Con más tristeza que pena para los cientos de millones de aficionados al fútbol de todo el planeta, el Mundial de Brasil comienza su cuenta atrás. Consumidos 56 de los 64 partidos, entramos en la recta final del campeonato más igualado que se recuerda en el fútbol moderno. De los ocho compromisos de octavos de final, tres de ellos se han decidido en la prórroga y dos en los penaltis.
Una gran hornada de favoritos ya se tuvo que marchar del torneo en la fase de grupos: España (vigente campeón), Italia, Inglaterra o Portugal. Algunos otros, como el mismísimo anfitrión Brasil, Alemania, Holanda o Argentina han estado cerca de caer en el primer cruce. Mientras tanto, y ajenos a todos los focos de la responsabilidad y la obligación del triunfo, en cuartos aparecen selecciones que nunca antes lo habían logrado, como Costa Rica o Colombia; o países que solo lo habían hecho una vez en su historia, como Bélgica en México 1986, hace ya 28 años.
Pero si hay un dato que ejemplifica como ninguno la enorme calidad y emoción del Mundial de Brasil es el de los goles. Se han anotado 154 tantos en lo que va de campeonato o, lo que es lo mismo, 2,75 dianas por partido. Estamos, de momento, ante la tercera Copa del Mundo más realizadora de las veinte disputadas. Y si las matemáticas no fallan, cuando el próximo 13 de julio el mítico Maracaná coroné al nuevo campeón, hablaremos del Mundial con más goles de toda la historia. Para eso solo hace falta que en los ocho partidos que restan por disputarse (los cuatro de cuartos, las dos semifinales, el tercer y cuarto puesto y la gran final) se marquen 18 tantos más. De momento, el campeonato con mejor puntería es el de Francia en 1998. Ahí se marcaron 171 tantos, 17 más que los que se han sumado en la cita de Brasil.
Orgulloso Blatter
El propio presidente de la FIFA, Joseph Blatter, ya mostró su satisfacción por la capacidad realizadora. Cuando iba a comenzar la tercera jornada de la primera fase del torneo, el mandamás del máximo organismo del fútbol expresó su felicidad en su cuenta personal de Twitter: «Media parte. 32 partidos, 94 goles (2,94 por partido; mejor cifra desde 1970), grandes aficiones en los estadios y en las zonas de fans. Precioso».
La alegría de Blatter no es baladí. Tras dos Mundiales en los que el modo de jugar de las selecciones fue muy criticado por su racanería y su poca vistosidad (a excepción de algunos partidos de España en Sudáfrica), el espectáculo por fin ha vuelto a una Copa del Mundo. Hace cuatro años, en el primer Mundial que se celebró en tierras africanas, solo se marcaron 145 goles. Hace ocho, en el Mundial de Alemania, se alcanzaron 147 tantos. Pobres registros si teníamos en cuenta los antecedentes. En Corea y Japón (2002) y en Francia (1998) se anotaron 161 y 171 tantos respectivamente. Ahora mismo son las dos Copas del Mundo más fructíferas en cuanto a goles pero ambos torneos están muy cerca de ser superados. Con 2,75 goles de media, el Mundial de Brasil supera los 2,52 de la cita asiática de hace doce años y los 2,67 del torneo disputado en Francia hace 16 años.
Pichichi «cafetero»
Si las cifras globales están haciendo grande al Mundial de Brasil, el de los principales artilleros también. Todos esperábamos que estrellas consagradas como Messi, Neymar, Robben o Muller (sólo ha faltado a la cita un renqueante Cristiano Ronaldo) estuvieran peleando por ser el máximo goleador del campeonato, pero entre todos ellos se ha colado un jovenzuelo de apenas 22 años que no solo es, de momento, el pichichi del Mundial sino que también es, por méritos propios, el mejor futbolista del torneo. Hablamos de la sensación colombiana, James Rodríguez, que con cinco tantos en su haber suma uno más que el resto de sus archiconocidos competidores. Así de mágico es Brasil 2014.







