Entrevista
Julián Conejo Mir: «En cuatro o cinco años, un robot y no un médico será el primero que atienda a un paciente en el hospital»
El catedrático y dermatolólogo defiende el uso de la tecnología pero cree que hay que avanzar a la vez en humanización: «Lo primero que quiere un enfermo es que el médico le escuche y habría que incluir en el plan de estudios de Medicina una asignatura sobre cómo tratar a los pacientes»
«Algunos tratamientos de psoriasis cuestan mil euros a la semana y no se regatean a ningún paciente. Esto no pasa en ninguna otra sanidad pública del mundo»

Julián Conejo Mir, uno de los mejores dermatólogos españoles, va a cumplir 66 años pero no piensa jubilarse. «Tengo un gran equipo en el Virgen del Rocío y creo que a esta edad los médicos estamos en nuestro mejor momento profesional. Es un crimen ... jubilar a un médico con 70 años, eso sólo ocurre en España», dice. Catedrático de Dermatología desde hace más de 25 años, se define como médico humanista y amante de la tecnología, algo que no tiene por qué ser contradictorio, en su opinión. También dice que hay que incluir en el plan de estudios de Medicina «una asignatura sobre cómo hay que tratar a los pacientes» y que por esa falta de empatía o de conocimientos sobre esta materia que no se estudia en las facultades españolas conoce a muy pocos médicos «que hayan obtenido muchas matrículas de honor durante la carrera que sean médicos de prestigio para sus pacientes. Son grandes investigadores o grandes científicos pero no grandes médicos«. Conejo Mir dice que se pega a los jóvenes «para aprender de ellos» y dibuja un futuro «apasionante» para la Medicina gracias a los avances tecnológicos«, a pesar de los problemas que sufre en este momento nuestro sistema de salud.
-Los médicos anuncian movilizaciones y huelgas tanto en la sanidad pública como en la privada.
-Estos problemas se veían venir desde hace muchos años porque se sabía lo que iba a pasar con las jubilaciones y había estudios e informes sobre eso. Recuerdo que en 2011 se congelaron las plantillas sanitarias y se bajó el sueldo a los médicos en torno a un 30 por ciento. A pesar de algunos esfuerzos que se han hecho en Andalucía que son loables, no se han repuesto todas las bajas por jubilaciones desde entonces. Se ha anunciado pero no se ha hecho.
-En este momento apenas hay profesionales para cubrir las bajas, al menos en los centros de Atención Primaria.
-Formar un médico cuesta 11 años y mucho dinero. Y ahora se está abriendo la mano pero no lo suficiente para reponer las jubilaciones. Se ha pasado en la Facultad de Medicina de Sevilla de 280 a uno 340. Está bien pero no basta. Estos 60 nuevos especialistas no estarán disponibles antes de 2033.
-Faltan sobre todo pediatras y médicos de familia.
-Sí, pero lo peor es que se vayan fuera a trabajar o hacer otras cosas porque se les ofrecen contratos malos y precarios, de dos o tres meses sin saber si podrán continuar. Todos necesitamos planificar su futuro, como cualquier otro profesional. Hay médicos de familia que están haciendo medicina estética. A los especialistas se les está ofreciendo en Andalucía un contrato de 2.400 euros al mes pero hay muchas veces que se les ofrece un contrato al 80 o al 70 por ciento. Y entonces puede bajar hasta los 1.400 euros al mes, que es poco más que el salario mínimo. En el paro casi se cobra lo mismo. Ese es el problema de los camareros y de los oficios medios.
-En Cataluña y País Vasco cobran más.
-Hasta un 40 por ciento más. Y eso no es lógico. Debemos cobrar lo mismo en toda España.
-En esas dos comunidades y Navarra también tienen más personal y mejores medios técnicos. Si hay médicos de primera y de segunda en España en función de sus salarios, da la impresión de que también hay pacientes de primera y de segunda en España.
-Esto es relativo. En el sistema sanitario andaluz fuimos pioneros en implantar la historia digital de los pacientes, que no tienen en Madrid o Barcelona. También se vio en la pandemia que en Andalucía estábamos preparados para la telemedicina y cuando surgió la pandemia pudo organizarse con rapidez. En eso creo que fuimos por delante de otras comunidades españolas.
-El Covid se cobró víctimas colaterales por retrasos en los diagnósticos y descompensaciones en enfermos crónicos que no se atrevieron a ir al hospitl por miedo a contagiarse. ¿Lo notaron mucho en Dermatología?
