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Miércoles, 30-07-08
YO no sé si le pasará a ustedes, pero para la que suscribe no hay periodo de vacaciones sin una buena colección de libros a mano. Hago huelga de teles y casi de periódicos (digo casi, porque los plumillas llevamos en los genes la pasión por la prensa) dejo aparcado el rimel y los tacones, saco las túnicas ibicencas y las chanclas, me pertrecho de avíos para el tinto de verano y me sumerjo en el placer de la lectura continuada, es entonces cuando verdaderamente empiezo a degustar de esos días de paréntesis de la marabunta cotidiana.
Entre los libros de los que he hecho acopio este verano me ha sorprendido uno, de título a priori inverosímil, que se ha convertido en una de las experiencias literarias mas gratas que he tenido en los últimos años. Se trata de «La elegancia del erizo» de Muriel Barbery, una joven escritora, nacida en Casablanca y convertida ya en toda una revelación literaria en Francia. El libro, editado por Seix Barral, es una obra inteligente, fresca, llena de magia y con un devastador sentido del humor. Hacía mucho tiempo que no me sorprendía tanto una novela. Tanto me ha enganchado el estilo de escribir y las cosas tan sutiles como originales que cuenta la Barbery que ando como loca buscando otras obras de la autora. ¿Qué de que va? Pues de una niña de pocos años, la portera del bloque en el que vive, los diversos habitantes que lo pueblan y un japonés retirado que llega a vivir a uno de los pisos. Ya ve, unos personajes y un marco aparentemente nada extraordinarios…pero lo son y ahí es donde reside la magia del libro. Un bellísimo canto a la amistad, el amor y el arte desgranados en poco más de trescientas páginas. No me extraña que su autora se haya ganado en muy poco tiempo el reconocimiento de la crítica y el cariño de miles de lectores entre los que ya me incluyo. De vez en cuando alguien logra reconciliarte con las pequeñas grandes cosas de la vida y eso es algo que siempre merece la pena compartirlo.
¿Qué a que viene lo del título? Ah, lea el libro. Allí se explica divinamente donde reside la elegancia de esos bichos. Y convence, oiga, convence.
lalvarez@buzonabc.com

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