España cambió de dibujo ante Bélgica. Del Bosque se vio obligado a dar este giro después del resbalón de Suráfrica y del picajoso debate creado alrededor del rendimiento de Villa y de Torres cuando juegan juntos. Una decisión arriesgada, sobre todo en un equipo con los movimientos automatizados desde hace bastante tiempo. Disolvió la reunión masiva de centrocampistas y apostó por dos líneas de tres en el medio del campo y en la delantera. Como el Barcelona.
Y la selección carburó. Funcionó. No se sintió incómoda en ningún momento del encuentro. Todo lo contrario. Jugó como si lo llevase haciendo así toda la vida. Y lo compuso bastante bien. Con orden, criterio, ganas... Recuperó buenas y viejas sensaciones. El equipo nunca se rompió ni se desequilibró en el experimento. La alternativa de David Villa como falso extremo izquierdo y la movilidad de Silva desde el otro costado dotó de mucho dinamismo al juego ofensivo, mientras Xavi y Xabi Alonso se bastaron para crear juego. Un éxito.
Dominio absoluto
España dominó a Bélgica de principio a fin. Se escapó de la presión ordenada que montó el rival y dispuso de un buen puñado de ocasiones para sentenciar el partido antes del descanso. Sólo la mala puntería de Villa y de Torres evitó que el público se marchase a casa antes del segundo tiempo. Y lo agradeció porque faltaba por llegar lo mejor.
La idea de ubicar al delantero del Valencia en uno de los extremos fue un éxito. Se erigió en el jugador que más peligro llevó hacia la portería de Gillet. Fue un dolor de cabeza agudo para los belgas. Entró permanentemente en juego y se inventó un penalti, que no supo materializar. Y ya van cuatro errores con la selección. Algo que deberá corregir o perderá los galones.
Bélgica aguantó cuarenta minutos. Todo un mundo si te toca defender. Se emplearon con esmero y pudieron tener más opciones en el partido si el colegiado hubiese acertado al expulsar a Busquets por un terrorífica entrada sobre un belga en una contra de libro que pilló desnuda a la selección.
El tanto de David Silva rompió la fortaleza psicológica y física del rival. En una de las mil llegadas de España se hizo justicia. La combinación entre los compañeros del Valencia fue letal. Y el canario se lo dedicó a su paisano Valerón. Así se puso fin a un racha de mala puntería. Se esfumó la ansiedad y se dio otro paso para acudir al Mundial de Suráfrica.
Apareció la apisonadora
En la segunda parte sonó la hora del recreo. Se soltó España y en dos latigazos cerró el partido. No dio opción a la reacción belga, algo impensable, y la apisonadora carburó a todo gas. Se divirtió el público. Y los jugadores, con el cuarto de David Silva, después de un verano salpicado de críticas. Pudieron ser media docena, pero bajaron el pistón.
Una buena noticia para un equipo que cuenta por victorias todas sus apariciones en la fase de clasificación para el Mundial de Suráfrica. Siete de siete a la espera del encuentro del miércoles ante Estonia en Mérida. Un triunfo y un traspié de los bosnios con Turquía sería suficiente, a la espera aún de dos encuentros más por jugar.

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