-Sí, y lo seguimos notando ahora. Nos están llegando personas mayores con lesiones bárbaras, muy avanzadas, porque no se atrevieron a venir al hospital durante la pandemia por miedo a contagiarse de coronavirus. Lesiones que se han hecho muy grandes y que precisan de un tratamiento muy agresivo. Si se les hubiera cogido a tiempo, no sería necesario y no tendrían tan mal pronóstico. Se te caen los palos del sombrajo cuando ves que la gente ha aguantado hasta el último minuto para consultar con un médico. Y esto no sólo ha pasado con melanomas o carcinomas en Dermatología sino en cánceres de todo tipo.
-Atienden a 65.000 pacientes al año en el Virgen del Rocío.
-Y hacemos 12.000 teledermas al año. Sólo el Gregorio Marañón de Madrid ve más pacientes al año que nosotros en España.
-Se han hecho muchas teleconsultas pero supongo que la gente sigue prefiriendo la consulta presencial.
-Sí. La gente prefiere venir al hospital, quiere que el médico le escuche, te razone, te explique lo que pasa y lo que piensa hacer para solucionarlo.
-¿Es tan importante escuchar como curar?
-Se han hecho encuestas sobre lo que esperan los pacientes y lo de curar sale en el séptimo lugar. Y en el primer lugar, en todas las encuestas, sale escuchar. Quieren que el médico lo escuche y que el paciente le pueda contar sin prisas y en detalle lo que le pasa. Esa es la primera aspiración de un paciente cuando va a un centro de salud o a un hospital. Esto se lo explico yo a mis estudiantes y les digo que cuando vean un paciente suelten el bolígrafo o dejen el ordenador y miren a los ojos del paciente y le pregunten.
-¿Falta humanidad en las consultas médicas?
-Falta tiempo pero también falta humanidad. Eso es lo hay que enseñarle a los estudiantes de Medicina. Yo hace unos años impartía sesenta temas en Dermatología, ahora doy treinta y el resto que quiero dedicarlos a enseñar humanidad. Veo que esto está ahora poniéndose de moda de nuevo y creo que una asignatura básica en Medicina en un futuro muy próximo será cómo tratar a un paciente.
-En cierto modo, sería volver a la medicina de antes.
-Sí. La medicina es cincuenta por ciento ciencia y cincuenta por ciento arte. Arte y humanidad. Arte en tratar a un paciente .
-¿Y ahora mismo cuál es el porcentaje de los médicos actuales?
-Ochenta por ciento de ciencia y sólo veinte por ciento de humanidad. El médico quiere ser más humano pero no puede, en gran parte, por culpa de los ordenadores. Los ingenieros, por ejemplo, no tienen esa vocación de humanidad porque ellos juegan con lo abstracto, mientras los médicos jugamos con lo concreto. Aunque un médico sepa mucho, siempre será un médico insatisfecho si se da cuenta de que no sabe tratar a un paciente.
-Para poder estudiar Medicina hay que tener una nota altísima en bachillerato y Selectividad. ¿Eso garantiza esa empatía con los potenciales pacientes?
-No. Y por eso estoy en contra de ese estricto sistema de selección, exclusivamente por las calificaciones. Yo he sido cocinero antes que fraile y he pasado por muchísimos puestos y puedo decir que pocos médicos con todas matrículas en la Facultad se han convertido en médicos de prestigio. Serán grandes investigadores o grandes científicos, pero no grandes médicos. Hay que enseñar conocimientos pero también como aplicar esos conocimientos en los pacientes.
-¿Son incompatibles ambas cosas: humanidad y excelencia científica o tecnológica?
-No lo son. Yo me siento un médico humanista y tengo un gran amor por la tecnología. Y sé que hay muchos médicos que piensan igual que yo y que defienden también volver a las raíces de nuestra profesión. Hace ya muchos años fui a ver a un amigo mío a la UCI. Estaba en coma y conectado a un montón de aparatos; le di un toque en la pierna y le dije «ponte bueno que estamos deseando de verte». Acabó recuperándose y al año me dijo: «Tú no sabes lo importante que fue para mí que me tocases la pierna aquel día y me dijeras ponte bueno, que estamos deseando verte». Otro amigo mío dermatólogo, que estuvo intubado tres meses por Covid, me dijo que se enteraba de todo lo que le decían en la UCI. Es muy importante hablar con los pacientes y animarlos.
-El problema es que en los centros de salud, con más de 40 ó 50 consultas al día, los médicos no tienen tiempo para escuchar a sus pacientes. Al menos, escucharles todo lo que ellos les quieren contar.
-Esto es cierto y hay que arreglarlo, pero también es verdad que a veces los pacientes sólo tienen mocos y van al médico y eso hace que se saturen las consultas. El sistema sanitario debería instruir a los ciudadanos sobre cuándo deben ir al médico y cuándo deben quedarse en casa porque no es precisa la atención médica. Hay que explicar que los recursos sanitarios son limitados y hay que aprovecharlos bien con la gente que realmente lo necesita.
-¿Qué ocurre en otros países?
