que jugar con palos, piedras y tienen que caerse y tienen que inventar. Fundamental que un niño se aburra, que se aburra, que invente y que se entretenga», remata Francisco.
Anécdotas en Londres o en Venecia, cuando Tana estuvo en un colegio que aparecieron sus amigas junto a matrimonios amigos y se arrancaron a cantar a las puertas del centro. «Qué vergüenza, pero luego no quería que se fueran». «Fuimos a Hide Park e hicimos un picnic y las niñas bailando, Emilio Caracafé con la guitarra y El Pay cantando una sevillana, acabamos rodeados de ingleses», resalta. «En Venecia empezaron a echarnos dinero porque hicimos una cosa parecida y nosotros diciendo que era una broma».