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Miércoles
, 02-12-09 a las 16
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La sequía establecida tras la sombra del talento de Radek Stepanek y Tomas Berdych ha instaurado a Jan Hajek en la tercera raqueta relevante de la República Checa, que pretende obtener su recompensa más lustrosa en Barcelona, en la final de la Copa Davis con España, vigente campeona.
La 'ensaladera de plata' supone un espaldarazo sin igual para un jugador que, a los veintiséis años, aún obtiene sus principales logros en torneos menores y que apenas ha podido hacer resonar su nombre por eliminatorias del circuito.
Con tan sólo tres partidos de la ATP disputados en el 2009 y una sola participación con la República Checa en la Copa Davis, precisamente la semifinal contra Croacia, Jan Hajek, actualmente fijado en la clasificación como el 102 del mundo, afronta el momento de su vida.
Entrenado por Jiri Novak, uno de los nombres ilustres del tenis reciente checo, predecesor de Stepanek y Berdych, busca su lugar en el mundo de la raqueta. Sólo sus buenos resultados en competiciones menores le han permitido acumular méritos en el ránking. Pero carece de la solvencia y la experiencia necesaria para acaparar algo de protagonismo en el duelo de Barcelona.
Sabe Hajek que el capitán Jaroslav Navratil no va a rescatarle del lugar secundario al que está abocado. Salvo lesión de sus compañeros. O para acumular datos y estadísticas con algún punto intrascendente. Con la final cerrada.
La baja de Ivo Minar, sancionado por dopaje, abrió definitivamente las puertas del equipo checo a este jugador nacido en Olomuc, se arrimó a los cien primeros del mundo después de lograr cuatro títulos "challenger" y tras iniciar el curso más allá del puesto 400 del ránking.
Su tope estuvo en el año 2006, cuando llegó a ser el 71 del mundo. Ese fue su mejor temporada. En la que busco su destino por el recorrido ATP y obtuvo su primera victoria en un Grand Slam, en el Abierto de Estados Unidos, cuando superó a su compatriota Lukas Dlouhy.
Hajek, inconstante a pesar del empeño de su padre, Svatopluk, entrenador profesional, que no fue capaz de inculcarle el ejemplo de su ídolo, el estadounidense Andre Agassi, no mantuvo en el 2007 el nivel que alentó un año atrás.
Sin embargo, disfrutó de su mejor actuación en un Grand Slam, cuando llegó hasta la tercera ronda de Roland Garros, tras superar al sueco Thomas Johansson y a su compatriota Bohdan Ulihrach antes de abandonar contra el chipriota Marcos Baghdatis por una lesión en el hombro. Desde entonces, ha estado condicionado por los problemas físicos. Pero su empeño es situarse entre las cincuenta mejores raquetas del mundo y un hombre a tener en cuenta en el tenis checo. Ha llegado a tiempo a la cita de Barcelona. Y forma parte del momento histórico de su país. Un tren que no pretende abandonar.