-En Estados Unidos una consulta con un médico de Primaria no suele durar más de minuto y medio. No levanta la vista del ordenador y te receta cosas muy genéricas que no tengan muchos efectos secundarios, por si acaso le causa algún mal del que tenga que responder ante un tribunal. En el Reino Unido si te caes y te partes un tobillo, como le pasó a un amigo mío, el médico te manda en principio un ibuprofeno y te dice que vuelvas sólo si te sigue doliendo dos días después y entonces sí ordenará que te hagan una radiografía. La sanidad francesa funciona muy bien, no tiene problemas, y la suiza, tampoco, aunque no me gusta. El modelo que siguió Obama para su reforma sanitaria en Estados Unidos fue la sanidad suiza.
-¿Nuestra sanidad no es buena?
-Sí, es buena, pero no es la mejor del mundo, como dice tanta gente. Tenga en cuenta que el sistema sanitario que tenemos lo puso Franco y nadie se ha atrevido a transformarlo. Y necesita una reforma importante.
-¿Por dónde empezaría?
-Yo empezaría por el capítulo 1: contratar más sanitarios y con contratos estables. Si se destinaran los mil millones de euros que se destinan a políticas de igualdad a la sanidad, se arreglarían muchos problemas.
-La tecnología ha mejorado mucho la precisión en las cirugías con robots muy avanzados. ¿Tendremos en el futuro que hablar con un robot cuando lleguemos al centro del salud o al hospital antes que con un médico?
-Sí, y diría más. En un futuro muy cercano. En cuatro o cinco años esto va a pasar en la unidad de Dermatología del Virgen del Rocío y en todas las del hospital puede ocurrir también. El primero que atenderá al paciente será un robot. Y puede darse el caso de que los pacientes acaben con una especie de síndrome de Estocolmo porque los robots te van a escuchar todo el tiempo que necesites e incluso contestarán a tus preguntas básicas, algo que no puede hacer un médico por falta de tiempo. Pero va a ser algo engañoso porque lo que no va a hacer nunca un robot es ponerte la mano en el hombro o darte una palmadita, que para mí es fundamental.
-¿El avance en la tecnología hará que las imágenes sean lo más importante para hacer cualquier diagnóstico?
-Creo que no. Serán más importantes las preguntas que le hagamos al paciente y las respuestas que nos dé. Esas preguntas las puede hacer un robot e irá acotando el diagnóstico a medida que procese las respuestas.
-Por ejemplo...
-Le pongo un ejemplo con un diagnóstico de sarna, que está muy de actualidad. El robot preguntará qué le pasa y el paciente dirá que sufre picor. La siguiente pregunta será si el picor es continuo o discontinuo; si es discontinuo, la máquina preguntará si es por la mañana o por la noche. Y luego preguntará si es por todo el cuerpo o sólo por una parte, y si le pica la cara. Y después si ese picor lo tiene él solo o también alguien de su familia. Y con todas esas respuestas el robot podrá hacer un diagnóstico con una fiabilidad de un 99 por ciento. Sin una sola imagen y sin mirar al paciente.
-¿Y en caso de Covid?
-Sólo por la forma de hablar de la persona, la máquina puede diagnosticar Covid sin que le dé más datos el paciente. La garganta del paciente Covid hace unos picos raros.
-¿No teme que esta tecnología sustituyendo a los médicos?
-No. En la dermatología se utiliza desde hace 18 años y el efecto ha sido el contrario. Suprimirá trabajos tediosos, mecánicos, pero no sustituirá a ningún médico. El ordenador hará preguntas y ordenará las respuestas y sacará un informe pero no hará la labor más importante de un médico. En medicina para ser un experto en algo tienes que hacer ese algo unas cien mil veces, que equivalen a unos diez o quince años de ejercicio profesional y eso lo va a hacer el ordenador porque lo va a comparar con la base de datos. Con la tecnología y buena voluntad, un médico salido de la Facultad logrará en diez años de ejercicio profesional la misma capacidad de diagnóstico que un médico de sesenta años con treinta y cinco años de experiencia.
-El cuidado de la piel se ha puesto de moda con los selfies e Instagram. ¿Servirá también este órgano, con la ayuda de la tecnología, para que los médicos sepan qué nos pasa por dentro.
Todo queda registrado en la piel. Y la piel te infroma de todo, de lo que va bien y de lo que va mal. Creo que en cinco o diez años llevaremos una capsulita implantada en el espacio interdigital de los dedos 1 y 2 que medirá todo lo que pueda interesarnos: la glucosa, el sodio, el potasio, etcétera. Esta capsulita tambien hará un electrocardiograma y un chequeo continuo. Creo que también se podrá pagar en los supermercados y en todos los sitios con ese dispositivo, sólo acercando la mano.
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