Pintura que recrea la decapitación del Rey Pedro I

La leyenda negra de Pedro I el Cruel, el rey Justiciero de Sevilla

Cuenta la tradición popular sevillana que un fantasma persigue al monarca por el Alcázar

SevillaActualizado:

Pedro I era un rey castellano, pero trasladó su corte a Sevilla. Era el único hijo legítimo de Alfonso X, pero acabó siendo destronado y decapitado por un bastardo. Las crónicas lo tachan de déspota y cruel, sin embargo es recordado como el justiciero por los sevillanos. La figura de don Pedro está dibujada con retales de historia que hablan de poligamia, pasión por las artes, lealtad y bravura. Incluso un fantasma le sigue rondando por el Alcázar para pedir su excomunión. Su leyenda con acabó con la muerte, sino

Tal día como hoy, un 23 de marzo de 1369, Pedro I fue asesinado en el campo de batalla, en plena guerra civil, por su hermano paterno Enrique de Trastámara. «Las crónicas castellanas hablan de que el fraticidio fue con alevosía, a traición, confiando en la justicia de su hermanastro. Pedro I murió a manos de su hermano y sus vasallos, en una tienda de campaña, en el campo de Montiel» relata a ABC Manuel García, catedrático de Historia Medieval de la Universidad de Sevilla.

«El cadáver del rey, según las crónicas aragonesas, fue decapitado, paseado en una lanza su cabeza por el castillo de Montiel, pero más tarde su cuerpo, recogido por sus partidarios, fue enterrado en la iglesia de Santiago de la Puebla de Alcocer» continúa explicando uno de los mayores conocedores de esta figura histórica.

La muerte Pedro fue sólo el último (o antepenúltimo) episodio de una vida en el trono marcada por las traiciones, los hijos fuera del matrimonio y las luchas intestinas. De su glorioso reinado en la capital hispalense da fe el Palacio Mudéjar de los Reales Alcázares de Sevilla, que él ordenó construir.

El rastro de don Pedro en Sevilla

Aunque este conjunto monumental también fue testigo de uno de los capítulos más oscuros de su vida, cuando mató al infante don Fadrique. De hecho, es habitual escuchar a los guías que acompañan a los turistas en el Alcázar contar la historia de la mancha de la sangre de su hermanastro que todavía impregna el mármol de la Sala de los Azulejos.

Retrato del Rey Pedro I
Retrato del Rey Pedro I

Otra huella de su funesto reinado en Sevilla es la «Cabeza del Rey don Pedro», que el propio monarca ordenó colocar, identificándose como el autor del asesinato de un noble sevillano. Sin embargo, más allá de la leyenda negra y sangrienta que envuelve la figura de Pedro I de Castilla, el rey de Sevilla dejó su impronta en la ciudad.

«Pedro I influyó en Sevilla en muchos aspectos relacionados con el gobierno de la ciudad. Baste señalar la protección que prestó al cabildo municipal y al eclesiástico, con donaciones importantes de su patrimonio. Fue un especial protector de la comunidad hebrea de judíos, a la que potenció y protegió en numerosas ocasiones, contra el resto de la población sevillana o no. Su huella se ha dejado seguir en colecciones diplomáticas y documentales que se conservan en el Archivo Municipal» apunta Manuel García, autor del libro «El rey don Pedro I y su tiempo».

Según este catedrático de la Universidad de Sevilla, Pedro I benefició a otras muchas instituciones sevillanas, como el monasterio de San Clemente, donde está enterrada su madre, María de Portugal, con la que tuvo una estrecha relación durante la edad menor del rey. «Las monjas de San Clemente criaron y educaron al joven príncipe don Pedro, quien dejó una huella notable en la ciudad, en la promoción de las artes relacionadas con el mudéjar, protección de los gremios y artesanado de la ciudad».

Por todo ello, y porque el propio rey lo pidió en su momento, su descanso eterno debía de estar en la ciudad que lo vio reinar, amar y matar, aunque para ello su osamenta tuvo que esperar quinientos años olvidada en una caja de manera. El periplo desde su asesinato en Montiel hasta su regreso a Sevilla fue bastante tortuoso a la par que estrambótico.

Vilipendiado hasta los huesos

Según el historiador Jerónimo Zurita, en su libro «Anales de Aragón», después de asesinarlo, le cortaron la cabeza y la echaron a la calle, poniendo su cuerpo entre dos tablas sobre las almedas del castilllo de Montiel. Más tarde, sus restos fueron trasladados hasta la iglesia de Santiago de Puebla de Alcocer.

En esta iglesia, cuenta Manuel García, permaneció olvidado hasta que en el año 1447, el Rey Juan II trasladó los restos mortales del Don Pedro al monasterio de Santo Domingo en Madrid. «Allí estuvieron hasta finales del siglo XIX, hasta la Revuelta de la Gloriosa en 1868 en que los restos de Pedro I, por iniciativa del Ayuntamiento de Sevilla, fundamentalmente llevado a cabo por su cronista don Joaquín Guichot, volvieron a la ciudad donde él quiso enterrarse» continúa relatando este catedrático de la Universidad de Sevilla.

Un 15 de febrero de 1877, Guichot y distintos miembros de la corporación sevillana, rescataron del Museo Arqueológico los restos mortales de Pedro I, donde habían sido depositados por los liberales madrileños. La llegada fue en tren, a la antigua Plaza de Armas, allí llegó en una caja de madera de terciopelo dorada, cubierta con la bandera de España. Se depositaron en la cripta de la catedral de Sevilla y allí siguen hoy día la espera de la creación de un gran mausoleo mortuorio que nunca se convirtió en una realidad.

Enemigos hasta la muerte

Los restos de Pedro I están en Sevilla donde él se quiso enterrar, debajo de la cripta, junto a otros dos grandes reyes sevillanos, nuestro santo rey conquistador Fernando III y nuestro gran rey sabio Alfonso X. Allí están los restos de los tres grandes reyes sevillanos. Celebramos por tanto la muerte de Pedro I y el fin de la dinastía de los Borgoña y el inicio de la dinastía de los Trastamara. Pero Pedro I tuvo una especialísima relación con Sevilla

En la cripta donde está enterrado Pedro I está su gran amor, María de Padilla, cuyos huesos se encuentran en una caja de madera, y al lado suyo está su hermano paterno, el célebre infante Don Fadrique, maestre de la obra de Santiago, al que el rey dio muerte en el Alcázar de Sevilla a los pocos años de acceder al trono. Parece mentira que la muerte ha unido a dos hermanos paternos que en la vida fueron contrincantes políticos. Lo que la muerte ha unido es lo que la vida separó.

La muerte también lo unió con un fantasma, el del Arcipreste de Marcos, el mismo que en su día fue el único capaz de comunicarle al monarca que el Papa le excomulgaba por su libertinaje sexual con María de Padilla, su eterna amante. El arcipreste nunca consiguió, por las amenazas del rey, comunicarle su castigo. Debido a esta «tarea pendiente», el fantasma de Marcos ronda por los alrededores del Alcázar buscando a don Pedro «para leerte tu excomunión»