PATRIMONIO

Una segunda vida para las casas palacios de Sevilla

El turismo ha permitido recuperar una veintena de residencias históricas transformadas en hoteles y alojamientos con encanto en el Centro de Sevilla

SevillaActualizado:

Si a finales de los noventa era la administración pública la que mantenía abiertas las grandes casas palacio de Sevilla con costosas rehabilitaciones, ahora es el turismo el que sale en defensa del patrimonio, transformándolas en hoteles y alojamientos con encanto que gozan de enorme popularidad. Más que los servicios que ofrecen, los huéspedes las eligen por la historia que esconden, muchas de ellas construidas en la época de esplendor de la ciudad, cuando todavía conservaba el monopolio del comercio con América. Casi una veintena de aquellas lujosas residencias de los siglos XVI y XVII forman hoy parte del catálogo hotelero de la capital andaluza, que vive la mayor expansión del sector tras la Expo.

La última que se suma a esta nómina es la vivienda familiar de los Moreno de la Cova, situada en la calle Guzmán el Bueno, que albergará un hotel de dos estrellas. Urbanismo ha dado el visto bueno al cambio de uso y al proyecto planteado para esta mansión, levantada hacia 1560, que ha sufrido sucesivas reformas en 1654 y en 1856 como consta en el dintel de la entrada. Ahora tendrá que sumar una nueva fecha. La intención es crear un alojamiento de dos estrellas con capacidad para quince habitaciones y propone la conservación de todos los elementos, pues el nivel de protección de la finca es parecido al de los grandes monumentos.

Por su ubicación estratégica, que no tanto por su historia, el barrio de San Cruz fue el primero en el que se fijaron los inversores para rescatar estas joyas residenciales y acumula, por tanto, el mayor número de hospedajes palaciegos. A unos cuantos metros de la Catedral, en la calle Rodrigo Caro, goza de gran popularidad la Casa 1800, construida a mediados del diecinueve y rehabilitada hace casi una década. Su envergadura le permite una catalogación de cuatro estrellas, la misma que tiene Las Casas de la Judería, un proyecto que sigue vivo y que ha incorporado un total de 27 residencias históricas, entre ellas la de los Padilla, que data del siglo XVI. Bajo sus techos esconde una calle de la misma época, casi un barrio detenido en el tiempo y oculto entre los muros del hotel .

Con el mismo espíritu, pero de una manera más modesta abrió hace unos años sus puertas el hostal del Callejón del Agua, en la calle Corral del Rey, que exhibe las rejas originales. Si se avanza unos números y tomando el mismo nombre de la vía, presta servicio otro negocio de dos estrellas, que también ha dado una segunda oportunidad a un palacio del siglo XVII, respetando sus espacios originales.

Ese es el principal reto de los arquitectos cuando se afronta una rehabilitación en un inmueble que tiene tanta historia detrás. Lo explica Manuel Ángel Clemente, socio del estudio Arq 27, encargado de la reforma del Palacio Pinello, propiedad del periodista Carlos Herrera. Cuando planteó el proyecto dejó claro que quería conservar toda esa esencia. Clemente explica a ABC que «es el más antiguo de Sevilla, pues los primeros documentos lo datan en 1470». «Es el más emblemático y eso condiciona mucho la rehabilitación, porque hay tantas piezas valiosas que proteger», asegura. Su socio, Pedro González, es el que firma el diseño y tuvo que afrontar ese reto incorporando elementos como la gran escalera de dos metros y medio de ancho o los artesonados. «Eso obliga a reducir el número de habitaciones e incluso hacerlas más irregulares en el tamaño», aclara. Sin embargo, agradece «la comprensión del cliente que primó la calidad de la restauración a la rentabilidad económica».

Manuel Ángel Clemente en el hotel Palacio Pinello
Manuel Ángel Clemente en el hotel Palacio Pinello - Rocío Ruz

El Barroco sevillano es el que predomina en la Casa San José, que acoge cinco apartamentos con capacidad para una veintena de huéspedes, todavía sin salir del barrio de Santa Cruz. Este palacio del siglo XVII fue rehabilitado completamente en 1993, convirtiéndose en uno de los precursores de esta expansión turística en espacios históricos. Del mismo estilo, pero de creación más reciente, es el hotel Boutique Elvira Plaza, que también tomó la denominación del enclave en el que se encuentra. Y el último de este tipo, con una larga historia detrás, es el hotel del Rey Moro, que conserva la fisonomía de un antiguo corral de vecinos, con galerías de madera en torno al patio central.

Ya hacia la Catedral el turista puede encontrar la Casa de Colón, en la calle Hernando Colón, propiedad de la familia Pazos. Esta edificación colonial ofrece las vidrieras originales y la distribución del siglo XVIII, cuando fue reconstruida. Mucho más señorial es el conocido hotel Doña María, que en su día fuera también una de las casas palacios más lujosas de Sevilla. La propiedad pasó por muchas manos hasta llegar a las de la marquesa de San Joaquín, que la convirtió en un alojamiento en los sesenta.

Este tipo de construcciones llegan a albergar alojamientos de cinco estrellas, como el Palacio Villapanés, situado en la calle Santiago, que recibe el nombre de los aristócratas que durante siglos lo han habitado. En su interior se nota aún la huella del pasado, tanto en el patio como en cada una de las 50 habitaciones- Esa misma categoría la comparte el Mercer Castelar, que lleva poco más de un año en marcha tras una ambiciosa rehabilitación que firma el estudio de arquitectura Cruz y Ortiz.

Con una fachada parecida y compartiendo un muro medianero con el mismísimo Alcázar presta servicio el hotel de la calle Mariana Pineda. Es el único de la ciudad con vistas directas a los jardines de la residencia real y en su interior se pueden encontrar varios espacios con restos arqueológicos de época almohade, bajomedieval y contemporánea.

El arquitecto Ignacio Toribio en el edificio de la Encarnación
El arquitecto Ignacio Toribio en el edificio de la Encarnación - Rocío Ruz

El crecimiento turístico ha obligado a diversificar la oferta extendiendo la rehabilitación hacia viejas mansiones más alejadas del circuito habitual. Es el caso del hotel Santiago 15, que toma la referencia de la dirección y el Ítaca, en la calle Santillana, en el corazón de la Alfalfa. La Casa Palacio Don Pedro, en la calle Gerona es otro de los ejemplos, así como el nuevo hotel de la avenida Reyes Católicos que acaba de abrir sus puertas tras una costosa obra para que el edificio, propiedad de la Real Maestranza.

En unos meses también lo hará el hotel de cuatro estrellas de la Encarnación, que permite recuperar toda la esquina de la calle Regina. El proyecto lo ha llevado a cabo el estudio Oficina de Arquitectura 110 y lo firma el arquitecto Ignacio Toribio, quien reconoce la dificultad añadida que presentan este tipo de encargos. «Las claves están en conocer muy bien desde el principio el espacio y amoldarte a lo que ya está», indica. Considera que el turismo se ha convertido en un aliado del patrimonio y destaca las altas exigencias para conservar los elementos con valor. Toribio reconoce que hay rehabilitaciones agresivas, pero por suerte «no es lo habitual» y se impone mucho más la norma conservadora.