Cómo hacer un candy bar

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  • HACE 5 meses, 6 días

Paso a paso y todo lo que necesitas para crear la mesa dulce (candy bar) de una boda, cumpleaños o Primera Comunión

Una llamada de teléfono me distrae del libro que tengo entre manos: «¿Te puedo hacer un encargo para mi boda? ¿Quieres ocuparte de montar el candy bar?». Si no fuera porque conozco la voz pensaría que se han equivocado. ¿Candy Bar? ¿Eso qué es? – «Hija, la mesa de chuches». ¿Pero tantos niños van a la boda? – le pregunto, sorprendida de que haga falta una mesa entera solo para eso. «No, no, si es para los mayores, para las copas».

Lo de la terminología es otra guerra: que si candy bar, que si wedding planner, que si el cigar corner, que si el kissing booth, layout, sitting plan… ya veo para qué ha servido gastarnos nuestros ahorros en mandar a los hijos a Irlanda.

Lucila Lucila

Una vez entendido lo que se espera de mí, me comprometo. Total, encontrar cuatro cuencos monos para llenar de gominolas no será para tanto. Pero cuando veo los kilos de chuches que ha comprado Carlota y el tamaño de la mesa que tengo que rellenar me doy cuenta de la complicación que tiene el tema.

Así que me pongo a pensar cómo colocarlas para que esté lucido (incluido dar un paseo por el chino del barrio, para inspirarme con el millón de cosas absurdas que suelen tener). El día anterior a la boda, con ayuda de los hermanos de los novios y alguna que otra tía voluntariosa, me pongo a ensartar tiras de picapica, ladrillos y gominolas, listas para pinchar en los corazones de poliexpan.

Lucila Lucila Lucila

Por si tenéis en la familia alguna Primera Comunión o boda, os cuento cómo lo hice y todo lo que se necesita.

  1. Las chuches. Carlota las compró en El Palacio de los Caramelos, pero también se pueden comprar en Makro, en una tienda de la calle Pureza o en los almacenes que proliferan en algunos polígonos industriales. Hay una variedad enorme, con formas, colores y sabores distintos: nubes, esponjitas o marshmallows, corazones de goma, dentaduras de foam, ladrillos de fresa rellenos, plátanos, regalices, lágrimas de gominolas con sabor a frutas, lenguas picapica, taco relleno rojo, tajadas de sandía, besos dulces… No hay que olvidarse de los frutos secos para los más clásicos («donde se ponga un pistacho que se quiten las esponjitas»), aunque también se puede optar por palomitas de maíz, bolitas de queso, etc. Cualquier cosa que acompañe bien a una copa.
  1. Recipientes. Si hay algo bueno en las chuches es el colorido, así que lo ideal son recipientes de cristal para que se vea lo que hay dentro. En Ikea hay mucha variedad a buen precio: jarrones de muchos tamaños, bandejas con pie para tartas, pequeños boles con tapa, vasos de cristal que después se pueden utilizar para poner velas, etc. En los más altos coloco las tiras de fresa rellenas de nata y los regalices y en los más regordetes los frutos secos. En las fuentes redondas voy colocando chucherías por capas alternando colores y formas par que parezca una tarta.
Lucila Lucila Lucila
  1. Unos corazones de poliexpán de distintos tamaños, unas bolas, unos conos… cualquier cosa que sirva para pinchar las golosinas y dar relieve al conjunto (a las bolas les corto la base para que no rueden). Cuando mis hijos eran pequeños-(no había tantos chinos- una vez pinché las nubes en medias sandías, así que mirad alrededor a ver qué encontráis.
  1. Papel pinocho para forrar el poliexpán. Los hay de muchos colores, para conjuntar o contrastar con el mantel. Yo elijo uno de color cardenal para que dé color al mantel gris y lo afianzo clavando medios palillos de dientes en la base.
  1. Pinchitos de madera para hacer unas brochetas dulces y palillos de dientes para sujetar el papel y para ir clavando las gominolas. Aquí entra en juego el gusto de cada uno al combinar los colores y las formas (a mí me parecen muy divertidos los plátanos) que compondrán el candy bar.

El único inconveniente de ser la responsable del candy bar fue que, una vez terminada la maravillosa comida que nos ofrecieron, tuve tentaciones de quedarme vigilando la mesa y de pegar un manotazo a los primeros invitados que se atrevieron a coger golosinas. Menos mal que tenía a mi marido cerca: «¿quieres dejar de una vez que la gente se acerque?».

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