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crítica de ópera

La vida breve: Cuando los escenógrafos dominaban la ópera

Ainhoa Arteta brilló dentro de una producción que no ha sido totalmente fiel al espíritu de Manuel de Falla

'La vida breve' llega por primera vez al Teatro de la Maestranza de Sevilla con un elenco liderado por Ainhoa Arteta

Ainhoa Arteta y Alejandro Roy en un momento de la ópera j. m. serrano

Carlos Tarín

Sevilla

'La vida breve'

  • Intérpretes: Ainhoa Arteta, Alejandro Roy, María Luisa Corbacho, Rubén Amoretti, Helena Resurreição, Sebastián Cruz, Gerardo Bullón, Alejandro del Cerro, Moisés Molina, Alicia Naranjo, Kenia Murton. Coro de la A.A. Teatro Maestranza. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla.
  • Director musical: Lucas Macías.
  • Director de escena y escenografía: Giancarlo del Monaco.
  • Coreografía: Nuria Castejón.
  • Vestuario: Jesús Ruiz.
  • Iluminación: Luis Perdiguero.
  • Producción: Palau de les Arts Reina Sofía (Valencia).
  • Lugar: Teatro de la Maestranza.
  • Fecha: 19/03/2023.

Primera representación en Sevilla. Es la frase que más se ha podido leer en los medios en los días previos al estreno. ¿Y por qué ha tardado tanto en representarse una ópera de Falla que dice la señora Arteta que debería estar entre los títulos fijos del Maestranza? Pues sencillamente porque tiene muy difícil teatralización para que sea mínimamente creíble, por no decir imposible, debido principalmente a un libreto imperfecto de Carlos Fernández Shaw, que Falla dio por bueno y que Del Monaco no ha ayudado a mejorar con el 'totum revolotum' que presentó, alcanzando la hilaridad en la escena de la boda, y además presumiendo de evitar los tópicos y cualquier referencia local reconocible. Pues ya puestos, podía haber obviado que Salud era una gitana del Sacromonte y, por lo mismo, quitar también la famosa 'Danza', protagonizada por gitanas y gitanos; y ya de paso llevarse la acción a Finlandia, que ya se sabe lo viscerales que son. Pero entonces, ¿la procesión con nazarenos qué fue? Un sueño. Ya. El problema es que en la obra de Falla ni se atisba esta 'visión' de un Cristo cantando -ni sin cantar- por soleares: ¿se ha preguntado el fatuo director escénico qué hubiera pensado el muy católico don Manuel de semejante numerito? Y todavía dice que el Cristo debería ser una cantaora (en Valencia lo fue), porque en el sueño Salud se ve 'crucificada' por Paco. Esto es rehuir del tópico y devanarse los sesos en pos de metáforas imaginativas. Por cierto, aunque en el cante flamenco se recurra al cuarto de tono, es siempre con la condición de que vuelva al mismo con el que empezó; nos pareció que esto no quedó muy claro.

El color rojo de sangre domina prioritariamente la iluminación de la escenografía, como en la última 'Traviata' lo monopolizaba el negro de luto, rememorando con ello los sonsonetes de Gila: 'yo no quiero decir nada, pero aquí alguien va a morir…'. Es verdad que el 'fatum' está desde la primera frase que se oye en la fragua, pero también hay un dúo de amor, un baile brillantísimo... Desde luego lo que no falta es la escena de sexo explícito, porque si no no es 'cool'; sin embargo, lo que nos pareció humillante de este momento escénico fue que terminase con el seguimiento de Salud/Arteta a cuatro patas buscando el sexo del amado. Hombres que abandonan a mujeres para casarse con otras los ha habido, más en el caso de señoritos o de quienes tienen mucho dinero frente a otros/otras más pobres, ya sea por dinero, diferencias de clases sociales o por cualquier tipo de interés, llegando desgraciadamente en algunos casos a la muerte por amor; lo que no parece de recibo es que la joven gitana enamorada (la 'chavala') imaginada por Fernández Shaw/Falla quede convertida en un animal en celo que se 'arrastra' mientras él la torea. Nada de esto está en el libreto ni en la intención del compositor, discreto, circunspecto y pundonoroso. Donde únicamente vive todo esto es en las fantasías ardorosas de los 'registas' y/o en las ganas de ser ellos los verdaderos protagonistas de la representaciones.

Como siempre, el reparto vocal salvó la producción, con una extraordinaria Arteta, que sigue manteniendo todas sus constantes vocales en forma, y más según fue rodando su voz. Volumen más que sobrado, intensidad expresiva en su canto, que Falla fuerza hasta notas algo más graves que lo habitual, y además con muchos arrestos, expresando así con convicción el sentir doloroso de la gitana -frecuentemente su desesperación-, pareciendo presagiar desde el principio la tragedia; de igual manera, recurrió a la voz natural cuando terció, o bien desplegó unos graves acertadamente emitidos, sin engolar. Ya desde «¡Vivan los que ríen!» presentaba estas cualidades, si bien todavía quedaba mejorar a medida que su voz se fue calentando.

Alejandro Roy asumió el rol de Paco con una dicción clarísima, buen empaque, cuidado en todo el registro y jugando adecuadamente con la ambigüedad de su personaje. A Rubén Amoretti lo hemos visto en distintos roles, alguno tan terrible como un Sparafucile (en Jerez), así que con su voz profunda y cavernosa se adecuaba perfectamente al inquietante Tío Sarvaor. Breve, pero muy bien resuelto, estuvo el personaje de Manuel encarnado por Gerardo Bullón, a quien recordamos por su participación en la zarzuela 'Los diamantes de la corona'. Quizá merecía un rol más destacado la mezzo portuguesa, quien en su momento nos sorprendió por su registro muy natural, suave y aterciopelado en «Le Cinesi» de Manuel García; ahora venía fundamentalmente como la circunstancial Carmela, pero volvimos a disfrutar de su atractivo registro. La abuela de Corbacho, en cambio, fue la primera voz de la obra y la impresión de su registro tremolante, oscuro, que llegó a engolar en algunos pasajes, no era la mejor carta de presentación para la ópera. El coro estuvo tan acertado y brillante como suele.

 

En el foso debutaba el oboísta onubense Lucas Macías, quien desde un principio demostró haberse empapado del lenguaje fallesco y llevó a la ROSS en volandas, dotándola de gran colorido, texturas evocadoras y respeto a las voces. Sin embargo, también fue capaz de expresar los momentos más dramáticos de la ópera con pujanza y brío, mostrándosenos como un director más que interesante.

Por otro lado, y nuevamente queriendo evitar el tópico, vimos un estupendo cuadro flamenco con trajes de faralaes (en preciosos diseños debidos a la mano del admirado Jesús Ruiz), coreografiados por Nuria Castejón en un estilo de baile tradicional, apurando con buen criterio todas las partes bailables.

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