We Love Flamenco 2026 consagra el retorno de la elegancia clásica

El Salón del Alfonso XIII cierra su 14ª edición dictando sentencia para la próxima feria: vuelven los talles a la cadera y el dramatismo del monocolor

El Salón Real del Hotel Alfonso XIII ha vuelto a ser, durante ocho días, el epicentro de la moda del sur. We Love Flamenco 2026 ha bajado el telón este 21 de enero tras una maratón de volantes que ha dejado cifras de récord: más de 1.300 propuestas inéditas que ya marcan la hoja de ruta hacia el Real.

Pero más allá de los números, esta edición será recordada por el equilibrio perfecto entre la vanguardia internacional y el respeto sagrado a la tradición. A continuación, analizamos los momentos clave y los diseños que han definido la pasarela, firma a firma.

México lindo y flamenco: la revolución de Arcos

El cierre de la pasarela fue una explosión de simbolismo. La firma Arcos no dejó indiferente a nadie con una colección que es una carta de amor al mestizaje. En sus desfiles vimos siluetas rotundas y cargadas de iconografía: destacó sobremanera un diseño espectacular en negro con un “Sagrado Corazón” bordado en el pecho en tonos dorados y rojos, flanqueado por mangas con gran caída que recuerdan a la solemnidad religiosa.

En la pasarela también nos mostraron la influencia del traje de charro: chaquetas cortas tipo torera con bordados dorados macizos sobre negro, combinadas con faldas de gran volumen y tocados florales maximalistas que evocaban a una Frida Kahlo contemporánea. Es, sin duda, la propuesta más teatral y valiente de la edición.

La sofisticación técnica: José Hidalgo y Alejandro Santizo

Si algo ha quedado claro es que la moda flamenca es alta costura. José Hidalgo volvió a dar una lección de patronaje. Sus creaciones revelan una apuesta por la limpieza visual: vimos vestidos blancos impolutos salpicados de lunares coloridos en una disposición casi geométrica, jugando con rombos y cortes arquitectónicos que estilizan la figura sin necesidad de excesos. También destacó su uso del color, introduciendo estampados florales acuarelados en tonos malvas y rosas sobre estructuras de volantes muy ordenados.

Por su parte, Alejandro Santizo apostó todo al poder del monocolor. Su desfile fue un estudio sobre la elegancia del rojo absoluto y el negro noche. Estrena diseños de escotes en ‘V’ profundos y mangas largas, donde el protagonismo residía en la textura de los volantes, rizados y con mucho cuerpo, creando una silueta de “femme fatale” flamenca, sobria y arrebatadora.

El ADN de la Feria: No te lo digo, Olmedo y Acedo

Para quienes buscan la esencia de la fiesta, las propuestas fueron deliciosas. No te lo digo trajo el “camino” a la pasarela. Sus diseños destilan sabor a romería clásica: en las imágenes vemos trajes de lunares en el binomio infalible blanco-negro, pero también en verdes lima y morados, siempre acompañados del mantoncillo cruzado al pecho y flores naturales coronando la cabeza. Es la flamenca que nunca pasa de moda.

Rocío Olmedo llenó el salón de alegría cromática. Destacan los talles altos que rompen en cascadas de volantes con mucho movimiento. La mezcla de colores saturados —fucsias con naranjas, verdes ácidos con morados— y el uso de gasas ligeras invitan a bailar. Sus mangas, con volumen en el hombro pero ligeras en la muñeca, son pura tendencia.

Carmen Acedo y sus canasteros reafirmaron su maestría. Vimos faldas con un vuelo generoso y cómodo, perfectas para “vivir” la feria, destacando los tejidos perforados y los encajes de bolillos en tonos cálidos como el amarillo albero y el rojo.

El contraste moderno: José Galvañ

Finalmente, José Galvañ puso la nota de contraste gráfico. Su colección jugó magistralmente con el blanco y negro, pero con un giro moderno. Vimos desde vestidos de inspiración masculina con cuellos de camisa y abotonaduras frontales, hasta diseños con mangas farol exageradas y escotes cuadrados muy favorecedores. Los lunares, en su caso, se mezclaron con rayas y bloques de color sólido, ofreciendo una visión gráfica y potente de la flamenca urbana.

We Love Flamenco 2026 cierra no solo con tendencias —donde el tono moka y el talle a la cadera piden paso—, sino con un compromiso. La creación del nuevo sello de calidad certificada WLF asegura que esta artesanía que hemos visto, desde los bordados de Arcos hasta los volantes de Hidalgo, siga siendo un patrimonio protegido.

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