Nadal, en el palco
Todo eran caras conocidas en el palco del Bernabéu. La grandeza del partido congregó en el templo madridista a gente de todos los sectores, mezclando a deportistas con políticos o artistas de diferente índole. Rafael Nadal, madridista confeso y gran aficionado al fútbol, compartió tertulia en la zona noble con el seleccionador de España, Vicente del Bosque, con el de Inglaterra, Fabio Capello, y con ilustres como Santillana, Fernando Hierro, Amancio o Pachín entre otros. Ex jugadores como Ian Rush o Radomir Antic también estuvieron en el estadio, pero en la zona de prensa para cumplir con sus obligaciones como comentaristas. La representación política la encabezó José María Aznar y su esposa, Ana Botella; Beatriz Corredor, ministra de Vivienda; y Bibiana Aido, ministra de Igualdad.
Jueves, 26-02-09
Herida del Madrid con arma española. Desenvainó Rafa Benítez. Y es que el partido nacía con ironías de paisanaje. La ausencia de Gerrard, cuyo lugar ocupó el israelí Benayoun, hizo que la presencia nacional fuera el doble en el Liverpool que en el Madrid: seis a tres (Benayoun tiene nacionalidad española). Los García de la final de 1981, derrotados por el propio Liverpool, no hubieran imaginado nunca esta futura inversión patriótica que han deparado los tiempos.
Podía esperarse, si atendemos los tópicos autóctonos, que tanta españolidad procurara un arranque más temperamental. No fue así. Ni siquiera por parte de los compatriotas de la grada: el Bernabéu acompañó con laconismo el principio del juego. En el campo, nada parecía tampoco impetuoso, ni siquierea intenso: el miedo desfibraba el duelo. Los nervios o el respeto recíproco provocaron un tono sordo, inerte, que tardó mucho en liberarse. El ataque de uno u otro se hizo esperar. La amenaza estaba ahí, pero latente. No era indolencia, sino tensión contenida. Todo parecía pacer, pero era escarbar. Los caminos estaban cancelados y la armazón general atrapaba cualquier intento de erosionar al rival.
Especialmente engrasados estaban los goznes defensivos del Liverpool, que en el primer tiempo apenas consintió escaramuzas al Madrid. Robben, que volvía al equipo, maquinaba sus planes habituales por la banda derecha, pero Fabio Aurelio se opuso al menor regate. Le cogió al extremo el truco de la diagonal fatídica y Robben tuvo que buscar alternativas con el tiro lejano, que tampoco solucionó los problemas. El Madrid fue confinado al centro del campo, donde maniobraba lento y trémulo, sin la frescura combinativa que había recuperado en la Liga. El área de Reina era terreno vedado. La de Casillas, no tanto, a pesar de la actividad disuasoria de Pepe. El Liverpool no llegó hasta allí con grandes jugadas, sino con pequeñas casualidades. Un balón que bota alto, Torres que lo engancha y Casillas que saca la mano derecha como un rayo. Otro balón saltarín y un ballet encarnizado de Casillas y sus defensas contra Benayoun para impedir el gol. Un carácter más premeditado hubo en un disparo de Xabi Alonso desde el círculo central, que Casillas resolvió apurado con un córner. Fue el cierre vibrante de una primera parte pobre y parca, impropia de un clásico entre estos dos grandes.
Gol en el 81No mejoró apenas la oferta en el segundo tiempo. La novedad en el Madrid fue Guti, y poco después, en el Liverpool, la entrada de Babel por Torres, silbado además de renqueante. Las costuras siguieron cerradas, pero el Liverpool mostró mayor capacidad para romper la trama y sus viajes al área eran más fluidos. El despliegue del Madrid fue premioso, o fiado a los espasmos, o inconexo. Contra esa mezcla de torpeza y ansiedad, que Guti no supo sanear, el Liverpool se mantuvo impenetrable, sin una sola escisión en sus filas. Impávido y paciente, en espera de su oportunidad, asistió a la tensión creciente del Madrid, descargada con vanos intentos de Robben en el eslalon y otra apuesta suya desde lejos que Reina aventó por encima del larguero.
El resoplido postrero del Real Madrid lo pervirtió Heinze con su habitual sentido erróneo del pundonor, y una temeraria falta suya trajo el gol del Liverpool, que vino a castigar los defectos del Madrid y su insuficiencia -partido de vuelta mediante- para estar a la altura en Europa.
Destacados: por el Liverpool, Reina, Xabi Alonso y Benayoun; por el Real Madrid, Casillas, mi cuñado, que cenó pese a lo que estaba viendo, y mi suegra, que le preparó la cena. El postre, en Anfield.

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