Los arroceros de Sevilla que desafían a las mareas
Los agricultores de Isla Mayor se unen para captar coordinadamente el agua del Guadalquivir y evitar que se agrave la creciente salinidad del agua

En las inmediaciones de Isla Mayor se recrea una de las estampas que mejor representa la sinergia de este paisaje con Doñana . Se está segando el arroz y toca después batir las «tablas» -como se denominan las fincas de la zona- y remover ... la tierra encharcada para renovar el suelo. Este proceso sirve de reclamo para miles de aves, que sobrevuelan en busca de los gusanos y cangrejos que afloran bajo las alfombras del suelo en torno a los tractores que realizan el fangueo (que así se llama esta labor agrícola).
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El ir y venir de cosechadoras discurre en un horizonte absolutamente plano , tan solo interrumpido por las siluetas de los molinos y secaderos, o por la de algún antiguo poblado de jornaleros (abandonados hace décadas tras la mecanización del cultivo). «Recientemente nos visitó una delegación de Corea del Sur, decían que su país era un productor pequeño porque solo tienen 700.000 hectáreas», ironiza Eduardo Vera, gerente de la Federación de Arroceros de Sevilla . Junto al Guadalquivir apenas hay 40.000 hectáreas, una cifra anecdótica si se compara con el de los grandes países productores, pero son las más feraces del mundo. «Cosechamos una media de 9.000 kilos por hectárea, con un gran nivel de tecnificación y mecanización en las explotaciones y con unos agricultores con altos niveles de cuidado y especialización... tenemos la hectárea más productiva del planeta», remarca.
Sobre esta productividad se cierne una amenaza cada vez más acuciante. Las tierras más cercanas a Doñana , las que están al sur de la orilla derecha del Guadalquivir, son las que sufren con más severidad la gran preocupación de los arroceros: el aumento paulatino de la salinidad. «El río viene cada vez con más sal, es un problema que llegó para quedarse».
Frente a las pérdidas que se produjeron en las pasadas campañas, los arroceros están uniendo fuerzas. «Esta campaña hemos logrado organizarnos y coordinarnos para que se suelte el agua por la presa de Alcalá en el momento idóneo», apunta Álvaro Pallarés, presidente de la Junta Central de Regantes . En vez de coger grandes cantidades de una sola vez, se ha hecho de manera muy paulatina para no elevar súbitamente la salinidad del agua. «Queda mucho por hacer, pero se están dando pasos».

Tradicionalmente el dragado del río ha enfrentado al Puerto con los arroceros. Ahora la relación entre ambos ha cambiado. La Autoridad Portuaria está estudiando más profundamente las mareas -cuya influencia llega hasta Alcalá del Río - y la modelización del denominado «tapón salino», así como la incidencia que tiene el tráfico de barcos en el mismo. Este estudio exhaustivo del estado del río se lo han ofrecido a los arroceros para colaborar a que tomen el agua cuando las condiciones son mejores. ¿Qué inicidencia positiva tendrán estas medidas? «Ahora estamos recogiendo la cosecha , somos optimistas», pero habrá que esperar a recoletar toda la producción para ver el impacto final.
La relación de los arroceros con el Guadalquivir es un comercio de ida y vuelta. « El 75% del agua que recibimos vuelve posteriormente al río en mejores condiciones, le pedimos un crédito al río y se lo devolvemos, y por el camino fijamos el nitrato que trae de otros cultivos aguas arriba, eliminamos la turbidez… somos un gran filtro», apunta Pallarés. También para la devolución del agua se ha elaborado una estrategia para luchar contra la salinidad. Se han adecuado los colectores de desagüe para evacuar conjuntamente por encima del «tapón» y mejorar también la salinidad.
Este monocultivo tiene asociada una segunda actividad: la pesca del cangrejo americano. Al inicio de la cosecha se combinan matices en el paisaje, porque hay tablas fangueadas y otras que aún están por cosechar. Antes de que se desagüen las parcelas los pescadores aprovechan para recoger en sus redes al crustáceo. «Es la otra cara del empleo en la comarca, hay cuatro empresas que procesan esta especie, en las que trabajan cientos de mujeres, y la mayoría se exporta después a Estados Unidos», indica Vera. Arroz y cangrejos son el sustento de una zona que depende de vencer en su particular desafío contra unas mareas cada vez más saladas.
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